Elsa Gómez (61), psicóloga:«El enamoramiento es un sentimiento, mientras que el amor es aceptar la totalidad del otro, se construye todos los días»
Este enfoque implica reconocer al otro en su realidad y seguir eligiendo la relación sin garantías de su evolución

Elsa Gómez | Instagram
Elsa Gómez indaga y propone una perspectiva diferente y propia del amor que se aleja del relato romántico tradicional y se adentra en una visión más psicológica y realista de los vínculos afectivos en una charla para Aprendemos Juntos BBVA . Su planteamiento, cada vez más presente en el debate contemporáneo sobre relaciones, distingue con claridad entre el enamoramiento como estado emocional pasajero y el amor como una construcción consciente que se sostiene en el tiempo.
La diferencia clave entre enamorarse y amar
El enamoramiento, según explica la psicóloga, es un estado inicial marcado por una intensa activación emocional. Se trata de un proceso en el que intervienen mecanismos neurobiológicos que generan euforia, atracción y una tendencia a idealizar a la otra persona.
Diversos estudios en psicología afectiva han descrito esta fase como un fenómeno vinculado al sistema de recompensa del cerebro, donde predominan la dopamina y otras sustancias relacionadas con el placer y la motivación. En esta línea destacan las investigaciones de Helen Fisher, especialmente sus estudios con resonancia magnética funcional en personas enamoradas, donde identificó una activación significativa del sistema dopaminérgico en regiones como el área tegmental ventral y el núcleo caudado, asociadas a la recompensa y la motivación.
En esta etapa, la percepción del otro suele estar filtrada por una especie de lente emocional que amplifica lo positivo y minimiza lo negativo. Esa construcción, aunque intensa, no refleja todavía la complejidad real del vínculo, sino una proyección cargada de expectativa.
Frente a esta primera fase, Gómez plantea que el amor, en cambio, no es un impulso, sino una elección sostenida. Y es que amar implica decidir de forma consciente mantenerse en un vínculo más allá de la intensidad inicial, lo que exige un compromiso activo.
Desde esta visión más realista y coherente, el amor no se limita a sentir, sino que se practica. Se construye en lo cotidiano, en la capacidad de sostener la relación incluso cuando desaparece la idealización inicial. Es un proceso dinámico que requiere atención, comunicación y disposición a conocer al otro en su totalidad. La psicóloga subraya que esta construcción no elimina el deseo ni la emoción, pero sí los integra dentro de una relación más estable y sensato.
Vulnerabilidad y exposición emocional
Uno de los elementos centrales de su reflexión, y que no todo el mundo esta preparado, es la idea de mostrar vulnerabilidad. Amar implica exponerse, permitir que el otro acceda a dimensiones personales que no siempre resultan cómodas. Esto incluye aspectos como inseguridades, miedos, deseos o contradicciones internas.
A la vez, supone asumir el mismo ejercicio hacia la otra persona, verla sin idealizaciones, con sus fortalezas y también con sus límites. En este sentido, el amor se entiende como un reconocimiento mutuo de la totalidad del otro, sin fragmentaciones. Este nivel de exposición emocional es lo que convierte el vínculo en un espacio de intimidad profunda, pero también en un terreno de incertidumbre.
Límites, convivencia y realismo en el vínculo
Aunque la psicóloga insiste en la apertura emocional, también advierte que el amor no implica ausencia de límites y de tolerar todo. Cada persona establece marcos propios o filtros, como queramos llamarlo, que no deben ser negociados en exceso, ya que forman parte de la identidad individual de cada uno dentro de la relación.
Ese mismo equilibrio entre apertura y límites resulta clave para evitar dinámicas de dependencia o desgaste emocional. En este punto, la visión de Gómez coincide con enfoques actuales de la psicología relacional, que destacan la importancia de mantener la autonomía dentro del vínculo afectivo.
En esta misma línea coincide la psicóloga Silvia Congost, que ha subrayado en numerosas ocasiones la necesidad de construir relaciones basadas en el amor sano, sin dependencia emocional y con un fuerte respeto por la individualidad de cada persona, ya que sino te puedes quedar atrapada en lugares donde ya ni si quiera tu te reconoces. Por lo que ambas perspectivas convergen en una misma idea, el amor no es fusión absoluta, sino convivencia entre dos individualidades que se reconocen, se respetan y conservan su espacio propio dentro del vínculo.
Un vínculo sin garantías
Otro aspecto fundamental de su planteamiento es la ausencia de certezas. Amar implica asumir que no existen garantías de permanencia. La relación puede evolucionar, transformarse o terminar, lo que introduce un componente inevitable de riesgo emocional. Gómez señala que esta incertidumbre forma parte esencial del amor, ya que vincularse supone aceptar la posibilidad de pérdida. Esta dimensión no se presenta como un elemento negativo, sino como una condición inherente a cualquier relación auténtica.
Una mirada más madura sobre el amor
La propuesta de Elsa Gómez invita a replantear la forma en la que se entienden los vínculos afectivos en la actualidad. Frente a la idealización del enamoramiento, introduce una visión más madura del amor, basada en la elección, la aceptación y la construcción diaria. En un contexto social donde las relaciones se ven atravesadas por la inmediatez y la búsqueda de gratificación rápida, esta lectura devuelve el foco a la complejidad del vínculo humano. Amar, desde esta perspectiva, no es solo sentir, sino sostener, reconocer y elegir incluso en la incertidumbre.
