The Objective
Santi González

El PSOE es puro ‘hardboiled’

«La reclamación de la presunción de inocencia para los afines se transforma en radical presunción de culpabilidad para los adversarios»

Opinión
El PSOE es puro ‘hardboiled’

Ilustración generada mediante IA.

Hace años leí un interesante ensayo de Raymond Chandler, El simple arte de matar, en el que reivindicaba la novela detectivesca llamada hardboiled, que encarnaba como nadie Dashiell Hammett, y denostaba la literatura policiaca ligera planteada como un enigma, cuya principal figura sería Agatha Christie. Años después, el gran Billy Wilder rescataría su memoria con el argumento de que proporcionaba muy buenas tramas para sus películas, y lo demostró con una obra maestra que fue Testigo de cargo.

Hammett y el mismo Chandler no escribían tanto sobre crímenes y detectives como sobre la corrupción del espíritu humano: «Hammett sacó el crimen del jarrón veneciano y lo depositó en el callejón». O sea, que se lo devuelve a la gente con motivos reales para matar y no para proporcionar una trama a algunos novelistas, y pone como ejemplo Asesinato en el Orient Express, en la que no cabe individualizar al asesino, puesto que todos eran testigos de lo que hacían los demás. O sea, que lo cometieron todos juntos, dando cada uno una puñalada a la víctima. «Solo un idiota podría adivinarlo», dice razonablemente Chandler.

Oscar López: «Los que creemos en la inocencia de Zapatero no tenemos que demostrar nada, lo tienen que demostrar quienes le acusan. Esto funciona así, todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario».

Pedro Sánchez, Patxi López y otros portavoces, Torró y Mínguez, varios ministros y, en general, cuantos socialistas han expresado su opinión han invocado la presunción de inocencia que ampara al expresidente del Gobierno. También Felipe González la ha citado, aunque mucho más matizadamente que el resto de los citados, alabando, por ejemplo, la instrucción garantista del juez Calama, que llegó a desautorizar a la UDEF para registrar la vivienda de Zapatero.

La presunción de inocencia es un principio del derecho penal. Eso quiere decir que a un Rodríguez Zapatero, por poner un ejemplo, no se le podrá imponer una pena de prisión hasta que los indicios recogidos por el juez durante la instrucción del sumario se conviertan en pruebas al criterio de los jueces durante la vista del juicio oral. Lo que no quiere decir en modo alguno es que la citada presunción sea un impedimento para que cualquier ciudadano, a la vista de las informaciones que le proporcionan los medios de comunicación, no pueda hacerse una legítima composición de lugar sobre la culpabilidad o inocencia del imputado/procesado y la exprese urbi et orbi. Un suponer, este mismo que firma la columna cree, en vista de lo visto, de las demostradas relaciones de Zapatero con la dictadura chavista de Venezuela, las alianzas non sanctas con China, sus relaciones con su testaferro, las 103 joyas halladas en una caja fuerte de su despacho y su presión para que la empresa de sus hijas, Whathefav S.L., empezara a recibir elevadas sumas de dinero de Análisis Relevante, la empresa de Julito Martínez, por actividades sumamente improbables, como maquetar informes, algunos de ellos orales; cree de buena fe que este hombre es culpable, así como sus hijas. De su mujer aún no tengo una idea clara, o sea, que esperaré a conocer más indicios. Pero no hay presunción de inocencia que me obligue a callar mi fundada presunción de culpabilidad de José Luis, Laura y Alba, amparada en el derecho fundamental de toda sociedad a recibir información veraz y en tiempo real de acontecimientos que le afectan y son de su interés.

Es evidente que una característica de la política española es la reclamación de la presunción de inocencia para los afines que se transforma en radical presunción de culpabilidad para los adversarios. No tengo espacio para detallar las innumerables ocasiones en que se ha vulnerado la inocencia de Alberto González Amador, el novio de Ayuso, imputándole la condición de delincuente confeso Sánchez y varios de sus ministros con una apoyatura tan insuficiente como el intento de llegar a un acuerdo con Hacienda.

En sentido contrario, la inocencia de los propios la reclaman para aquellos de los suyos que han sido condenados por el Tribunal Supremo, como el fiscal general del Estado y los socialistas condenados por el gigantesco fraude de los ERE, a la cabeza dos expresidentes del PSOE y de la Junta de Andalucía, que tras la intervención del portentoso restauravirgos Cándido Conde-Pumpido han vuelto a la inocencia virginal que se supone a todos los socialistas.

Es cierto que en la etapa sanchista aún no han llegado al asesinato. Antes sí, remember GAL, pero ellos salieron al callejón en plan hardboiled, como haría Hammett, perpetraron el crimen por lo que más les interesaba, que era el dinero, e incurriríamos en paráfrasis de la sentencia de Chandler sobre Zapatero y Sánchez: cualquier idiota podría adivinarlo.

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