El 'Leiregate' tiene sus escribanos
«Nada mejor que su rostro al mentir y la zarrapastrosa prosa de sus interlocutores encarnan la cara más cutre de la guerra sucia del sanchismo»

Ilustración de Alejandra Svriz.
El suemmano de Pedro Sánchez habló por fin en sede judicial, siendo su voz tan parecida a la del presidente que pareció, en algunas frases, un desmejorado ventrílocuo fraterno preanunciado a P.S. cuando tenga que declarar sobre lo suyo: si era el One.
Quedó claro ante el respetable (y probablemente los jueces) que el hermano había sido enchufado sin tener méritos para ello (hay enchufados que lo merecen, así es la vida), y que, en lugar de agradecérselo, qué sé yo, al interés general, poniéndose a trabajar, aprovechó para holgazanear por mercadillos portugueses, acampando en Moncloa o esquivando al fisco. ¡Ah!, y perpetrando una Danza de las chirimoyas que solo podría haber compuesto la peor de las IA. (Aquí se puede escuchar, para quien pueda soportarla más de diez segundos). ¡Ah!, y los diplomas originales en ruso, a ver si salen por fin.

Así como la anterior fue la semana de Zapatero y sus joyas (están siendo tasadas, faites vos jeux, rien ne va plus!), esta ha sido la del sumario y las libretas del Leiregate (que se te conozca por tu nombre de pila en España te coloca ya en un olimpo). Es la historia de una corrupción anunciada y ahora comprobada documentalmente. Nada mejor que el rostro físico de ella cuando miente y la prosa zarrapastrosa de ella y sus interlocutores en sus conversaciones encarnan la faz más cutre de la (a lo que parece fallida) guerra sucia del sanchismo contra las «manos limpias» que han mantenido firme el rumbo de las investigaciones al poder corrupto.
En un momento dado, uno de los gánsteres dice: «Hay que sacar a Torrente…». Se trataría de un tal Torrente de verdad, pero la frase es involuntaria y justamente poética.
El sumario parcialmente desvelado estos días muestra en toda su crudeza el comportamiento mafioso del grupo del comando Leire en su afán por obstaculizar (más que «desestabilizar», el verbo menos certero que utiliza el juez Pedraz) la acción de la justicia en los casos que rodean al que a partir de ahora deberá acarrear la cruz de las «P.S.» de las libretas analizadas por la Guardia Civil y el juez. Como en su día el M. Rajoy de Rajoy, ciertamente, pero se equivocan quienes han querido sacar partido del simultáneo juicio a la Kitchen para establecer un paralelismo del tipo «Y tú igual». Hay agravios comparativos que matan. La Kitchen es la corrupción del pasado, una parte corrupta del Estado contra parte del partido para salvar al partido, y M. Rajoy ya pagó por ella perdiendo el poder (lástima que no viera que debió convertir su sucia salida en unas limpias elecciones generales…); el Leiregate es la corrupción del presente de una parte del Estado… contra el Estado. Lo cómico es que ella hable de combatir una injusta «causa general contra el partido socialista» cuando a lo que se asemeja lo suyo es a una causa general contra el Estado de derecho. La gravedad llega hasta el punto de que el ministro Marlasca (con C) que fue juez antes que parte, se quejaba el otro día de que el juez Pedraz llevase a cabo «una investigación proactiva [sic]», mientras defendía a la directora de la Guardia Civil por haberse reunido con Leire Díez.
Muchos periodistas ayudaron. Manchando a funcionarios impecables. Joan Guirado, Pere Rusiñol… Salen en las libretas, pero luego están los televisivos de la impúdica pública: Jesús Cintora, Silvia Intxaurrondo, Javier Ruiz… También deberán rendir cuentas algún día, aunque sea ante el tribunal popular de las audiencias.
Mención especial para Manuel Jabois, que es un agente de influencia mucho más sutil: véase aquí su artículo donde denigra a Leire para salvar a Sánchez.
La llegada del papa era la ocasión soñada por Su Sanchidad para desenfocar el foco que tiene clavado en su cogote, de salir a la calle sin que lo abucheen, y tomarse unos días de aire para preparar la respuesta a la «inminente sentencia» a la banda de Ábalos, que el Supremo anuncia muy larga en condenas, con la única incógnita de lo que le tocará en suerte al pentito Aldama Profundo: del número de años que le caigan pueden depender las ganas que les entren a algunos de cantar en los demás procedimientos al sanchismo.
Coda 1) Welcome Mr. Prevost. Ha tenido que ser un papa usamericano el que venga a hablar en español a los españoles. (Bergoglio amagó con hablar guanche, pero acabó cumpliendo con su promesa interior de no ir a España, boludos). El Papa ha usado con naturalidad su segunda lengua, en variedad seseante, y ha creado polémica porque piensa usarla mayoritariamente en Cataluña con eñe. Los «catalanets tots», cabreados como monas (la cara de Salvador Illa será un poema litúrgico), preferían al Papa que hablaba ¡polaco! (QDMP), o al alemán Ratzinger, que les habló en latín, más que a uno que viene a celebrar en lengua impropia al beato Gaudí, que también hablaba castellano de cine (aquí en V.O. la película en donde lo hacía).
En Madrid, ayer el Papa habló «de usted» al auditorio en su primer discurso. Pas mal. Y ya en el avión, preguntado por la religión universal balompédica, quiso distinguir, bilocación cuántica, entre el Papa («que es de todos [los clubes]») y Prevost («que es del Real Madrid»). Solo le faltó felicitar a Pérez.
Podrá criticarse al papa de Roma por innumerables aspectos de su religión, en su mayoría anacronismos que claman por un aggiornamento, pero frases como «la realidad es [y es superior a la idea]» y su «condena a los enfoques identitarios» y su innegable internacionalismo, así como el ser el primer Papa científico-matemático, bien valen una y hasta varias Almudenas.
Su encíclica sobre la IA, su gran competidora (como bien señaló el jornalero AE el otro día en su Claudia responde a Prevost), va más allá de lo que parece. Establece un marco de discusión.
Por si fuera poco, el Papa, endiosado como pocos (QDMP bis), se permitió lanzar mensajes a los que ningún otro jefe de Estado extranjero se habría atrevido (ni el Trump más borracho de sí mismo): «Vengo a alentar una reconciliación entre las distintas fuerzas de esta Nación» o bien «hay que huir de esos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos» (ojalá lo repita en catañol en Barcelona).
Pero hubo un par de olvidos. Que no tiene perdón de Dios (QDMP ter). No referirse a España como tierra de acogida para tantos hispanoamericanos. Y sobre todo este otro: los agustinos peruanos, entre los que fungía Prevost, sufrieron el terrorismo —aunque salvaron el pellejo por los pelos— de Sendero Luminoso. No ha habido hueco en el discurso papal para recordar la herida sangrienta y todavía abierta de España: las víctimas del terrorismo de ETA e islamista… dos terrorismos identitarios.
El Rey de España, luciendo blancura de reina, estuvo ortodoxo y ecuménico (y supo contextualizar los abusos pederastas de la Iglesia española). Hizo su papel recordando la raíz católica histórica de España y la vívida fe actual, si bien contó mal: no son «cientos de miles», majestad, sino millones los que participan de la creencia.
Coda 2) Zelenski, el exhumador. Poco se ha comentado la voluntad nacionalista de Zelenski de «traer de vuelta a nuestro país, a nuestro Estado independiente y soberano, con todo el respeto que se les debe, a quienes han luchado por Ucrania y han trabajado por su independencia». Aquí el caso de uno que yacía en Luxemburgo.
El problema es que muchos de los exhumados en diferentes países europeos distan de atesorar una ejecutoria ejemplar: algunos, antisemitas comprobados, y habiendo colaborado con los nazis, embelesados por la posibilidad de crear una república ucraniana independiente de la URSS.
Munición innecesaria para el asesino Putin.
Coda 3) Vándalos. En Francia, los disturbios (cuantiosos actos de vandalismo y casi 200 policías heridos) para celebrar la victoria del PSG (de haber perdido habría sido lo mismo) generan mucha controversia política, por la blanda reacción de la Justicia, que soltó de inmediato, tras su personación, a los asaltantes y agresores detenidos. De cómo los periféricos territorios perdidos de la República se desplazan así al centro de la República. Y votos para Le Pen, que ha aprovechado para hacer sociología migratoria del crimen.
Coda 4) Persa hasta el final. Muere Marjane Satrapi, la genial dibujante creadora de Persépolis. Dicen que de tristeza por no haber superado la muerte de su marido. Bien puede ser, de aquella manera. Debió de contribuir también ver cómo la mejor oportunidad de ver a los barbudos iraníes derrotados y a sus mujeres liberadas haya sido otra de las falsas promesas del profeta Trump.
Otra semana, preguntamos a Manu Mostaza Barrios, sociólogo, sobre temas candentes.
PREGUNTA.- El domingo, el papa León XIV llena Cibeles con un millón y medio de personas, la mayor foto católica de Madrid en 15 años. Pero el CIS dice que solo uno de cada seis españoles es practicante y que seis de cada diez jóvenes ya no creen en nada: ¿qué estamos viendo: la última gran foto de una Iglesia que se apaga, o la prueba de que el catolicismo moviliza mucho mejor de lo que confiesa en las encuestas? ¿Y por qué un país tan descristianizado sobre el papel sigue parando Madrid por una misa?
RESPUESTA.- Un poco de todo, como siempre. Los estudios demuestran que la secularización de la sociedad española es muy profunda, sobre todo en algunas de las regiones que más católicas fueron, como la Cataluña carlista o las integristas provincias vascas. Por eso, creo que en realidad la religión funciona hoy como un marcador cultural más que como una fe en sentido estricto: los jóvenes conservadores ven en la religión un elemento de su identidad personal y grupal. A ello hay que sumar la autoritas que el Papa de Roma sigue teniendo sobre los países culturalmente católicos, y el nuestro nunca ha dejado de serlo, por mucho que se empeñen los laicistas habituales.
P.- Éxitos como los de Rosalía, la película Los domingos o grupos católicos de música (Hakuna, La voz del desierto…), ¿pueden haber influido? ¿Es por eso que los jóvenes votan cada vez más a la derecha?
R.- Nunca hay una sola causa. Recordemos que en ciencias sociales, la monocausalidad es, en el mejor de los casos, una ingenuidad. Puede ser causa, pero también puede ser consecuencia. Durante décadas, la izquierda era la rebeldía frente al establishment, pero esa rebeldía ha cambiado de bando: cuando todo el consenso es, en el mejor de los casos, socialdemócrata, lo punk es ser de derechas…
P.- Si uno vota a la izquierda radical de joven es probable que con la edad su voto se vaya derechizando… ¿Nunca se da el fenómeno inverso?
R.- No es sencillo. Los años vuelven a las personas más conservadoras, quizá porque el paso del tiempo te enseña que el mundo y la cultura en la que vives son mucho más sólidos de lo que pensabas de joven: donde antes veías plastilina, ahora te das cuenta de que hay granito. Quizá también porque la primera ley de la política de Robert Conquest es inexorable: todo el mundo es conservador con aquello que conoce de veras.
P.- Según esos estudios, entre las «creencias» están también la reencarnación, la astrología…
R.- Bueno, soy un firme creyente en la democracia liberal, un marco de juego donde todos pueden desarrollar su vida con normalidad siempre que respeten las normas del juego. Así que, por mi parte, allá cada uno con sus creencias mientras no pongan en peligro la convivencia.
P.- Una encuesta de TEDAE (aquí) dice que el 52% de los españoles apoya gastar el 2% del PIB en defensa y que ocho de cada diez ven el gasto militar adecuado o corto. Suena a giro histórico, aunque la defensa es solo la quinta preocupación de los españoles y baja el apoyo a subirle el sueldo al soldado. Usted que conoce las tripas: ¿hay de verdad un español rearmado, o es entusiasmo que se evapora en cuanto toca pagarlo?
R.- Los tiempos están cambiando, como cantaba Dylan, y tengo la sensación de que una parte de la sociedad europea en general, y española en particular, está entendiendo que la defensa, que hasta ahora nos regalaba EEUU, no es gratis. Será un proceso largo, y generará fricciones porque el presupuesto no es infinito y se dejará de gastar en otras cosas, pero creo que el giro conservador de una sociedad temerosa y envejecida, como es la europea, está llegando también a las prioridades del gasto público.
P.- Pero en cambio no parece que muchos españoles (y menos los jóvenes) apoyen el 5% a la OTAN que exige Trump…
R.- Bueno, ya sabe que las preferencias no tienen por qué ser coherentes. Uno puede querer una cosa y también la contraria, y los europeos somos grandes jugadores en ese juego. Sí que creo que los españoles en particular y los europeos en general iremos descubriendo que ni la defensa es gratis ni la seguridad te la va a regalar nadie por tu cara bonita. Ese mundo, me temo, terminó.
P.- Un estudio de Pew (aquí) acaba de situar a España entre los países donde más gente ve a Israel de forma «muy desfavorable», a la altura de naciones de mayoría musulmana, y con los jóvenes siendo los más críticos. ¿Sánchez ha leído bien a su electorado y por eso es el más duro de Europa con Netanyahu, o es al revés y el Gobierno ha empujado a la opinión pública hasta ahí? ¿Y cuánto de esto es convicción y cuánto cálculo con el voto joven que se le escapa por la izquierda?
R.- Sí, creo que Sánchez ha sabido leer que el antisemitismo es una pulsión latente en una parte de la izquierda española, y lo ha utilizado de manera desvergonzada y oportunista. Es todo puro cálculo electoral. Ha renunciado al centro y está rebañando la escudilla en la que quedaban los últimos votos de la izquierda más extrema. No denunciar el aterrador régimen teocrático iraní mientras se pone el grito en el cielo por cada acción de Israel es una muestra de la pérdida de sentido de nuestro lugar en el mundo en estos momentos y con este gobierno. En fin, no olvide que, con la que está cayendo en términos geopolíticos ahí afuera, nuestra Estrategia de Seguridad Nacional tiene como ejes, entre otros, la transición ecológica o la igualdad de género… En fin.
P.- ¿Cómo se combate el antisemitismo?
R.- No lo sé, sinceramente. Creo que los españoles no somos conscientes de lo que supuso el Holocausto para las sociedades europeas. Pienso en la Polonia de 1938, en la que vivían más de tres millones de judíos, en Vilna, la «Jerusalén del norte», en la que más del 40% de la población era judía antes de la guerra, en Hungría, con más de 200.000 judíos. Recuerdo al gran escritor Mihail Sebastian y a la importante comunidad judía rumana de entreguerras. Aquel mundo desapareció, pero en España nunca hemos sido conscientes de cómo aquella masacre cambió la historia de Europa de manera decisiva. Como aquí no tenemos ninguna memoria de lo judío ni de los judíos, es más fácil banalizar términos como genocidio o como Holocausto.
Creo que algo más de pedagogía por parte de los poderes públicos y de los medios de comunicación, es importante, pero también lo sería reivindicar el papel de la comunidad judía durante siglos en Castilla y en Aragón, y el drama que supuso para la monarquía recién unificada su expulsión. Lo cuenta muy bien Gabriel Albiac en su maravillosa La sinagoga vacía. Con la expulsión, «la esperanza misma del nacimiento de un Estado moderno abandonaba con ellos el horizonte español, en el momento mismo en que el oro de América iba a apuntar los albores de la ‘acumulación originaria’ sobre un castillo de guerreros y eclesiásticos. Se inicia la modernidad».
P.- Eurostat (aquí) dice que España ha reducido el abandono escolar más que casi cualquier país de Europa en una década. Buena noticia. La mala: seguimos siendo el tercero por la cola, con uno de cada ocho jóvenes fuera de las aulas, empatados, sorprendentemente, con Alemania (si bien allí podría deberse al gran atractivo que tienen los estudios de formación profesional). ¿Es una historia de éxito que nadie sabe vender o un sistema que toca techo? ¿Y por qué un país que pierde así a sus jóvenes no convierte eso en votos?
R.- El abandono escolar temprano es una lacra para una sociedad como la española. Sin formación, los jóvenes de hoy van a estar excluidos de la sociedad del mañana, y eso no habrá paga ni subsidio que lo remedien. Tengo la sensación de que en nuestro caso hay algo de trampa estadística y de falacia narrativa: la crisis de 2008 hizo que muchos jóvenes dejaran de buscar dinero rápido en la construcción y aguantaran refugiados en la formación. De la misma manera, la LOMLOE (Ley Orgánica 3/2020) ha rebajado de manera escandalosa el nivel de la ESO y ahora es más fácil terminarla. Puedes incluso obtener el título con algún suspenso… es una cosa escandalosa, sobre todo cuando vemos el nivel de los países asiáticos.
El nivel de los jóvenes, y ahí está PISA, sigue siendo flojo en general, quitando ese paraíso que es Castilla y León.
Vamos, que yo no sería muy triunfalista…
P.- ¿Por qué la FP sigue desprestigiada? Estudios prospectivos (aquí) anuncian que los oficios como fontanero, electricista, fresador, tejador son los que mejor resistirán a la irrupción de la IA tan temida que acabará con muchos puestos de trabajo…
R.- Durante años, la enseñanza universitaria estaba reservada a una élite y funcionaba como un elemento no solo de prestigio, sino también de ascenso social. Esa imagen sigue instalada en nuestro imaginario colectivo, y con la FP ocurre un poco como con las renovables: sabemos que son necesarias, pero no me ponga un molino cerca. Ya sabe el apotegma que maneja toda la pequeña burguesía ecologista de izquierdas: «renovables sí, pero no aquí». Pues un poco lo mismo. «FP sí, pero no para mi hijo, no».
P.- Sánchez presume de que crecemos más que Alemania. Pero nuestra industria sube a paso de tortuga y en abril hasta cae. Mostaza, ¿estamos creciendo sobre cimientos —fábricas, productividad— o sobre turistas, gasto público y más población? ¿Cuánto aguanta un país que crece sin fabricar?
R.- La producción industrial es muy importante para un país, y lo estamos descubriendo ahora. Con gasto público, necesario, y con turismo, bienvenido, no se sostiene la economía de un país. En efecto, nuestros cimientos son poco sólidos, pero como a nadie le preocupa la economía, ¿qué más da todo?
P.- España sigue siendo en el imaginario colectivo un país agrícola… ¿Qué ocurre tras las concesiones que se hicieron en los ochenta y noventa a la PAC europea? En Francia, el Gobierno y el sector estuvieron radicalmente en contra del acuerdo de Mercosur…
R.- No, no somos un país agrícola: nuestra economía está fuertemente terciarizada (en torno a un 75% gira en torno a los servicios), la industria es sólida, en torno a un 22%, y el sector primario no pasa del 3 o del 4%. Incluso en los lugares con más peso del tejido agrario, como Extremadura o Castilla-La Mancha, el porcentaje no supera el 8%. Gracias a Europa, es una agricultura moderna, productiva y tecnificada, con problemas, claro, pero ¿qué sector no los tiene? Y Mercosur le va a venir muy bien. No solo necesitamos aliados y socios comerciales como el comer, es que además estos socios hablan nuestro idioma y comparten nuestros valores. Evitemos que los árboles nos impidan ver el bosque: ya le gustaría a los franceses que el bloque de Mercosur hablara su lengua y tuviera su cultura.
P.- Seguimos en plena Feria del Libro de Madrid: ¿qué está leyendo esta semana?
R.- Estoy haciendo penitencia y terminé ayer Tertulianos, de Antonio Villarreal, un ensayo sobre la industria del infoentretenimiento en España. La tertulia como trampantojo. Y una curiosidad: la FM llegó a España de la mano de los militares estadounidenses estacionados en la base de Zaragoza. Nuestra cultura de radio bebe de la cultura norteamericana de los años sesenta, la edad de oro del medio. El autor recuerda, hay que recordarlo siempre, cómo en el verano de 2024 el Gobierno promovió, en la línea de Orbán, un Plan de Calidad Democrática para vigilar a los medios de comunicación que estaban denunciando su (voraz) corrupción.
P.- La gente escucha mucho la radio… ¡pero en franjas de horario laboral! Salvo los taxistas, en las demás profesiones, ¿cómo se explica?
R.- La radio no exige mirar y eso es clave. No has de prestar atención para escucharla, y eso es muy importante cuando, precisamente, lo que escasea es la atención. Por eso acompaña a la gente durante el día, aunque con matices. El pico máximo de audiencia llega precisamente a primera hora, mientras la gente va al trabajo, luego desciende a lo largo del día y se recupera por la noche, cuando volvemos a casa. Nos acompaña todo el día, es verdad, pero de manera más intensa cuando estamos en casa.
P.- ¿Significa esto que la tele y la radio aguantan mejor que lo previsto la competencia de los programas en YouTube o en las RRSS? Hay todavía mucha audiencia de todas las edades en los programas de tertulia política y en los concursos…
R.- Los medios clásicos mantienen un prestigio muy superior a su audiencia cuantitativa. Son un poco Grecia en la antigua Roma: un modelo de autoridad en muchos campos. La agenda del día la marca la radio a primera hora, y lo hace replicando lo que publican los periódicos. Además, los programas de entretenimiento informativo y los magacines son baratos de producir, y eso es clave ante la crisis que atraviesan: con lo que te cuesta una gran película de Hollywood tienes tertulias para una semana.
P.- Llega el Mundial. ¿Los éxitos de la selección española los puede capitalizar el Gobierno?
R.- No lo veo sencillo, la verdad. Lo intentará, porque cualquier Gobierno es experto en apuntarse a cualquier éxito, pero en este caso no lo tendrán fácil. Los palmeros mediáticos del Gobierno llevan años repitiendo, a todas horas y en todos los programas, las bondades de la plurinacionalidad, sea eso lo que sea, y pactando alegres con enemigos declarados de la idea de España… No parece que ahora vaya a resultar creíble envolverte en la misma bandera que tus amigos pisotean ante su indiferencia más absoluta.