The Objective
Sonia Sierra

Un hombre profundamente enamorado (de sí mismo)

«Me cuesta entender la pasividad de la oposición y de la gente decente del PSOE: un Gobierno con semejante sombra de sospechas no puede permanecer en el poder»

Opinión
Un hombre profundamente enamorado (de sí mismo)

Ilustración de Alejandra Svriz

Cuando leí Conexión Caracas-Moncloa de Álvaro Nieto, pensé que ahí había un buen guion para una película y esa misma sensación he tenido estos días mientras iban desplegándose los hechos ante nuestros ojos. Aunque tengo que decir que, esta vez, ha sido como ver una película de la que ya te han hecho spoiler, porque a cualquiera que haya leído durante estos años THE OBJECTIVE o cualquier otro medio de la prensa seria ya estaba bastante al tanto de los acontecimientos.

He de hacer aquí un pequeño inciso: «prensa seria» es lo que Pedro Sánchez llama «pseudomedios», de la misma manera que lo que él y la sincronizada califican de «bulos» son hechos veraces que molestan al Gobierno y que cuando estos aseguran que «están desmontando bulo», lo que están haciendo es, en realidad, mentir como bellacos, así como cuando hablan de «máquina del fango» se refieren a los casos de corrupción que pretenden tapar y cuando dicen «cloacas» es para ocultar que montaron una red de compra de favores y extorsiones para dinamitar la labor de la justicia.

Suena un poco lío, lo sé, pero solo hay que aplicar la lógica orwelliana de 1984: en dicha novela, los nombres de los ministerios sirven para señalar que hacen todo lo contrario; pues aquí, lo mismo. Esta neolengua se creó en aquellos cinco días posteriores a la imputación a Begoña Gómez cuando Pedro Sánchez decidió hacer novillos y, como si fuera un niño enrabietado, nos dijo a los españoles «ahora no os ajunto» y así, apretando muy fuerte los puñitos y con el ceño fruncido, se retiró a meditar si merecíamos que siguiera siendo nuestro presidente. O eso afirmó, porque en realidad se dedicó a poner en marcha una maquinaria cuasiestalinista para destrozar vidas, carreras y reputaciones de todo aquel que osara poner en riesgo lo que tanto les había costado conseguir: que la contable de una red de prostíbulos sin formación académica tuviera de repente una brillante trayectoria profesional.

Tras su supuesto retiro espiritual, puso de manifiesto su estrategia que, en honor a la verdad, era bastante clara si se aplicaba el diccionario sanchismo-español, por lo que ahora produce auténtico rubor ver a las pedrettes exclamar «qué escándalo, aquí se juega», un rubor que decía no sentir Pedro Sánchez en su epístola a los españoles al proclamar que era un hombre profundamente enamorado de su mujer.

Sin ser yo psicóloga ni psiquiatra, me da la sensación de que de quien está profundamente enamorado es de sí mismo y que dejar al descubierto las vergüenzas de su esposa le produce un gran daño, pero no tanto por amor hacia ella, sino porque se rompen las máscaras narcisistas con las que ambos se presentan en sociedad. Dichas máscaras narcisistas suponen crear una narrativa de carreras exitosas que no se corresponde con la realidad, algo aplicable a ellos y, por lo que parece, también al hermanísimo, para esconder así una realidad de la que se avergüenzan.

«Sus supuestas ilegalidades no eran tanto para lucrarse, como por narcisismo: necesitaba(n) aparentar»

Begoña Gómez era la hija de un proxeneta sobre cuya red de prostíbulo han caído condenas y escándalos de diferentes tipos. Cuando Pedro Sánchez se casó con ella, se fueron a vivir a un piso en Pozuelo de Alarcón pagado con el dinero de esos negocios y después de fallecer la madre de esta, se mudaron a otro en la misma localidad y también han disfrutado de un apartamento en Mojácar adquirido mediante la empresa familiar San Bernardo 36 SL. Aunque ambos me parecen personas bastante amorales, imagino que pensaban que esto no era una buena tarjeta de presentación, especialmente porque el PSOE abandera el abolicionismo de la prostitución, así que construyeron un relato en el que ella era una alta ejecutiva que, además, dirigía una cátedra universitaria. Como hemos visto, el asunto de la prostitución era muy rentable y Begoña Gómez ha tenido gracias a ello un buen nivel de vida, por lo que sus supuestas ilegalidades no eran tanto para lucrarse, como por narcisismo: necesitaba(n) aparentar.

Es evidente que, con todo lo que está saliendo, los chanchullos de la mujer del presidente son el chocolate del loro. No se trata de la corrupción a la que, desgraciadamente, estamos acostumbrados en este país, sino de una maraña de tramas, algunas de ellas internacionales, en las que se van a juzgar cosas tan nauseabundas como que el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero —que muchos consideran el auténtico presidente en la sombra— se lucrara con el dinero destinado a paliar el hambre al que el chavismo tenía sometido al pueblo venezolano. En este país existe, por supuesto, la presunción de inocencia, pero todos hemos podido oír audios o leer mensajes de WhatsApp que dejan en muy mal lugar a miembros del Gobierno y a la caterva de personajes estrafalarios como Leire Díez de los que se rodean. Y si quieren más pistas, lean Todos los hombres de Sánchez, de Ketty Garat, la valiente periodista cuyas investigaciones han acabado sentando en el banquillo a unos cuantos.

Es por este motivo que me cuesta entender la pasividad de la oposición y de las personas decentes que aún deben de quedar en el PSOE: un gobierno con semejante sombra de sospechas no puede permanecer ni un día más en el poder. Sin embargo, unos por no perder su sueldo; otros porque quieren acabar con España y para ello nada mejor que esta panda de corruptos; y otros por esperar que la presidencia les caiga como la fruta madura de un árbol —que vayan con ojo, a ver si al final van a ser ellos los que se acaban cayendo del guindo—, los ciudadanos asistimos perplejos a cómo una banda de golfos apandadores (le robo a Lucía Etxebarria esta definición) siguen a los mandos de este país y lo destrozan mientras presumen de sus grandes logros sociales. Necesitamos un cambio de gobierno ya y no puede ser que unos y otros sigan poniendo excusas del nivel «tengo que bañar a mi pez» para no hacer nada.

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