Bienvenidos a la 'patocracia'
«Estamos en manos de un presidente que llegó al poder gracias a un torrentiano equipo que se gastaba el dinero público en meretrices»

Ilustración generada mediante IA..
Pedro Sánchez parece haberse tomado al pie de la letra eso de «arriba, parias de la tierra» porque en eso nos ha convertido al alejar España de las democracias liberales para arrimar el ascua a la sardina de sus intereses personales. Como a él lo han sacado de todas las reuniones importantes, se ha montado una cumbre para poder salir en el centro de la foto, aunque sea rodeado de personajes de dudoso pelaje. Eso por no hablar de que unos días antes había actuado como portavoz de una dictadura tan atroz como la china, país en el que se encontraba de visita cuando, casualmente, daba comienzo el juicio contra su número dos.
Quiso la suerte que, mientras las Jésicas y las Claudias —es decir, esas mujeres que han estado enchufadas en empresas públicas y a las que generosamente les hemos pagado el sueldo sin que se tuvieran que molestar en ir a trabajar— desfilaban por los juzgados, estuviera yo, por motivos laborales, en Finlandia, por lo que la comparación me resultó muy dolorosa. Allí, la educación es gratuita —desde el transporte al material escolar— y un profesor de instituto cobra entre 3.000 y 5.000 euros, pese a que el precio de la vivienda es muchísimo más barato que aquí y la cesta de la compra, más o menos.
Para que se hagan una idea: en Helsinki puedes tener un precioso piso de 80 m² amueblado por menos de 200.000 euros. En Barcelona, por ese precio no te compras ni un trastero. Eso sí, mantenemos a una ristra interminable de asesores y puestos de confianza, cuando muchos de ellos no tienen más allá de la titulación primaria, como resulta evidente en casos como el de Koldo, y, por si fuera poco, regalamos millones de euros a países extranjeros para proyectos peregrinos, pero, eso sí, ecoresilientes y con perspectiva de género, como se ocupa de hacer público Pablo Cambronero.
Y quiso la casualidad también que justo estuviera leyendo el último libro de Lucía Etxebarria, que le presento mañana en Barcelona, que le pone nombre a todo esto: Patocracia. Pathos significa en griego, entre otras acepciones, «sufrimiento» y se entiende por «patocracia» un sistema de gobierno dominado por personalidades patológicas, como psicópatas o narcisistas, donde el poder se utiliza para el interés propio en detrimento del bien común. ¿Les suena?
Etxebarria vivió en carnes propias ese pathos a manos del Gobierno cuando, en un acto en supuesta defensa del colectivo LGTBI —la propia autora se ha manifestado siempre bisexual y fue de las primeras en plasmar en una novela a una protagonista abiertamente lesbiana—, simularon tirarle ladrillos mientras Irene Montero, entonces ministra de Igualdad, aplaudía el agravio entre risas. Esto fue el pistoletazo de salida para que esa violencia simbólica se convirtiera en real y acabara sufriendo cuatro agresiones físicas por la calle, además de noches sin dormir porque le marcaron el telefonillo de casa y lo tocaban a todas horas.
«El mayor asesino en serie de la historia de España está ahora mismo en una cárcel femenina porque se ha declarado mujer»
Por si todo esto fuera poco, tuvo que dejarse una fortuna en abogados por las denuncias que le pusieron, juicios que ha ido ganando uno a uno, pero que suponen un desgaste para cualquier persona y una ruina económica en un momento en el que, además, perdió todos sus trabajos. Esto ya es de por sí devastador, pero no se quedó ahí: acabó afectando también a su hija adolescente, lo que me parece el summum de la crueldad. ¿Y cuál fue la causa de semejante campaña que incluyó acusaciones de plagio a una de nuestras escritoras más premiadas?
Pues haber advertido, como después se demostró, que la llamada Ley Trans era un despropósito que no favorecía para nada a las personas transexuales y que era perjudicial, por un lado, para los adolescentes y, por otro, para las mujeres. Y para muestra de ello, un siniestro botón: el mayor asesino en serie de la historia de España está ahora mismo en una cárcel femenina porque se ha declarado mujer y le estamos pagando la terapia hormonal y las cirugías.
Lo que Etxebarria ha sufrido llevamos años viviéndolo en Cataluña: basta que te pongan una etiqueta (facha, anticatalán, tránsfoba) para que haya barra libre para atacarte. Huelga decir que ninguna de estas etiquetas suele corresponderse con la realidad, pero da igual: cualquier ataque o agresión, incluso física, se justifica como lucha «antifascista» aunque se trate, en realidad, de puro totalitarismo. Es por eso que la autora recalca una y otra vez que lo que hay detrás de todo es la idea del «divide y vencerás», que se consigue incidiendo en la polarización de cualquier tema, ya sea la okupación, el ecologismo o el feminismo.
Este último ejemplo es quizá el más claro, pues dicho movimiento estaba en pleno apogeo antes de la creación del Ministerio de Igualdad capitaneado por Irene Montero y, a partir de ese momento, se partió en dos: feminismo clásico y transfeminismo, en el que los partidarios del segundo —muchos son hombres— han acabado atacando inmisericordemente a las del primero, hasta el punto de que son ya varias las manifestaciones del 8-M en las que muchas mujeres han sido agredidas físicamente.
En España sufrimos una brutal inversión de los valores y no es de extrañar, pues estamos en manos de un presidente que ha vivido en un piso pagado con el dinero de la prostitución mientras afirmaba públicamente querer abolirla y que llegó al poder gracias a un torrentiano equipo que se gastaba el dinero público en meretrices. A partir de ahí, como en los ministerios de 1984, todo es al revés de lo que promulgan: la ley que debía proteger a las mujeres suelta a violadores; el escudo social hace los los propietarios no puedan echar a los inquilinos que no pagan; la ley de vivienda ha hecho que sea más difícil acceder a ella; aseguran que no van a pactar con independentistas y los convierten en socios principales y así, una larga lista que ha convertido a nuestro país en una patocracia.