El que pueda nadar… que nade
«El melifluo cierre de filas socialista para salvar al soldado Zapatero apunta a una rápida desvinculación en cuanto vaya sustanciándose el caso…»

Ilustración de Alejandra Svriz.
El melifluo cierre de filas socialista para salvar al soldado Zapatero apunta a una rápida desvinculación en cuanto vaya sustanciándose el caso…

Por fin se han traducido judicialmente las sospechas acerca de Zapatero, el amigo de las dictaduras, en una —de momento— de las varias tramas que gravitaban en torno al Partido Socialista y al Gobierno de Sánchez.
El auto del juez de la Audiencia Nacional Calama es prolijo y presagia un sumario extenso y cuajado de informaciones, muchas de las cuales confluirán en las demás investigaciones en curso. El día 2 de junio declarará el expresidente; es decir, negará o, en el mejor de los casos, callará. Son los otros imputados los que pueden desencallar el asunto si deciden seguir la doctrina Aldama con la Fiscalía.
No se entiende, sin embargo, que el juez desoyera a la Policía y a la Fiscalía y no registrase el domicilio del expresidente ni se incautase de sus dispositivos electrónicos. El argumento de que las pruebas habrían probablemente sido destruidas roza lo cómico, pues sí se registraron oficinas y se requisaron móviles. Pase que, en aras de una neutralidad institucional y de la separación de poderes, el juez esperase al día siguiente de las elecciones andaluzas —ver más abajo el análisis de Manu Mostaza—, pero Zapatero es un justiciable como otro, sin foro ni fuero. Que sea expresidente no es un privilegio, sino, en este caso, un agravante que perjudica a la imagen del país, un intangible que pesa más en el zoco económico y político internacional de lo que muchos creen. El melifluo cierre de filas socialista para salvar al soldado Zapatero apunta a una rápida desvinculación en cuanto vaya sustanciándose el caso.
Las hijas, dueñas de una modesta empresa de marketing digital —What the Fav, que merecía llamarse What the fuck—, presumibles beneficiarias de la trama y potencialmente imputables, añaden un elemento tragicómico al asunto, al estar estigmatizadas socialmente desde su visita a la Casa Blanca de los Obama y una foto que jamás debió filtrarse, ni siquiera producirse, por aquello de la estética —gótica— y la ética. Nadie es responsable de los actos de sus progenitores, y todo apunta a que su implicación es fruto más de una mala concepción de lo que es darlo todo por los hijos que de una iniciativa dolosa por parte de ellas. Ah, de momento Bono calla. Y Raúl Morodo se acuerda de su mujer e hijo, que salieron muy bien parados.
El PSOE, sonado por el escándalo, vive de nuevo horas bajas en «la larga agonía de los peces fuera del agua» que cantaba Serrat. Las bocanadas las da el partido, mientras el mesiánico Sánchez se empeña en repetir el ‘yo sigo’ de Joe Rigoli/Felipito Tacatún, que arrastrará al partido, ya a la deriva, a «su persona» y a todos cuantos, de lejos o de cerca, hayan sido cooperadores necesarios del peor presidente de la democracia, Zapatero mediante.
Coda 1) Campeador. Como en el mito de la batalla ganada después de muerto del Cid, Francisco Camps ha regresado a la primera línea política, dispuesto a presentarse como doble candidato a dirigir el partido y a optar a la Generalitat en el próximo congreso del PP en la región —¿en septiembre?—, bajo el lema de «Mayoría absoluta. Lo hicimos, lo haremos» —cuenta ya con 400 compromisarios; aquí la información en TO—, y todo ello después de que su carrera quedase truncada por una atroz cacería mediático-judicial —diseccionada por Arcadi Espada en uno de sus mejores trabajos; aquí el libro—. Nadie en España ha resucitado políticamente, pero cualquier dumasiano sabe que la mejor venganza se sirve fría y Camps obtuvo lo que muy pocos: tres mayorías absolutas —2003, 2007 y 2011—; eran tiempos en los que Vox y Cs no tenían representación parlamentaria en la Comunidad, y él se perfilaba como un posible sucesor de Rajoy antes de que se hablase de Feijóo. Por mucho que ambicione hoy volver a la Generalitat, más curtido en lo personal y con nuevas ideas de regeneración, el proyecto de Camps solo puede —y debería— ser nacional a largo plazo.
Vox puede, por lo tanto, temblar, pero mucho más el socialismo valenciano y nacional, abocado a la irrelevancia. Si Génova ve en él un obstáculo en lo que es su mejor oportunidad, cometería, parafraseando a Talleyrand, no solo una injusticia, sino algo peor en política: un error.
Coda 2) La claque de Merkel. La excanciller, conocida como Mutti —la mamita de Alemania—, recibió hace pocos días en Estrasburgo la Orden Europea al Mérito. Esto no agradó a los extremos de la Cámara, que se la tienen jurada sin fecha de prescripción y que, en señal de protesta, no asistieron a la ceremonia; algunos diputados ausentes hasta hicieron correr el bulo de que se había contratado a una claque para aplaudir a la galardonada. Merkel barrió mucho para Alemania, más de lo deseable, pero nadie le puede negar haber sido una europeísta a carta cabal. Pero hay algo que marcó su mandato: la decisión de suspender el Reglamento de Dublín y abrir las fronteras durante la crisis migratoria de 2015, permitiendo la llegada y el registro de más de un millón de solicitantes de asilo, principalmente sirios y afganos. Su histórica frase «Wir schaffen das» —«Lo lograremos» o «Podemos hacerlo»— marcó el inicio de una profunda transformación social y muchos consideran que dio impulso a los movimientos de extrema derecha, como Alternativa por Alemania, hoy un partido con gran protagonismo en el escenario germano. A pesar de sus seis o siete millones de musulmanes —la mitad de origen turco, un 20% de Oriente Próximo y otro 20% de la antigua Yugoslavia—, no parece que Alemania sufra —aparte de algún mordisco de lobo solitario— la falta de integración de esa comunidad, como ocurre en Bélgica, Reino Unido o Francia. Y es que muchas veces no es la cantidad, sino la calidad.
Coda 3) Cuba sin Castro. La imputación por parte de EEUU al pequeño de los Castro es otra de las pruebas de fuego de un trumpismo más errático que nunca. En Venezuela, tras amenazar con derribar al tirano, se ha acoquinado y parece querer forjar con los esbirros de Maduro un acuerdo de largo alcance que impediría la transición a la democracia a hombros de María Corina Machado. En Irán no ha logrado que caiga el régimen, a pesar de haberlo puesto contra las cuerdas y de tener la supremacía militar. En Ucrania parece haber tirado la toalla… a los morros de los europeos, que bien harían en rearmarse y afrontar esa amenaza rusa en su flanco oriental como un asunto propio. Con China, Trump abona una dulce guerra fría que supondrá un aval para la atroz dictadura. Si la libertad llega a Cuba, será, con suerte, un efecto colateral, pero más probable parece una entente a la venezolana.
Coda 4) Exsandinista académico. Ha habido cierta polémica por el nombramiento —en candidatura única, lo cual garantiza la elección— del premio Cervantes Sergio Ramírez para el sillón vacante de Vargas Llosa. Probablemente, que sustituya a Llosa tenga que ver con la indignación de sectores de la derecha del exilio nicaragüense y de diversos grupos opositores, así como con la campaña de rechazo que cuestiona su idoneidad moral y política para ingresar en la RAE. Se centraron en la responsabilidad política: sus críticos señalaron su pasado como vicepresidente de Nicaragua durante el primer gobierno sandinista en los años ochenta y exigieron que se juzgara su responsabilidad histórica en dicho periodo, soslayando su sólido compromiso democrático actual y su oposición a la dictadura y a los abusos cometidos por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua.
El propio autor y sus defensores subrayaron su acendrada labor denunciando a una «tiranía enemiga de la palabra» que persigue el periodismo y prohíbe libros. Cabe recordar que Ramírez fue despojado de su nacionalidad tras ser perseguido políticamente por el Gobierno de Nicaragua, que llegó a cerrarle la Academia Nicaragüense de la Lengua y a privarlo de su ciudadanía. Así que el ingreso en la RAE se ve también, aparte de por su incuestionada calidad literaria, como un acto de justicia y solidaridad. Los académicos resaltaron la dignidad con la que vive su exilio forzado, interpretando su nombramiento como una forma de dignificar y proteger a los intelectuales desterrados. Ramírez tendrá ocasión de probar ante sus detractores su idoneidad ética cuando le toque retratar a Vargas Llosa, tal como estipula el reglamento, en su discurso de ingreso.
Coda 5) Creadores de contenidos. Arcadi Espada, míster Bright —ay, las tabletas, que no han evolucionado como deberían—, ha dado en el NYT —aquí— con una polémica sobre un concurso literario y un relato premiado que pudiera haber sido compuesto total o parcialmente, con ayuda más o menos amplia, por una IA. El galardonado lo niega, y vaya usted a saber. Es una lástima, porque, de lo contrario, sería un caso perfecto para leer en las tripas de dicho relato y en los prompts cómo ha actuado el robot.
Sin embargo, la cuestión del cuento premiado y la sospecha de IA dicen menos sobre la literatura que sobre la superstición contemporánea del autor. La noticia ha provocado el habitual temblor gremial: el miedo a que una máquina haya conseguido escribir un relato «aceptable». Obsérvese el adjetivo. Nadie teme todavía que la IA pueda escribir una segunda parte de La montaña mágica. El espanto empieza mucho antes: basta con que produzca una prosa indistinguible de la medianía literaria contemporánea. Y ahí, en efecto, ya estamos.
Naturalmente, ignoramos el grado de intervención de la IA en el texto concreto. Conviene evitar el histerismo porcentual: 20%, 50%, 80%. Nadie sabe medir eso en este caso y, además, quizá carezca de interés. Supongamos incluso —hipótesis que considero improbable en este caso— que el relato hubiera sido construido mayoritariamente mediante prompts. ¿Qué demostraría? ¿Que desaparece la autoría? No necesariamente. El escritor tradicional también trabaja a partir de impulsos, órdenes interiores y asociaciones instantáneas. Un prompt no deja de ser una externalización rudimentaria del mecanismo mental. La diferencia entre el novelista y el usuario de Claude quizá sea menos metafísica de lo que el gremio supone y más una cuestión de velocidad de procesamiento.
Aparece entonces el viejo y tedioso dilema: si se escribe lo que se piensa o si el pensamiento nace durante la escritura. Falso problema. Hace tiempo que sabemos que la conciencia no funciona como una oficina ministerial donde primero se redacta un informe mental y luego se pasa a limpio. Pensar es ya editar, improvisar, corregir, tachar. La escritura siempre fue una prótesis cognitiva. La IA simplemente añade otra prótesis al cadáver más o menos exquisito.
Lo razonable es admitir que la IA mejorará rápidamente hasta engañar no solo al lector común, sino también al especialista. Ocurrirá en literatura, música, pintura y cualquier disciplina artística. Una coreografía diseñada por IA a partir de frisos griegos puede perfectamente superar la imaginación rutinaria de muchos coreógrafos contemporáneos, cuya principal audacia consiste hoy en hacer que dos bailarines se revuelquen lentamente sobre un escenario desnudo.
El problema serio no es estético, sino moral y jurídico. La irrupción de la IA destruye una vieja vanidad romántica: la idea de que el artista posee el monopolio de la creación. No lo tenía antes y menos lo tendrá ahora. Quedan, desde luego, cuestiones prácticas: propiedad intelectual, plagio, derechos derivados de obras híbridas y dominio público. El derecho llega siempre tarde a las revoluciones técnicas y esta vez ni siquiera ha empezado a llegar.
En lo personal, nunca he entendido la obscenidad de los derechos de autor post mortem extendidos durante 70 u 80 años. ¿Por qué habría de beneficiarse un sobrino nieto que jamás conoció al autor? 25 años bastarían sobradamente. Después, la obra debe ingresar en el dominio público, que es el único paraíso civilizado de la cultura. Y si las obras creadas con IA merecen protección, esta debería limitarse estrictamente a la vida del coautor humano. No vamos a transferir regalías a Claude ni a convertir a ChatGPT en heredero universal.
En realidad, el arte es aquí lo menos importante. Siempre lo fue, aunque los artistas se resistan a admitirlo. Si la guerra acabará librándose con robots, también las bellas artes serán cada vez más robóticas, y no ocurrirá absolutamente nada dramático. Seguirá habiendo acuarelistas de domingo y compositores que acaricien el piano como quien conserva un rito religioso. Del mismo modo que aún existen fabricantes de plumas estilográficas o aficionados al vinilo.
Estamos, una vez más, ante la vieja guerra entre luditas y tecnófilos. Suelen ganar los segundos, aunque el trayecto esté lleno de meandros, nostalgias y pequeños sabotajes sentimentales. Lo decisivo vendrá después y no tendrá relación con un cuento premiado. La clonación, la prolongación artificial de la vida, la manipulación de la conciencia y el desciframiento de sus mecanismos: ahí empieza verdaderamente el siglo. Y también la cuestión política esencial. No quién escribirá novelas, sino quién controlará esas tecnologías: las democracias liberales o las autocracias chinescas.
Cuestionario con Mostaza
Una semana más platicamos con Manu Mostaza Barrios, politólogo y experto en demoscopia, sobre asuntos de actualidad y otras buenas hierbas.
PREGUNTA.- Han pasado las elecciones andaluzas… ¿Qué tal se portaron las encuestas?
RESPUESTA.- Muy bien, como siempre. Las grandes tendencias —que el PP iba a ser la fuerza más votada con claridad, el descalabro del PSOE, el estancamiento de Vox…— las captaron todas. A partir de ahí, pedir que los decimales encajen al milímetro o que los últimos escaños de cada provincia se asignen con rotundidad es no entender bien cómo funciona la demoscopia…
P.- Pero las encuestas a las 20.00 del mismo día —y estuvieron en todas las televisiones durante hora y media— daban todas mayoría absolutísima, mejorando escaños respecto a las anteriores, con una horquilla de 56 a 59 escaños para el PP… que se quedó en 53. ¿Por qué las encuestas del mismo día erraron tanto?
R.- No son encuestas hechas el mismo día. Las encuestas a pie de urna, «israelitas», son muy caras de hacer y lo que se hace en realidad es afinar los trackings de los últimos días, pero no son encuestas realizadas el domingo. Esto es importante resaltarlo.
P.- ¿Vuelve el andalucismo de izquierdas o es una novedad?
R.- Vuelve, sí, parece que vuelve, pero no vuelve por igual en toda Andalucía. Me explico: es una fuerza minoritaria —poco más de un 11%—, pero pujante en la parte occidental de la región; poco relevante en la zona central de Andalucía e irrelevante por completo en Andalucía oriental. Las naciones son menos uniformes de lo que sueñan los andalucistas.
P.- ¿A qué puede deberse este arco decreciente?
R.- Viene de lejos. Almería está casi a la misma distancia de Sevilla que de Madrid y allí, de hecho, no salió adelante el proyecto de Estatuto de Autonomía: el referéndum fracasó allí con claridad y hubo que recurrir a una ley orgánica, la 13/1980, para incluir a Almería y que el proyecto de las élites andaluzas saliera adelante. En Málaga, por ejemplo, el sí a la autonomía por la vía rápida salió por los pelos: apenas un 50,77 %, mientras que en Jaén el recuento fue polémico porque tampoco se alcanzaba la mitad favorable… En fin, que una cosa son las banderitas y las insignias, y otra la realidad de la gente.
P.- ¿Por qué algunos consideran, contra toda lógica, que la suma de las izquierdas ha triunfado, al haber sumado más votos que en la anterior convocatoria?
R.- Cada uno se consuela con lo que puede. Varios diarios consideraban a Adelante Andalucía como la gran triunfadora, con ocho escaños de un total de 109. Tenga en cuenta que Vox, sin un programa específico para Andalucía, tiene más escaños que las dos fuerzas de la extrema izquierda que se presentaban. En cualquier caso, el juego de sumar sus votos para ver cuánto habrían obtenido si hubieran ido juntas nunca funciona: es pura melancolía. Y, de nuevo, por cierto, se confirma que Podemos tiene ya más tertulianos que diputados.
P.- ¿Está aquí para quedarse eso que Luis Miller denomina «izquierda identitaria»?
R.- Es un fenómeno interesante: la izquierda nacionalista le está comiendo mucho terreno al PSOE en bastantes lugares de España: Galicia, País Vasco, Valencia… Hasta este ciclo electoral era un fenómeno de la España con lengua cooficial, pero su crecimiento en Aragón y en Andalucía demuestra que, aunque es minoritario en las regiones monolingües, puede acabar calando en otros electorados. Quizá no sea tan raro: la izquierda universalista hace tiempo que arrió las banderas en beneficio de las identidades. ¿Por qué no iba a llegar esto a España?
P.- No veo izquierdas identitarias o nacionalistas en Europa, salvo que se considere que el islamoizquierdismo lo sea…
R.- Hay una parte muy española en esto, en efecto, por el fracaso del proceso nacionalizador del Estado a finales del siglo XIX. Pero cuando hablo de identidad, en efecto, no me refiero solo a la nacional, también a la de género, a la religiosa, etcétera… Ese afecto por las minorías que ha destruido el proyecto socialdemócrata.
P.- Una obligatoria: lo de Rodríguez Zapatero… ¿tendrá coste electoral para el Gobierno?
R.- Aunque llueve sobre mojado, la corrupción tiene menos coste electoral en España de lo que nos gustaría creer. Las sociedades latinas tenemos una relación diferente con este fenómeno comparado con lo que ocurre en las sociedades del norte de Europa. Dicho esto, es verdad que simbólicamente es un paso adelante en lo cualitativo: Rodríguez Zapatero fue presidente del Gobierno y es la única memoria histórica del partido a la que se sentía cercana, en los últimos años, el presidente Sánchez.
P.- Concretamente, el desencanto por Zapatero, ¿puede generar abstencionistas, votos a la izquierda radical o trasvase al PP como voto útil o de castigo?
R.- Es difícil saberlo cuando aún no hay elecciones a la vista, pero desde luego no va a favorecer a Sánchez. Hay que ser muy crédulo para pensar que todo el planeta, todos los jueces y todos los periodistas se han puesto de acuerdo para perjudicar al presidente del Gobierno español.
P.- ¿El caso Zapatero puede dar lugar a una moción de censura con posibilidades? ¿Puede adelantar las generales por presiones del propio PSOE?
R.- El eslabón más débil ahí es Junts per Catalunya, que no gana gran cosa en esta situación y tiene al nacionalismo catalán de toda la vida, el de verdad, el del negrero doctor Robert, pisándole los talones a través de Aliança Catalana. Tampoco al PNV esto le va bien, tan ligada como ha estado su diáspora a Venezuela, viendo el papelón de Rodríguez Zapatero allí plantado. Pero otra cosa es que den el paso de una moción instrumental: España les importa un bledo; solo lo harán si ven rendimiento electoral.
P.- Según el último informe de Eurostat, España ha aportado el 38 % de todo el crecimiento demográfico de la Unión Europea en el último año —más de medio millón de personas de un total de 1,3 millones—. Una proporción tres veces superior a nuestro peso en la UE. ¿Esto qué significa?
R.- Quizá que los demás ya están cerrando la puerta a la inmigración descontrolada y nosotros todavía no. Pensar, de manera buenista, que este incremento no va a tener consecuencias a medio y largo plazo —vivienda, empleo, convivencia— es no entender nada de las complejas dinámicas sociales que articulan las sociedades.
P.- ¿Pero no es un hecho probado que Europa, si quiere seguir creciendo, no puede sobrevivir sin inmigrantes? ¿La cuestión no será el tipo de inmigración que le conviene?
R.- No es fácil hablar con rotundidad de «hechos probados» a estas alturas de la historia. Desde luego que es mejor elegir el tipo de migrante que quieres aquí, porque eso puede favorecer su integración en la sociedad de acogida y evitar problemas futuros. Pero ya digo: creo que con esta política actual solo estamos comprando tiempo.
P.- La misma Eurostat acaba de confirmar que la inflación en la eurozona ha vuelto al 3 % en abril; un punto y medio por encima del objetivo del BCE. Pero España lleva trimestres creciendo más que sus vecinos, los salarios suben, el empleo aguanta… ¿Dónde está el truco?
R.- Podríamos hablar de un doble truco: el crecimiento se concentra en sectores como el turismo, la construcción o la inmigración, que suelen generar más empleo que riqueza. Además, crecemos porque gastamos más de lo que ingresamos: nuestro déficit sigue siendo muy elevado. Podríamos decir que es un crecimiento financiado por alguien que no somos nosotros…
P.- Si no somos nosotros, ¿quiénes son?
R.- Quienes nos prestan el dinero. Habrá que devolverlo, ¿no cree? Esta idea terrible de países frugales al norte, cocinando con mantequilla, y derrochadores al sur, con el aceite de oliva, está muy instalada en el imaginario europeo. Entre esto y lo que le debemos a los chinos —una dictadura feroz de un Partido Comunista que gestiona con mano de hierro—, yo no me quedaría muy tranquilo, la verdad.
P.- Funcas —aquí el PDF— acaba de publicar un estudio que dice que los inmigrantes llegados en la gran oleada de 2000 a 2008 tienen hoy entre 40 y 55 años y que los mayores de 55 ya son el 22% del total de la población inmigrante. Es decir, los que hoy sostienen las pensiones serán mañana los que las cobren. ¿Cuántos años le quedan al argumento de «la inmigración salva el sistema»?
R.- Le quedan pocos años, es un argumento muy coyuntural. Las personas que vienen de fuera envejecen con el paso de los años, claro, y acaban adoptando las pautas culturales de las sociedades de acogida. Con la inmigración se compra tiempo, pero a un precio que puede acabar resultando caro para la sociedad receptora…
P.- Tiempo es lo que siempre compramos como sociedad, desde los romanos esperando a los bárbaros. ¿No es deseable que adopten las pautas de las sociedades de acogida? Lo contrario asusta bastante… moral islámica y cultura de bandas latinas.
R.- Sí, estoy de acuerdo, pero ¿cuál es el problema? Que, si no sabemos bien quiénes somos, es difícil que se lo expliquemos a los que llegan. Miles de alemanes, italianos y españoles llegaron a Argentina y, en pocos años, sus hijos eran argentinos; y lo mismo pasó al norte del río Bravo. Estas cosas no se arreglan por decreto: si la sociedad de acogida tiene una identidad atractiva, todo el mundo se suma sin problema…
P.- Cerramos con libros. ¿Con qué anda esta semana?
R.- Disfrutando mucho de IA: un asunto urgente para ejecutivos (Luis Diéguez). Una reflexión muy retadora sobre el uso de la inteligencia artificial en el mundo corporativo. Ya le adelanto una moraleja: los perfiles más generalistas, los que menos pueden verse como una «herramienta concreta para algo», serán los más beneficiados por esta revolución… Todo ese conocimiento tácito que acumulamos tras años de lecturas es un patrimonio al que a la inteligencia artificial le va a costar llegar…
P.- Pues no se refleja en las ofertas de empleo todavía…
R.- Estamos en medio del cambio, vamos a ver lo que ocurre. Lo importante es lo que ocurra a medio plazo, no lo que pase estos próximos meses. Así que siga leyendo, Tadeu.
P.- Lo mismo digo.