Los asuntos viejos de Rufus T. Sánchez
«El ‘caso Kitchen’ no duró más de año y medio, mientras que Rufus T. Sánchez lleva ocho años en los que sus secuaces empezaron a robar desde la moción de censura»

Ilustración generada mediante IA.
El Gobierno de Sánchez parece seguir los pasos del que presidía Rufus T. Firefly en Sopa de ganso. En un consejo de ministros, el titular de Hacienda proponía hablar de los aranceles. «Ese es un asunto nuevo», le advertía Groucho. «¿No tenemos asuntos viejos? Hablemos entonces de los nuevos». «Pues los aranceles…», decía el ministro. «Lo siento, pero ese es ya un asunto viejo», sentenciaba aquel predecesor de Pedro Sánchez.
Este es un juego al que recurren a menudo el yerno de Sabiniano y los suyos. Cualquier referencia de la oposición al terrorismo de ETA, que tiene hoy en su brazo político a un firme aliado del Gobierno, es contestada inmediatamente con el argumento de que ese es ya un asunto viejo: ETA anunció su retirada en octubre de 2011. Os vamos a proponer nosotros un asunto nuevo: la lucha contra el franquismo.
Esa misma estrategia ha sido puesta en marcha por Rufus T. Sánchez y los suyos cada vez que han tenido ocasión. Alguna vez he sostenido que una especialidad en la que sobresale esta tropa es la costumbre de pasar varias veces al cobro la misma factura, sin reparar en que ese sí que es un asunto viejo, ignorando a veces que esa factura no debería estar a nombre de la oposición; pongamos que hablo del 11-M.
La última manifestación de esta rara habilidad es, por ahora, la equiparación de las corrupciones del PSOE con las del PP, que tienen dos expresiones judiciales en todo lo que cerca cada vez más al entorno familiar, partidario y de Gobierno de Pedro T. Firefly en el Tribunal Supremo y el caso Kitchen del PP, que también ha empezado a verse en la Audiencia Nacional. El sanchismo que podríamos llamar ‘moderado’, si es que ambos conceptos no constituyeran un ejemplo casi obsceno de oxímoron, equipara ambos asuntos, aunque los más cafeteros de la peña sostienen que es mucho más grave lo de Kitchen, dónde va usted a comparar. Un fulano del que he escrito en días pasados, Chema Guijarro, autor y propagador de algunos de los bulos más sobresalientes de la propaganda gubernamental: los dos DNIs del juez Peinado, la bomba lapa que la UCO quería ponerle a Sánchez, su condena en la Audiencia Provincial de Jaén por haber vulnerado el honor de las víctimas del terrorismo al escribir falsamente que Francisco J. Alcaraz cobraba 6.000 euros mensuales por presidir la Asociación de Víctimas del Terrorismo y su mujer otros 3.000.
Pues este espejo de periodistas, fichado por RTVE, imagino que por los méritos que acabo de señalar, ha venido a descubrirnos que de iguales, nada. Es mucho peor lo de la Kitchen, que es, en opinión del susodicho «el caso más grande de corrupción de la democracia, que le ha salido gratis a un PP que mantiene su modus operandi contra el progresismo», y se plantea el hombre su gran duda metódica: si la Kitchen no sigue viva. A ver, esta versión laica y progresista de San Francisco de Sales soslaya en su análisis algunos hechos que debería haber tenido en cuenta: ¿la Kitchen más grande que el desfalco de los EREs en Andalucía, que el latrocinio catalán de Pujol, aquel patriota que construyó una nación con el objetivo fundamental de esquilmarla? Y si la gravedad no la mide en términos cuantitativos, ¿más grave que la creación de un grupo terrorista para combatir el terrorismo convencional con sus mismas armas? ¿Más que el secuestro y los asesinatos, acompañados en el orden práctico de las cosas por el saqueo de los fondos reservados?
Manuel Cerdán publicaba el otro día en estas páginas una comparación entre el caso Kitchen y lo de Sánchez, con una docena de diferencias clamorosas, de las que solo destacaré una muy principal que tiene que ver con la tesis de esta columna: el caso Kitchen se remonta a los años 13 y 14 de este siglo, no duró más de año y medio, mientras que Rufus T. Sánchez lleva ocho años en los que sus secuaces empezaron a robar desde la aprobación de la moción de censura. Ninguno de los acusados de la Kitchen ocupa en la actualidad cargo público y el candidato popular estaba en la Xunta de Galicia, a 700 kilómetros de los hechos.
No solo pasan dos veces al cobro la misma factura. Es que el Partido Popular ya la había pagado en la moción de censura. De la única manera que se pagan las responsabilidades políticas, con la pérdida del poder, aunque la sentencia en la que se apoyó nuestro Firefly fuera trucha. El encargado de cobrar esta cuenta, justicia poética, fue un Savonarola llamado José Luis Ábalos Meco, que llamó a la regeneración en su discurso del 31 de mayo de 2018 en el Congreso: «Basta a la corrupción, basta al deterioro institucional, basta a la resignación».