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Ramón y Cajal, nobel de medicina, lo dijo a sus 68 años: «La felicidad está en el día a día y en el esfuerzo que nos lleva a tener éxito en la vida»

El científico defendía que la dicha radica en la curiosidad y la disciplina, además de en la capacidad de disfrutar de la vida

Ramón y Cajal, nobel de medicina, lo dijo a sus 68 años: «La felicidad está en el día a día y en el esfuerzo que nos lleva a tener éxito en la vida»

Ramón y Cajal | RTVE

Santiago Ramón y Cajal no solo revolucionó la medicina al convertirse en el padre de la neurociencia moderna, sino que también dejó valiosas lecciones sobre la felicidad que siguen circulando por internet. El Premio Nobel español dedicó buena parte de su vida a reflexionar sobre el bienestar, el esfuerzo y la voluntad; aspectos directamente relacionados, según el científico, con la dicha.

Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro

Muchas de las frases que hoy circulan en redes sociales sobre disciplina, optimismo o salud mental están sacadas de sus escritos. Una de las más repetidas es: «La felicidad no está en el término del viaje, sino en el viaje mismo; no reside en el triunfo, sino en el esfuerzo que nos conduce a él». O dicho de otra manera: «La felicidad está en el día a día y en el esfuerzo que nos lleva a tener éxito en la vida».

Aunque esta cita se atribuye constantemente a Ramón y Cajal, en realidad no aparece escrita exactamente así en sus libros. Se trata de una síntesis moderna inspirada en las ideas que reflejó en Charlas de café (1920), una obra en la que el científico recopiló pensamientos personales, anécdotas y reflexiones sobre el sentido de la vida.

El éxito no garantiza la felicidad; el esfuerzo, sí

Cuando Ramón y Cajal escribió Charlas de café tenía 68 años. Ya había ganado el Premio Nobel de Medicina, había alcanzado prestigio internacional y estaba considerado uno de los científicos más importantes del mundo. Y a pesar de este éxito, insistía en que la verdadera felicidad estaba en el trabajo diario y en la pasión por aprender.

Se dice que la gloria es el sol de los muertos; pero la verdad es que la gloria es el sol de los vivos que saben trabajar

En uno de sus aforismos escribió: «El placer de la investigación es el único que, después de satisfecho, no deja tras de sí la tristeza del deseo extinguido». El científico defendía que las metas, los premios o la fama terminan perdiendo brillo, mientras que el entusiasmo por descubrir y crear puede mantenerse toda la vida.

También dejó otra reflexión muy reveladora: «Se dice que la gloria es el sol de los muertos; pero la verdad es que la gloria es el sol de los vivos que saben trabajar». Para él, la felicidad no estaba ligada al reconocimiento externo, sino a la sensación de aprender y de sentirse útil.

La voluntad y el optimismo, para Ramón y Cajal, son la gran fuerza del ser humano

La voluntad aparece en toda la obra de Ramón y Cajal, quien creía que las personas podían transformar su vida a través de la disciplina, el esfuerzo y los hábitos. «Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro», escribió. Aquí el científico pretendía explicar que el cerebro no es algo fijo, sino una estructura capaz de cambiar con la experiencia y el aprendizaje.

Es necesario ser optimista, no porque las cosas vayan bien, sino porque el pesimismo es una enfermedad que corroe el alma y paraliza el brazo

De hecho, décadas antes de que la neurociencia popularizara el concepto de plasticidad cerebral, él ya intuía que nuestra manera de pensar podía moldearse.

En Reglas y consejos sobre investigación científica, publicado en 1897, defendía además la importancia del entusiasmo para alcanzar la felicidad: «Es necesario ser optimista, no porque las cosas vayan bien, sino porque el pesimismo es una enfermedad que corroe el alma y paraliza el brazo». Ramón y Cajal se refería a la actitud práctica que hemos de tener frente a la vida. Para él, dejarse arrastrar por el pesimismo impedía actuar, crear y avanzar.

Trabajar también es una forma de cuidar la mente

Ramón y Cajal consideraba que el trabajo intelectual era necesario para alcanzar la felicidad. El científico insistía en que el esfuerzo mantiene la mente sana y nos aleja, en cierta manera, de las penas o los pensamientos negativos.

Se ha dicho que el trabajo es un castigo; nosotros decimos que es un honor, y más que un honor, una necesidad de la higiene del espíritu y un manantial de alegrías inefables

«Se ha dicho que el trabajo es un castigo; nosotros decimos que es un honor, y más que un honor, una necesidad de la higiene del espíritu y un manantial de alegrías inefables», escribió. Para él, una vida plenamente feliz no es aquella basada en el ocio absoluto, sino la que encuentra propósito en lo que hace. A todo ello hay que sumar la gestión y el dominio de las emociones, algo que el pensador consideraba esencial: «La paz del espíritu no se encuentra en la ausencia de dificultades, sino en el dominio de la voluntad sobre los impulsos del instinto». Es decir, no podemos cambiar o controlar lo que nos sucede, pero sí cómo reaccionamos ante ello.

Naturaleza, vida sencilla y soledad

Aunque dedicó gran parte de su vida a la ciencia, Ramón y Cajal también defendía la importancia del descanso y de desconectar de vez en cuando. A él, de hecho, le apasionaban los paseos, el aire libre, la fotografía y la naturaleza.

En El mundo visto a los ochenta años escribió: «El aire libre, el sol, el ejercicio y la moderación en todo son los mejores amigos de la alegría y los más eficaces enemigos de la hipocondría». Además, recomendaba lo que él llamaba «la cura de sueño y de silencio». Creía que el exceso de contacto social y las conversaciones triviales agotaban la energía mental e impedían la creatividad. Para pensar con claridad, decía, es necesario reservar espacios de soledad y calma.

Más de cien años después, las reflexiones sobre la felicidad de Santiago Ramón y Cajal siguen llamando la atención. Especialmente sus afirmaciones sobre que el éxito o el reconocimiento social no garantizan el bienestar; sí lo hace, en cambio, la manera en la que vivimos, aprendemos y avanzamos cada día.

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