Salvar a la Guardia Civil
«No parece muy preocupado Grande-Marlaska por este crecimiento del narco, tanto en su extensión por toda Andalucía como en su peligrosidad»

Ilustración generada con IA.
No hay en nuestro país una institución tan querida por los españoles como la Guardia Civil. En estas décadas de democracia, el cuerpo armado ha demostrado todos y cada uno de sus valores en las acciones y situaciones más variadas. Valores universales independientes de tendencias políticas que han demostrado una clara permanencia en el tiempo. La Benemérita es apreciada y querida por toda la sociedad española.
No tanto por sus máximos responsables políticos. Fernando Grande-Marlaska tiene una perversa obsesión por la Guardia Civil, a la que siempre niega, maltrata, exige o castiga. El mismo que se deshace en sumisos gestos con otros extraños personajes como, por ejemplo, esos presos etarras a los que trasladó con inusitada eficacia y secretismo a prisiones en el País Vasco para que el gobierno del PNV y el entusiasmo de la consejera socialista vasca, María Jesús San José, haciendo honor a su nombre, montaran un belén. Esas flexibilizaciones penitenciarias totalmente injustificadas que han permitido la vuelta a la calle con permisos temporales y rebajas de grado a asesinos etarras con decenas de años de condena todavía por cumplir. Nadie debe olvidar que detrás de toda esta farsa a la justicia hay un vergonzoso pacto de Pedro Sánchez con el PNV y Bildu, por un puñado de votos en el Congreso.
Grande-Marlaska también ha sido eficaz en otra cuestión: el maltrato altanero, persistente y extensivo a todo lo que tenga que ver con la Guardia Civil. Siempre evitando su recibimiento salarial o la modernización de medios y recursos o simplemente los inexplicables cambios en la política de lucha contra el narcotráfico en el Estrecho.
Dos nuevos héroes de la Benemérita han muerto esta semana en su quijotesca lucha contra el narcotráfico. Germán P.J. y el capitán Jerónimo J.M., ambos con amplia experiencia en el Servicio Marítimo, fallecieron cuando dos patrulleras chocaron entre sí en una persecución a una lancha de narcos a 80 millas de la costa de Huelva.
Hace poco más de dos años, otros dos héroes de la Guardia Civil, los agentes Miguel Ángel González y David Pérez Carracedo, murieron durante una actuación contra varias narcolanchas en el puerto gaditano de Barbate. La anticuada e indefensa zodiac de la Guardia Civil fue embestida hasta en seis ocasiones por la moderna y poderosa lancha de Karim El Baqqali, un conocido narcotraficante natural de Tetuán, que huyó y se escondió en Marruecos durante meses. Al final fue entregado y pronto será juzgado. La fiscalía pide para él 42 años de cárcel, pero será el único de los detenidos juzgado por esas muertes.
Cuando ocurrieron los hechos de Barbate, quedó de manifiesto que nuestra Guardia Civil, y también el resto de nuestras fuerzas de seguridad, trabajan sin medios ni material ni recursos con los que puedan al menos competir en cierta igualdad con los medios que usan los narcos. Incluso tienen limitado al máximo el uso de su armamento aunque estén en situaciones de extrema gravedad.
Nada se ha avanzado en estos años. Al contrario, los agentes de la Guardia Civil mantienen una cada vez más desigual lucha contra el crimen organizado, y por cierto, muy bien organizado y relacionado con Marruecos. Todo se le aguanta y concede al país «amigo» de muchos de los miembros de este gobierno, siempre sumiso con los desprecios, ataques, presiones, exigencias y retos de la monarquía alauita.
Cuatro guardias civiles muertos y casi una decena heridos en los últimos dos años. Y Grande-Marlaska sigue sin reaccionar. Bajo su ministerio, el narco en el Campo de Gibraltar no ha dejado de crecer. Es más, se ha extendido a otras zonas de Andalucía como Huelva. La osadía y confianza en su impunidad han hecho también que los narcos conviertan el río Guadalquivir en una autopista fluvial de la droga que llega ya directamente a Sevilla. El resto de la costa andaluza no está mejor. Clanes de distintas organizaciones criminales y nacionalidades se reparten el litoral andaluz. Cada vez son más peligrosos y osados. Capaces de embestir con sus narcolanchas y también de vigilar y amenazar a mandos policiales y a jueces.
«Hace poco más de dos años, otros dos héroes de la Guardia Civil, los agentes Miguel Ángel González y David Pérez Carracedo, murieron durante una actuación contra varias narcolanchas en el puerto gaditano de Barbate»
La impotencia y soledad de nuestros agentes es total. No tienen una recompensa especial por la peligrosidad del esfuerzo. Por eso es comprensible que hasta el 40% de los destinados en el Estrecho hayan pedido su traslado a otras zonas de España. Las grandes ayudas de Marlaska en los últimos años en modernización de vehículos, drones, cámaras térmicas, visores nocturnos, quads, todoterrenos y otros materiales policiales no han sido para los cuerpos y fuerzas de seguridad españoles.
Las ayudas de Marlaska han sido para Marruecos. El Gobierno español ha destinado más dinero a reforzar la policía marroquí que la española. El estupor se ha convertido en indignación. Un ejemplo: en los últimos seis años, España entregó a Marruecos 188 sistemas de cámaras térmicas y visores nocturnos. Mientras tanto, Marlaska destinaba solo 37 unidades del mismo tipo de material para todas las unidades de la Policía Nacional y de la Guardia Civil destinadas en el sur de España.
Marlaska nos debe todavía una explicación verídica a los españoles del porqué decidió dinamitar en 2022 el OCON Sur. Aquel Órgano de Coordinación contra el Narcotráfico en Andalucía era una unidad de élite formada por unos 150 agentes de la Guardia Civil en comisión de servicio, disponibles 24/7. Durante su funcionamiento se consiguió frenar e incluso reducir el narcotráfico. Su mayor éxito fue la desarticulación del clan de Los Castañas, considerados los mayores traficantes de hachís de toda Europa. OCON Sur en su corta vida decomisó más de un millón de kilos de hachís y de treinta y cinco mil de cocaína. Tanto éxito no gustó y provocó falsos rumores y denuncias para desestabilizar a sus mandos. Lo paradójico y sorprendente es que estos ataques al OCON consiguieron su objetivo. Con el giro diplomático de Pedro Sánchez con Mohamed VI de Marruecos regalándole el Sáhara, Marlaska decidió disolver la más eficiente estructura de la Guardia Civil contra el narco marroquí. 150 agentes especializados que no eran de Andalucía regresaron a sus comandancias y dejaron de luchar contra el narco del Campo de Gibraltar.
El ministro camufló esa decisión como si fuera una reestructuración a la que acompañó con el llamado Plan Especial de Seguridad del Campo de Gibraltar, un intento de enfoque integral complementado con la cooperación internacional. Los resultados no han sido buenos y pocos años después el narco parece incontrolable y sin freno en toda Andalucía.
No parece muy preocupado Grande-Marlaska por este crecimiento del narco, tanto en su extensión por toda Andalucía como en su peligrosidad. Ni con esas es capaz de reconocerles a sus guardias civiles algún plus de peligrosidad. Por lo menos el que cobran muchas profesiones de riesgo en España. Parece que para el distante y exquisito ministro ni la Guardia Civil, ni tampoco la también sufrida Policía Nacional, son profesiones tan peligrosas como la de los miembros de la Ertzaintza, los Mossos o de muchos policías municipales de España.
Marlaska maltrata a los suyos. En especial a la Guardia Civil. Sabe que ellos siempre tienen el deber por encima de todo. Siempre primarán en ellos esos valores que recoge el Código de Conducta. Se trata de la actualización de la histórica Cartilla del Guardia Civil redactada en la época fundacional del Duque de Ahumada. Sus valores permanecen: honor, integridad, lealtad, valor, sentido de la justicia, imparcialidad y neutralidad, responsabilidad, dignidad y espíritu de sacrificio.
Impecables son los valores de la Guardia Civil e impecable ha sido su cumplimiento en el trabajo y dedicación diaria de la gran mayoría de sus miembros. De la lucha antiterrorista al salvamento en montañas; del control del tráfico al rescate en desastres naturales; de su lucha contra el narcotráfico a sus misiones internacionales. Y sobre todo, su independencia, rigor y valentía en las investigaciones judiciales de la UCO. La UCO es la gran salvadora de la esperanza de que se puede luchar contra la corrupción en un Estado de Derecho.
Nada tranquiliza más a los españoles que la presencia de una casa cuartel de la Guardia Civil. Saben que allí siempre encontrarán la ayuda y protección necesarias Esa virtud militar esencial que va siempre acompañada de un inmenso espíritu de servicio. Lo saben todos los españoles. Menos su ministro. Hay que salvar a la Guardia Civil. Hay que reconocerles, no solo con palabras, sus sacrificios y trabajos. Mucho blablablá, pero siguen abandonados por su máximo responsable y por su propio Gobierno. Por cierto, aprovecho para confirmar la existencia de una directora general de la Guardia Civil. Se llama Mercedes González Fernández. De profesión, socialista. No está desaparecida. Algún día hablará o hará algo.
Y siendo justos con Grande-Marlaska, hay que reconocer que no es el único ministro que maltrata a los suyos. Solo tienen que ver la relación de los jueces con Félix Bolaños, o la de los médicos con Mónica García, o la de los embajadores con Albares. Va en el estilo de este gobierno donde Pedro Sánchez alardea de maltratar a todos los españoles que no estén en su lado del muro. Lo bueno: que la UCO y la Guardia Civil no discriminan en qué lado del muro esté uno.