La autofagia del Estado
«Estamos ante una autofagia pervertida desde Ferraz que consideraba que las investigaciones policiales y judiciales contra la corrupción eran las dañinas»

Imagen creada con inteligencia artificial.
La degradación y descomposición en los últimos años de las estructuras democráticas que cimientan el Estado de derecho es de una gravedad extrema. La vulneración sistemática de los procedimientos democráticos, la abstracción de mandatos constitucionales o el ninguneo despreciativo de las más elementales medidas de equilibrio entre los tres poderes del Estado son hechos gravísimos en cualquier democracia.
Una situación que era, y es, gravísima y que ha quedado escondida por la oleada de escándalos de corrupción con Ábalos, Koldo o Cerdán y demás tropa. Hasta Zapatero se sumaba a esta grosera lista. Parecía el máximo nivel de descomposición. Pero no lo era. En esto llegó Leire.
Leire Díez, la gran vedette del caso Cloacas del PSOE. La que empezó como una estrafalaria periodista que no publicaba y que estaba encantada de salir en todas las televisiones ha acabado siendo la sólida memoria negra de las cloacas socialistas.
Una investigación judicial sobre la presunta trama de obtención de información reservada, tráfico de influencias y actuaciones destinadas a influir en procedimientos judiciales relacionados con el PSOE, el Gobierno y especialmente con personas del entorno del presidente Pedro Sánchez.
Una investigación dirigida, bajo un riguroso secretismo, por el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz y desarrollada por la UCO, la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil. Y una instrucción en la que Leire Díez, la fontanera del PSOE, no estaba sola. Al contrario. Era el brazo armado de una trama que, según el auto, estaba dirigida por el también imputado y, por entonces, secretario de Organización, Santos Cerdán.
Y en las sombras aparecen otros nombres muy cercanos a Pedro Sánchez. Quizás el más significativo es su amigo Juanma Serrano, que fue jefe de gabinete de Pedro Sánchez en el PSOE, posteriormente jefe de gabinete en La Moncloa y luego expresidente de Correos. Serrano contrató a Leire Díez en Correos en lo que podría haber sido una presunta fuente de financiación irregular para la trama de cloacas.
Y la espoleta que puede convertir este caso en el más explosivo y que apunta directamente al PSOE de Pedro Sánchez ha sido la imputación de la actual gerente del partido, Ana Fuentes.
La gravedad del caso supera a los más graves vividos nunca en nuestra democracia. Ni siquiera la operación Kitchen, en la que ahora, más de diez años después de los hechos, se juzga a mandos de la Policía Nacional y del Ministerio del Interior del Gobierno de Rajoy por el presunto espionaje al extesorero del PP Luis Bárcenas para apoderarse de documentos y grabaciones comprometedoras sobre la financiación irregular del PP.
En el caso de las cloacas del PSOE, la fontanera y su equipo dirigían sus presiones contra jueces, fiscales y guardias civiles, entre otros. Tres pilares del Estado de derecho eran investigados para poder limitar o terminar con sus actuaciones judiciales o policiales contra personas del entorno del presidente Sánchez.
El Estado contra el Estado. La putrefacción de esta actividad ha provocado una autofagia del Estado. Pero, en realidad, estamos ante una autofagia pervertida. En biología, la autofagia es un proceso celular completamente normal y vital en el que las células «se comen» sus propios componentes dañados o innecesarios para reciclarse y mantener sano el cuerpo.
Sin embargo, del sumario del juez Pedraz se desprende que lo que estamos viviendo no es ese proceso normal y vital. Estamos ante una autofagia pervertida desde Ferraz que consideraba que las investigaciones policiales y judiciales contra la corrupción eran las dañinas y, por tanto, había que desactivarlas de la forma que fuera y como fuera.
Todo valía. Incluidos métodos mafiosos en la búsqueda de información comprometida para chantajes.
Ahora sabemos por el sumario que es esa misma UCO de la Guardia Civil que actuaba como policía judicial la que ha tenido que investigar a altos mandos de la propia Guardia Civil. Autofagia pervertida. No es el único caso. Lo mismo ocurre con la petición de la Fiscalía Anticorrupción para que se investigue a la propia Fiscalía General del Estado por las reuniones de Leire en su sede.
Esta autofagia pervertida no es la que busca eliminar las células dañinas para reciclarse o mantenerse sano. Es todo lo contrario. Es la que, como presuntamente diseñaron Cerdán y Leire, busca atacar a aquellas partes sanas que combaten la corrupción para que esas células corrompidas sigan intactas e impunes, aunque deterioren la salud de todo el cuerpo.
Es difícil explicar cómo siguen pasando los días, las semanas y los meses sin que nada cambie en el Gobierno. No puede gobernar por falta de mayorías; no tiene ni Presupuestos. Su parálisis asusta y también apesta. Cada día es mayor el olor de la descomposición de nuestra democracia. Y no va a parar.
Pronto sabremos más de Zapatero, de sus joyas y de sus comisiones. No olvidemos el caso Hidrocarburos ni las mordidas en obras públicas. No tardará en abrirse de nuevo el caso sobre el rescate de Air Europa. Hasta la presidenta socialista Cristina Narbona ha sido llamada a declarar como testigo por el juez Pedraz.
Todo rodea al PSOE de Pedro Sánchez y al Gobierno de Pedro Sánchez. Pero nadie dimite. Balbucean y mienten, como el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, pero no dimite. En su ignominia, ni siquiera cesa a esa vergüenza de directora general de la Guardia Civil que sigue oculta sin dar la cara por sus mentiras. Hasta tres veces se reunió con la fontanera, aunque ella dijera que no.
Tampoco en la Fiscalía General del Estado parecen dispuestos a dar explicaciones sobre qué, quién, cuándo, dónde y cómo es posible que una simple fontanera fuera capaz de entrar en la Fiscalía como Pedro por su casa. O Leire no era una simple militante o, efectivamente, la Fiscalía era la casa de Pedro. O las dos cosas.
Cuando un Estado, para defenderse, tiene que investigar a otras partes de ese propio Estado porque intentan entorpecer las acciones judiciales y policiales, es que ese Estado está en descomposición. No tienen miedo a la ley y se consideran con poder absoluto.
Cada vez es mayor el número de políticos directamente relacionados con Ferraz y con La Moncloa implicados en escándalos de todo tipo.
Sánchez sigue diciendo sin sonrojarse, y es lo único que ya sabe decir, que él no sabía nada. No sabía nada de nada. Es probable que no quiera saber tampoco quién es ese P.S. que aparece en la agenda de Leire en varias ocasiones.
Necesitamos que se llegue hasta el final en todos los casos, pero en especial en este caso de las cloacas porque nunca España en democracia ha olido peor que ahora. Y eso lo sabe hasta P.S., sea quien sea.