ZP, el gran blanqueador
«La justicia dictaminará sobre los delitos de los que se le acusa, pero para muchos demócratas Zapatero ya ha quedado como el gran blanqueador de las dictaduras»

Imagen creada con inteligencia artificial.
Conmocionada se ha quedado media España y, sobre todo, buena parte del socialismo al conocer la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero. El alma y esencia del PSOE, que supuestamente encarnaba todos los ideales nobles de la izquierda solidaria, feminista, sostenible y hasta renovable del partido; el hombre que inspiraba la Alianza de Civilizaciones y la conservación del planeta Tierra; el que presuntamente levantó el ánimo de los socialistas en las últimas elecciones generales del 23, ese hombre ha sido imputado por presuntos delitos de tráfico de influencias y blanqueo de capitales por el caso Plus Ultra.
Otra cosa no, pero Zapatero lleva años ejerciendo y demostrando que es un gran blanqueador. La justicia determinará si es culpable o no de los delitos de los que se le acusa. Son graves. Muy graves. Un expresidente al que se acusa de ser líder de una red de tráfico de influencias que presuntamente cobró cerca de dos millones de euros en comisiones ilegales. Tendrá que determinar la justicia cuánto hay de cierto en esas acusaciones de organización criminal que, entre otras cosas, también se dedicaba al blanqueo de capitales.
Hasta que llegue ese momento, lo que nadie podrá negar es que Zapatero, al menos desde que dejó de ser presidente, se ha dedicado a blanquear cuestiones más inmorales que las meramente monetarias. Años lleva el imputado Zapatero blanqueando con absoluta indecencia su compleja e inquietante amistad con la dictadura de Maduro. Siempre vendió que sus numerosos viajes a Caracas, donde era recibido con los máximos honores por los dictadores, eran para mediar en las negociaciones con la oposición democrática. Cuando quedó claro que más que mediador era el ariete de Maduro que destrozaba cualquier atisbo de acuerdo y avance democrático, Zapatero decidió blanquearse a sí mismo con supuestos fines humanitarios que en realidad ocultaban otros más egoístas.
De mediador, ZP pasó a autocalificarse liberador. Sus viajes, charlas y risas con Maduro, Delcy y el resto de la banda chavista los enmascaraba diciendo que estaba liberando presos políticos. Más allá de alguna excepción, Zapatero nunca liberó a nadie por sí solo. Se apuntaba las medallas de liberaciones conseguidas por la presión de otros países u organizaciones humanitarias, como si fueran obra suya. El que alardeaba de liberar presos políticos negaba luego que en el chavismo existieran presos políticos. Solo hace falta hablar con los familiares de los presos para entender el odio que le tienen muchos a ZP.
Zapatero, el imputado, ha callado y blanqueado los asesinatos de opositores en las calles venezolanas y ha blanqueado, sin excepción, los pucherazos electorales celebrados en Venezuela. Nunca condenó la existencia de más de 2.000 presos políticos, ni la falta de libertades democráticas o la pobreza del 90% de la población del país más rico del mundo. Nunca. Y cuando la realidad era imposible de disimular, como el arrollador triunfo electoral de María Corina Machado y Edmundo González, calló. Silencio sepulcral. Nunca condenó el golpe. Al contrario, intentó por todos los medios blanquear al régimen de Maduro. Él fue quien convenció al brasileño Lula y al colombiano Petro de que no condenaran el golpe de Maduro.
Cuando Trump decidió atacar Venezuela, ZP intentó salvar sus muebles —pronto sabremos cuáles eran— blanqueando a la vicepresidenta de la dictadura, su amiga Delcy Rodríguez. Ninguno de los dos se cuestiona moralmente nada, ni siquiera el sacrificio de Nicolás Maduro. El objetivo de ZP era blanquear a su amiga Delcy para seguir siendo el gran amigo e interlocutor. No lo hizo para reclamar la vuelta de la democracia o de las libertades. Lo hizo para mantener su chiringuito, del que poco a poco se van conociendo cosas.
Ahora sabemos, gracias a la UDEF y al auto judicial, que más allá de los pagos de Plus Ultra por supuestas consultorías, había otros negocios más importantes. Lo que, de momento, empieza a conocerse —y así lo indica el auto judicial— es que cualquiera que intentara comprar petróleo venezolano, sujeto al bloqueo comercial de Estados Unidos, tenía que hablar y pasar por las manos de ZP.
¿Por qué? ¿A cambio de qué? Son preguntas todavía sin respuesta. Pronto se sabrá más y las noticias seguramente llegarán desde EEUU, país al que ha vuelto a ser deportado Alex Saab, el cerebro de las redes de corrupción y lavado de dinero con el propio Chávez y posteriormente con Maduro. Saab sabe mucho. De todo el chavismo y de los amigos del chavismo. Y en las investigaciones estadounidenses de las tramas financieras ya apareció el nombre de Plus Ultra como una herramienta utilizada para blanquear dinero procedente de las redes más corruptas. Justamente ese fue el motivo inicial de la investigación de la Fiscalía Anticorrupción al responder a la ayuda solicitada por las fiscalías de Francia y Suiza.
Zapatero siempre ha sido hábil blanqueando a determinados personajes y regímenes. Es uno de los grandes amigos del rey Mohamed VI de Marruecos. Muchos interrogantes han despertado en los últimos años los innumerables viajes de ZP al país vecino. Tan cómodo se siente en Marruecos como cuando va a Venezuela o China.
No deja de ser curioso el entusiasmo de Zapatero a la hora de elogiar a Sánchez por el giro de la tradicional política española y su entrega del Sáhara a Mohamed VI a cambio de nada. Fue, junto a Moratinos, el único socialista que aplaudió el regalo. ZP siempre intentó blanquear esta sumisión a Marruecos y venderla como un éxito de Sánchez.
Qué decir del blanqueo de China por parte de Zapatero. Hasta un lobby ha llegado a organizar. Un lobby que ha llevado a Sánchez a viajar hasta cuatro veces en los últimos años al gigante asiático, rompiendo e ignorando la unanimidad de la UE en sus medidas de freno a las empresas tecnológicas chinas. Zapatero ha conseguido que el Gobierno español se salte restricciones europeas y estadounidenses en cuestiones de ciberseguridad y que nuestro país se convierta en el caballo de Troya de Pekín en Europa. Ahora un auto judicial relaciona las compras de petróleo venezolano con China a través de la gestión de Zapatero.
Zapatero ha blanqueado fuera y también dentro de España. Si recordamos la campaña del 23, fue el gran blanqueador de Pedro Sánchez. A cambio, sabemos que consiguió sus frutos con algunas decisiones extrañas del Consejo de Ministros. También intentó, tras el escándalo de Santos Cerdán, el blanqueo de Puigdemont. Suerte que su gestión duró poco. Es conocido el caos que provocó en su día con el Estatuto de Cataluña y todo lo que pasó después.
El 2 de junio, Zapatero declara ante el juez de la Audiencia Nacional. Resulta extraño que, más allá de ese vídeo casero en el jardín de su casa, Zapatero no haya comparecido en rueda de prensa para dar explicaciones sobre los nuevos hechos y acusaciones conocidas. Un auto tan riguroso y detallado que hasta los amigos de ZP ya entienden que solo el propio Zapatero puede explicar y desmentir. No es fácil, pero más allá de los trompeteros entusiastas habituales, solo Zapatero puede ahora blanquear a Zapatero. La justicia dictaminará sobre los delitos de los que se le acusa, pero para muchos demócratas, ZP ya ha quedado como el gran blanqueador de las dictaduras.