Aldama, Sor Juana Inés y Redondo
«Según Redondo, a los españoles se nos ofrece la oportunidad única de completar el proyecto de Sánchez alumbrando la época más feliz de la historia de España»

Ilustración generada mediante IA.
Cualquiera que haya seguido las proclamas de acusados y testigos en el juicio de las mascarillas, un juicio en el que la opinión pública mascaba las ausencias, podría haber recordado una famosa estrofa, bien feminista, de Sor Juana Inés de la Cruz que proclamaba: «¿O cuál es más de culpar, / aunque cualquiera mal haga, / la que peca por la paga / o el que paga por pecar?», ya que, con la fiscal Peramato inmiscuyéndose en el trance, lo que realmente se discutía es la mayor culpabilidad entre los distintos agentes.
En el caso de las pobres mujeres sometidas que analiza Sor Juana, «hombres que en las mujeres acusan lo que causan», el dinero viene de Aldama, por así decir, pero en el caso de Aldama, la pasta de verdad está en la parte del Gobierno. Son los que tienen el poder de gastar los presupuestos públicos, incluso cuando no existen, los que pueden permitir que los Aldama de turno, y son legión, puedan arrancar un tramo extra e injustificable del gasto del que acaban sacando, por cierto, las suculentas propinas que se llevan los proxenetas del caso, con frecuencia puteros ellos mismos, como acabamos de ver. Cuando Aldama afirma que pagaba de su bolsillo tanto gasto extraño nunca conviene perder de vista que esa faltriquera se llenaba con dinero que debiera ser, y era, de todos nosotros.
Así es, pero bastaría una negativa directa del mandamás para que ningún Aldama pudiese probar bocado de la fruta prohibida para el resto de los mortales, la gente decente y pobre que vive de sus salarios. La fiscal Peramato se deja llevar de una pasión vergonzosa cuando se niega a aliviar la carga penal de los Aldama porque lo que está haciendo es contravenir la doctrina común en las izquierdas que equiparaba castigo judicial con venganza y trataba de humanizar y aliviar la carga del delincuente, pero, además, en este caso, porque trataba de confundir a los oyentes sobre quién es el mayor responsable de toda esta infausta serie de estafas y escalos practicados por los guardianes del presupuesto.
Incluso cabría calificar a Peramato de torpe, porque su intromisión en este asunto ha servido para volver a dibujar la presencia de Sánchez cuando el escurridizo presidente del Gobierno había logrado quedar casi del todo apartado, incluso con la expresa mención de Luzón, lo que vuelve a poner de manifiesto la notable maña del inquilino de la Moncloa para salir de trances complejos.
Con la ayuda concertada de algunos de los ministros que le sirven de corro y el minucioso trabajo de centenares de asesores, Pedro Sánchez se las arregla para tejer y destejer unas aventuras en las que, como una especie de correcaminos de la política en versión de la Warner, siempre va muy por delante del esforzado pero torpe Coyote. El truco consiste en tener siempre listo un nuevo episodio y echarlo a rodar antes de que el anterior decaiga.
«En las ficciones, para que el líder indiscutible e indiscutido se luzca a fondo, suele haber una imaginación brillante»
A veces ayudan las circunstancias, que se cocinan a fondo, como en el caso del hantavirus holandés acogido con heroica ejemplaridad en las islas Canarias, o el recentísimo calentón de don Florentino —ya se sabe que el fútbol es mucho más que un deporte—, pero la mayoría de las historias surgen de la incesante inventiva de la casa. En esas ficciones, para que el líder indiscutible e indiscutido se luzca a fondo, suele haber una imaginación brillante, como en el caso del modesto Peugeot que en realidad era un ostentoso Mercedes, como ha desvelado Ketty Garat.
Ahora mismo estamos asistiendo al despliegue de una pretenciosa narrativa en la que el gran enredador que ha sido y sigue siendo Iván Redondo publica un libro que ofrece un alambicado escenario histórico-profético para que Sánchez pueda tener a punto una planilla de prestigio sobre la que ir protagonizando los nuevos episodios de su magnánimo proceder. Se trata de una especie de auto sacramental en el que todo es revelador a la par que misterioso, como la propia vida del autor —que no se sabe si fue despedido de la Moncloa, lo más probable, o abandonó el cargo por su propia conveniencia, que es lo que él dice—, en el que se ofrecen oportunidades de lucimiento y salvación a cualquiera que quiera tenerlas, como al propio rey don Felipe, al que se le brinda la oportunidad de tener una Constitución propia, como la de su padre, dice Redondo… y la monarquía inglesa sin enterarse del remedio.
Según Redondo, permítaseme el resumen libre, a los españoles se nos ofrece la oportunidad única de completar el ambicioso proyecto de Sánchez, alumbrando una época muy distinta y más feliz de la historia de España en la que los aparentes yerros de Sánchez se convertirían en logros admirables, la fragmentación en una unidad de nuevo tipo pero más sólida, la polarización en fraternidad consciente de las diferencias pero amable, el nacionalismo separatista en el mejor garante del progreso común, todo ello en un gran matraz de creatividad y mejoramiento capaz de dejar al mundo tan boquiabierto como, según el propio Sánchez, se han quedado todos con la ejemplar y eficacísima gestión de un altísimo riesgo vírico que no hemos tenido el menor temor en afrontar a pecho descubierto para nuestra universal gloria.
Algo debe tener Sánchez que le salen apologetas hasta entre sus descartados, de manera que no echemos en saco roto la posibilidad de que en cualquier momento Ábalos se arranque con otro libro explicando cómo siempre sintió que la generosidad de Sánchez, aún exento de cualquier responsabilidad, siempre le asistió con su solidaridad y comprensión y que todo lo que ha podido parecer chapuza, trinque, desenfreno, puterío y exceso mediterráneo era una manera de poner de manifiesto la pulcra, eficaz y transparente gestión del mejor líder de la historia de España.
Los españoles somos gente envidiosa y solo nuestra mediocridad moral ha podido adivinar afanes condenables en la solicitud de la Complutense para dar cátedra a la señora de Sánchez, o en la generosidad de esa conocida empresa educativa que se apresuró a alquilar edificios mal explotados para sacar de apuros a la SEPI, ni siquiera fue necesario que doña Begoña se lo sugiriese, como tampoco hemos sido capaces de apreciar la inteligente anticipación con la que se rescató una compañía venezolana de aviación para facilitar el tránsito a la democracia en Caracas sin cometer los abusos y las torpezas de Trump ni transigir con las exigencias resentidas de Corina Machado, que es amiga de Feijóo y, por tanto, como es obvio, de los narcos gallegos. Y así sucesivamente.