Sentencia de geometría variable
«Es la primera de una probable serie de resoluciones que afecten a lo que se ha dado en llamar 'el entorno del presidente'»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Se trata sin duda del pronunciamiento judicial más relevante de los últimos años, por ser una sentencia no recurrible (acudir al Constitucional para un poco de árnica no lo es, aunque haya una ensoñación al respecto) y por su ausencia de votos particulares, a los que habría agarrado ardientemente el sanchismo; la prueba: el paisano Carlos E. Cué en La Noche en 24H, en su palmaria decepción, llegó a decir la misma noche de autos, desfachatadamente, que esa ausencia de votos particulares podría deberse a la pereza estival o la falta de tiempo para redactar la opinión disidente por parte de algunos magistrados que «ya tienen bastante con ser ponentes cada semanas en tres asuntos» (¡sic!).
Es, por lo demás, la primera de una probable serie de resoluciones que afecten a lo que se ha dado en llamar «el entorno del presidente», y por ende, una carga de profundidad judicial contra el sanchismo, esa manera de gobernar y de estar en el mundo, desde hace ocho años.
En un país en que la política está desde hace años judicializada (y la justicia a veces, por desgracia, politizada), la oposición ya tiene la palanca para exigir —una vez voladas las presunciones de inocencia de la banda de Ábalos— que Sánchez dimita, convoque elecciones o, como mínimo, se someta a una cuestión de confianza, como se lo acaban de pedir las dos cámaras legislativas.
También hay motivos más que sobrados para proponer una moción de censura, es evidente, si bien, como dice con razón Feijóo: «los números no dan»; esos más de 175 diputados que lo votarían para ser presidente de Gobierno. En cuanto a una moción «instrumental», esto es, cuyo único objeto sería avalar a una personalidad para que una vez investida convocase inmediatamente elecciones generales, el problema consiste en que no parece posible fácil consensuar un nombre fiable que agrade al PP, a Vox y a Junts o al PNV o… ¡a Podemos! El precedente fracasado de Tamames con Vox también pesa en el recuerdo. Así las cosas, todo apunta a que, finalmente, Sánchez por una vez pueda cumplir con su palabra y convocar las elecciones cuando se agote la legislatura, en el segundo semestre de 2027, de aquí un año (año y pico, si logra estirar hasta otoño con una jugarreta legal que bien podría prosperar).
En política y en un mundo tan líquido, tantos meses pueden aportar una coyuntura bastante distinta a la actual, tanto a nivel nacional como internacional, debe de pensar Sánchez: una nueva pandemia, una catástrofe natural, un atentado, una nueva guerra en Oriente Medio, una invasión rusa hasta Kiev con el uso de armas atómicas, o algún cisne negro bajo forma de escándalo, hoy insospechado e insospechable, en el PP. Tampoco se descarta la jugada «plurinacional», que podría iniciarse después de la sentencia del TJUE de Luxemburgo de aquí a tres semanas, si esta es favorable a la amnistía a Puigdemont. Una iniciativa federalizante consistente en reformar la estructura del Estado apoyada en un referéndum; o bien algo aún más disruptivo: el permiso del Congreso para que en Cataluña se celebre otra consulta (no vinculante, pero, ¡oh!, cuán decisiva) de independencia. Todo es imaginable en quien ha construido su carrera y ha ejercido el poder a base de audaces golpes tácticos propios de un killer, que es como se le conoce en su círculo de corps.
«El precedente fracasado de Tamames con Vox también pesa en el recuerdo. Así las cosas, todo apunta a que, finalmente, Sánchez por una vez pueda cumplir con su palabra y convocar las elecciones cuando se agote la legislatura»
Sin embargo, ese tacticismo (que no estrategia) es sumamente frágil en tanto que depende de la complicidad, siquiera pasiva, de dos aliados que ya no parecen compartir proyecto de futuro con Sánchez: Junts y Podemos. El PNV es un caso diferente, y más cuando se empieza a desvelar que la corrupción también es cosa de ellos.
Si todo esto lo trasladamos al campo demoscópico, y después de cuatro elecciones regionales exitosas para el tándem PP-Vox, en las próximas elecciones ambos partidos podrían superar cómodamente el listón de los 176 escaños y formar un Gobierno de coalición o propiciar un Gobierno del PP con apoyos estructurales de Vox. Una nueva era, pues, a la vuelta de la esquina, en la que los nacionalistas quedarían en fuera de juego (nada de lo que quieran tendrá el apoyo de Vox); y las izquierdas iniciarían una larga travesía del desierto, con nuevos líderes probablemente, y la vista puesta en el horizonte de 2031. Qué lejos, qué lejos…
Pasando ahora a la sentencia, correcta en líneas generales, minuciosa a ratos, y sólidamente estructurada en su razonamiento (aunque con un evidente y sangrante problema con las comas, esa respiración de la prosa, mal colocadas en infinidad de casos, interponiéndose entre el sujeto y el predicado): plantea un problema de fondo, o mejor dicho dos:
Por un lado, porque el núcleo, digamos, «político» se queda a medio camino: si realmente los magistrados querían incorporar elementos políticos para justificar la gravedad de las penas, es decir, el que Ábalos era un importante ministro y secretario de organización del partido del Gobierno, no bastaba con afirmar:
«Desde el punto de vista subjetivo [sic], ya hemos hecho énfasis en esta resolución a un dato insoslayable: José Luis Ábalos comete los hechos desde su posición de Ministro del Gobierno de España, órgano constitucional y ‘núcleo esencial de la configuración del poder ejecutivo’» .
¿Por qué no llegar hasta el final de su propósito, es decir, alargar la morcilla y apuntar a que el Gobierno del que formaba parte tomó las decisiones de las mascarillas colegiadamente? Por mucho menos el juez De Prada «condenó» al PP y al propio Rajoy… Ello podría haber dado pie al menos a una «moción de morcilla».
Por otro lado, la condena-rebajas de verano a Aldama se ha interpretado como un incentivo de los jueces para que «colaboren» otros implicados en otros asuntos en curso. Ese debe ser el concepto de ejemplaridad tal como lo entiende el Supremo: seguir el ejemplo del delincuente Aldama. Pero un tribunal no puede ni debe actuar indirectamente sobre otros asuntos que se ventilen en otros foros, so pena de hacer activismo jurídico-político.

Escandaliza a muchos, con razón, que Aldama se vaya, según la expresión al uso, de rositas, como premio por haber sido el corroborador-colaborador del caso, e incluso se haya considerado, obscenamente, que el dinero fruto de la delictiva «operación mascarillas», podrida de principio a fin, fuese un dinero bien habido y no deba devolverse, por lo tanto, bajo forma de multa u otra manera. «La multa para personas con alto poder adquisitivo, cuando la condena ha sido, además, por delitos que afectan a intereses públicos relevantes [sic], tiene escasa carga aflictiva y no satisface el irrenunciable componente retributivo al que también debe responder la suspensión extraordinaria» dixit la sentencia.
Es decir: los ricos no han de pagar multas… ¡Porque seguirán siendo ricos…! Ello fomenta justamente aquello de lo que tanto tiran muchas veces los jueces para justificar sus salidas del tiesto del Código Penal: la alarma social. Al menos para una parte de la población. Y para otra parte, ello propicia el jolgorio social: Aldama ha devenido casi un héroe, un justiciero anti-Sánchez, alguien que la misma noche en que recayó la sentencia le deseó y vaticinó la cárcel al presidente desde un afamado plató televisivo nocturno.
Las editoriales deben estar peleándose ya por el libro que podrá(n) escribir(le) aprovechando este año sin trabajar consagrado a «trabajos para la sociedad» al que ha sido condenado. Y en menos de tres años, podrá hacer política en tal o cual partido. Novios no le faltarán. Judicializada la política, desde luego. ¿Politizada? Ay. También.
Coda 1) El hombre que se peinaba las cejas. La filtración de información personal en el marco del caso Zapatero alimenta, como es costumbre en España, los juicios paralelos calceteros y mediáticos. Aparte de la obscenidad inherente, destiñe negativamente sobre la acción investigadora de los poderes públicos, incapaces de actuar con la probidad que se les reputa. Lo preocupante en este caso, en cambio, es que el juez no haya considerado oportuno registrar las viviendas de Zapatero y su «secretaria-búnker», ni se haya hecho con los teléfonos del expresidente. Presuponer que si había joyas en el despacho no podía haberlas (u otros elementos probatorios) en el domicilio es sencillamente pueril. Y no retirarle el pasaporte so pretexto de que es expresidente; lo único que consigue es que la retirada del pasaporte de la mujer del presidente de su colega Peinado suene a ensañamiento. (No lo es. Pero cargar, en proceso de intenciones, contra la policía en general, no era jurídicamente necesario).
Coda 2) Spain Horror Show. Puede tener problemas de personalidad y hasta cognitivos, pero Trump conserva memoria de elefante para ciertos asuntos. A Sánchez no le perdona su actitud díscola respecto al gasto de la OTAN. No es seguro que sea malo para Sánchez, que siempre ha cultivado su antagonismo con Trump, caladero de votos. Pero es malo para España, que deberá aplicarse mucho para volver a tener su peso proporcional en la Alianza Atlántica. Una más de las hipotecas que va dejando Sánchez.
Coda 3) LGTBI menos plus que nunca. En Francia, varias asociaciones laicas y «universalistas» han sido excluidas de la manifestación del Orgullo en Francia que se iba a celebrar ayer (aquí), pero que fue suspendida por las altas temperaturas, bajo el pretexto de ser de grupos de extrema derecha. Los organizadores del evento, bravos defensores (pero esquizoides) de las minorías sexuales, abogan por que las mujeres musulmanas lleven velo si quieren, escupiendo sobre las tumbas de las mujeres iraníes y afganas; todavía no han llegado a pedirles que participen en la manifestación del Orgullo, ataviadas de esa guisa, pero todo se andará. Esperemos que cuando haga menos calor, el año que viene, porque la vida es lo primero.
Mientras tanto, en España, otro amigo de Palestina, apenas nadie ha tomado nota del informe de la ONU, del pasado 9 de junio, que, además de las violencias israelíes en la Franja, denuncia la violencia de Hamás contra la propia población que malvive en Gaza (aquí).
Coda 4) Talibanes en Bruselas. Que a la presidenta de la Comisión le haya parecido bien que fuese recibida hace unos días una delegación afgana del asesino y sanguinario régimen de los talibanes, va más allá de una cuestión estética. Es ética. (Aquí) . Subyacen a este dislate las conversaciones «técnicas» sobre la devolución de inmigrantes afganos juzgados problemáticos, y ello en el marco del Pacto sobre Migración y Asilo de la UE, diseñado para blindar las fronteras externas de los Veintisiete y acelerar los procesos de retorno y fomentar centros para estabular expulsados fuera del territorio de la Unión. Retornar a Afganistán significa el horror. Casi cien mil afganos fueron asilados el año pasado en la UE y muchos temen por su futuro. España no está entre los 20 países que apoyaron la visita de los talibanes. A Albares lo que es de Albares.
Cod 5) Mandatos cortos. La rapidez y normalidad con que se relevan los primeros ministros británicos es, en cierto modo, aleccionadora y demuestra que allí se asumen con naturalidad las responsabilidades políticas, a pesar de que no deja de ser un síntoma de gobiernos débiles y de un país a la deriva desde que se planteó la mera idea del referéndum del Brexit. País siempre de paradojas: nunca había habido tantos arrepentidos de la salida de la UE, como nunca había estado tan alto en las encuestas el populista Nigel Farage. Con un sistema como el británico, en el que el que gana en cada circunscripción, aunque sea por un voto, se lleva todos los escaños, la probabilidad de que llegue al poder es bastante alta, toda vez que los partidos principales, conservador y laborista, andan profundamente tocados. Y los liberales, desaparecidos.
Coda 6) Mejorando británicamente España. Miriam González, esposa del exvicepresidente liberal británico Nick Clegg, que lleva tiempo por España con su proyecto político (plataforma ESPAÑA MEJOR), por fin ha registrado un partido (Democracia 21) con la idea de concurrir en próximos comicios, ¿por qué si no? Uno de sus principios fundacionales, dentro de su Código Ético del Gobierno, consiste en que las Administraciones y sus responsables políticos firmen que se comprometen «a no mentir deliberadamente al Parlamento», en línea con el Código Ministerial británico. Es un buen wishful thinking para empezar. Deseándole mejor suerte que al malogrado Ciudadanos (se cumplen 20 años del inicio de su andadura, tan prometedora como dramáticamente autosaboteada), un consejo: ojo con doña Irene Lozano, la transformista (y negra de Sánchez): sería veneno y dinamita para la taquilla.
Coda 7) Humor mortal. Cuando se atenta contra los caricaturistas, como ocurrió con el atentado yihadista a los de Charlie Hebdo (cuyos supervivientes siguen publicando religiosamente cada semana, viviendo bajo falsas identidades y protegidos por la policía francesa), se atenta simplemente contra la libertad del hombre libre. El poder que no acepta la sátira no es que no sea democrático, es que es asesino. El artista polifacético y caricaturista ruso Semyon Skreptseky fue ejecutado en Polonia hace unos días por unos sicarios (aquí la crónica de Rosalía Sánchez, corresponsal de ABC en Berlín). Conocido por sus acerbas críticas a Putin, pero también a las autoridades ucranianas (figuraba en la base de datos ucraniana Myrotvorets, que designa a personas perseguidas por crímenes contra la seguridad nacional ucraniana), su última obra fue protagonista de un acto organizado por la oposición rusa en Berlín, donde él mismo se presentó con el cuadro, a la manera de un icono, titulado Ultraortodoxo Hiperpatriótico, que mostraba a Stalin, pipa en ristre, llevando en brazos a un Putin aniñado. Aquí el cuadro. ¿La gota que colmó el vaso? Así, al menos, lo piensa Vasily Krestyaninov, periodista ruso exiliado en Berlín: «Quizá eso fuese lo que le costó la vida».
Las viñetas de las que os habéis librado
- Ábalos y Koldo, vestidos de presidiarios, en una celda, con una radio antigua con antena en el centro, donde suena «Gooooool de Españaaaaaa…». Koldo dice: «Joder, jefe, ¿también ponía en la sentencia que el Mundial lo teníamos que seguir por la radio…?»
- Aldama en el programa Horizonte, vestido con una chistera y palomita de mago: «Puedo prometer y prometo que todavía no he contado ni la décima parte de lo que sé…»
- Zapatero en la cama con su esposa. «José, ¿por qué no te planteas hacer como Aldama?». «Pero, Sonso, ¿a quién acuso yo?». «Ya se te ocurrirá algo…». Él: «Ya lo tengo: ¡a Franco!»
- El juez Peinado, con un rifle de caza. Un cartel que pone «Campeonato de tiro al pichón». Peinado dispara y grita «¡Toma, pichona…!».
- Patxi López, paseando en un papamóvil por una avenida desierta de gente: «Gracias, millones de fieles en las calles que gritáis ‘Yo con Begoña’…»
- Begoña Gómez entregando en ventanilla al funcionario sus dos pasaportes, el normal y el diplomático: «Ah, y apunte en ‘Observaciones’ que yo solo tengo un DNI, no dos…».
- Gertrudis, secretaria vitalicia de Zapatero, al teléfono: «Sí, sí: todo está en el cofre secreto… el oro también». «¿Y la llave, Gertru…?», pregunta al otro lado Zapatero. «Me la he tragado, jefe, no te preocupes…».
- Ortuzar, del PNV, al teléfono, temblando: «¿Me puede pasar con el Tubo principal o está todavía reunido…?».
- Elisa Mouliáa ante el juez: «Señor juez, lo siento mucho, no volverá a pasar, pero ¿puedo quedarme con el pasaporte, que es temporada de verano?».
- Trump llamando a Meloni: «Hagamos las paces, Giorgia. Ah, un secreto: yo también habría votado por il Duce, ¿sabes?».
- Putin en la cama rodeado de drones encima de su cabeza y con un matamoscas: «¡Malditas moscas…!».
- Starmer vestido de playa, con bermudas y sandalias, saliendo de 10, Downing Street: «Ahí os quedáis con toda la calorina…».
Cuestionario con Mostaza. Otra semana más, un intercambio por Manuel Mostaza Barrios, politólogo (no politódolo) de cabecera.
-El INE acaba de publicar que en 2025 los hogares españoles destinaron un tercio de su presupuesto a pagar la vivienda, agua y luz, el mayor porcentaje de la historia; y las familias más pobres, seis de cada diez euros. Llevamos años hablando de la «crisis de la vivienda» en términos de precio por metro cuadrado. Esto es algo más que un problema de acceso a la vivienda…
En efecto, es una muestra de que la clase media se ha empobrecido en términos reales desde la crisis de 2008, y el triunfalismo del gobierno no basta para ocultar una realidad cada vez más complicada. La brecha entre mayores y jóvenes es cada vez más grande, en cuanto a presente y bienestar material, pero también en cuanto a las expectativas a corto plazo.
-¿Qué se podría hacer para mejorar el problema?
En general, quitar trabas y burocracia a la actividad productiva siempre funciona. Incentivar el trabajo y no desincentivarlo. Pero no parece fácil en un mundo de infoentretenimiento, donde da más audiencia un desahucio que el trabajo callado del día a día. Y en cuanto a la vivienda, tampoco hay que ser un lince: quitar trabas a la construcción y dar seguridad jurídica a los propietarios… los precios bajarían como por arte de magia.
-Caixabank lleva dos años diciendo que España no es país para jóvenes. Ahora lo confirma con datos de 2024: los menores de 35 tienen un patrimonio que está todavía a la mitad del que tenían sus padres en 2014, mientras que los mayores de 75 lo han aumentado un 36% en la misma década. El gran causante de esa brecha es, pues, la vivienda. ¿Qué tiene que pasar para que un partido en el poder, sea el que sea, empiece a gobernar para los de abajo de la pirámide de edad en lugar de para los de arriba? En el fondo, un voto es un voto y no tiene edad.
Es muy complicado que esto cambie. Los jóvenes son un porcentaje de población cada vez más bajo en España. Por si eso fuera poco, participan menos en política que la gente mayor. Si son pocos y no participan, es difícil que la política para adultos les haga caso. Quizá por eso son presa fácil del populismo…
-¿No es sobre todo un fenómeno europeo? ¿No ayudaría tener más inmigración joven? Necesitamos más inmigrantes para seguir creciendo, ¿no?
En términos económicos, la emigración tiene mucho de pan para hoy y hambre para mañana. En pocos años, los migrantes adoptan nuestros patrones demográficos y la situación vuelve al punto de partida. Dicho esto, para cualquier país es sano tener un nivel controlable de inmigración; lo que es un disparate es pensar «cuantos más, mejor», porque la prestación de servicios públicos o la disponibilidad de vivienda no se incrementa al mismo ritmo… y el drama está servido.
-Voy a insistir. Funcas (aquí) ha presentado una encuesta sobre pensiones y los jóvenes creen que el sistema no será sostenible para ellos. También el INE confirma que dedican un tercio del sueldo a pagarse la vivienda. Caixabank afirma que tienen un 50% menos de patrimonio que sus padres a su edad, como ya hemos dicho. Tres datos distintos, mismo patrón: los jóvenes españoles van perdiendo beneficios. ¿Es este un fracaso de la política de vivienda, de la política de pensiones, o es que la política española simplemente está diseñada por gente mayor para gente mayor?
No creo que sea un problema solo español. Europa en general es un continente envejecido, y las personas mayores participan más en las elecciones que los jóvenes. Por lo tanto, reciben más atención de los poderes públicos. El drama no es solo esa desatención de los jóvenes, desde las escuelas infantiles hasta la vivienda; el problema es que los jóvenes son terreno abonado para el populismo, como dije antes, y carecen, en general, del conocimiento adecuado para entender el vacío que hay detrás de los grandes relatos. Y es que, como escribió De la Espada en su célebre Vida de Arcadio: «La juventud es la celebración del sesgo».
-¿Cómo se distribuye la abstención por cohortes de edad?
Los menores de 34 años son los que menos participan, junto con los mayores de ochenta, pero en este último caso podemos presumir que una parte de su absentismo electoral está relacionada con motivos de salud o movilidad. Dicho esto, lo normal es que esos jóvenes que con 25 años no participan sí lo hagan veinte años después, cuando sean adultos.
-De hecho, ¿la abstención entre los jóvenes españoles es superior a la media europea?
Depende de los países. En general, los jóvenes españoles participan más que los italianos o los franceses, en una línea similar a los alemanes, y menos que los daneses o los suecos, por ejemplo.
Eurostat acaba de confirmar que en 2025 Venezuela superó a Afganistán como primer origen de solicitudes de asilo en toda Europa. España es el cuarto país receptor, con tasas muy por encima de la media. Estas cosas, ¿tendrán influencia electoral?
Lo de Venezuela es terrible. No solo por el terremoto que ha destrozado parte del país, sino porque ha sufrido el mayor desplazamiento de población civil de la historia sin que haya una guerra formal. Muchas personas que huyen buscan una vida mejor lejos del «socialismo del siglo XXI» que ha destrozado su país… No parece fácil que vayan a ser votantes del partido que fundó Monedero o que dirigió el siniestro José Luis Rodríguez Calomarde.
-El impacto de las nacionalizaciones exprés por la «ley de antepasados» generará muchos nuevos votantes? ¿Hay alguna estimación? Se apunta (aquí, Isabel Sebastián) que una de cada tres irá a la circunscripción de Madrid, donde se reparten más escaños…
Ahora mismo todo son especulaciones difíciles de medir. ¿Es gente que va a movilizarse para votar en un país en el que no ha estado nunca? ¿Un país del que puede no tener memoria? Dicho lo cual, hay que darle una vuelta a la composición del cuerpo electoral. ¿Tiene sentido que un cubano que nunca vivirá aquí, y que nunca ha estado, pueda votar solo porque su abuelo se fue hace ochenta años de un pueblo gallego? Quizá lo mejor sea crear una circunscripción de «españoles por el mundo» y que elijan a sus representantes. Hacerlos votar en circunscripciones provinciales es un disparate.
¿Se puede extrapolar y considerar que estos nuevos españoles votarán lo mismo que los «españoles viejos» expatriados recientes que viven y votan ya desde esos países?
El voto nunca es monocausal. De toda esta gente votarán pocos, imagino, y probablemente votarán más como en sus países de residencia que como lo hacían sus abuelos. Quien vote a la derecha en Colombia y se tome la molestia de votar en elecciones españolas, difícilmente votará a Podemos.
¿El voto exterior (CERA) sigue siendo bajísimo (10% y solo movió un escaño, en Madrid), incluso tras derogar el voto rogado? ¿Sería bueno que aumentase?
No necesariamente es bueno. Si no pagas impuestos en un país y puedes participar sin asumir las consecuencias de tu voto, la pregunta es qué sentido tiene.
¿Crear diputados para los españoles en el extranjero, que tienen necesidades propias en muchos temas administrativos consulares, acceso a la lengua española para sus hijos, fiscalidad, herencias, etc.? Lo hacen Francia, Italia, Portugal… Son casi tres millones los españoles que viven fuera… ¿No merece más atención?
Sí, podría ser una solución mejor que la actual. Es un tema razonable y además coherente con la existencia de una diáspora importante. Tiene sentido que esos escaños reflejen sus necesidades específicas. Y puede tener sentido institucional.
-¿Qué ocurre con la corrupción? ¿Es verdad que no desgasta a los electores?
Las sociedades mediterráneas tienden a tolerar ciertos niveles de corrupción más que las del norte de Europa, donde el capital social funciona de otra forma. Lo que sí se penaliza más claramente es la ostentación o la prepotencia pública.
-El Mundial enfila su tercera semana… ¿Sorpresas?
De momento, todo bastante previsible. Las potencias tradicionales del fútbol siguen dominando, y aunque se le llame «mundial», en la práctica sigue siendo una extensión del orden europeo con algunos invitados de lujo como Brasil o Argentina.
-¿Qué anda leyendo?
La reedición de Queridos camaradas, de Antonio Elorza y Marta Bizcarrondo, sobre los orígenes del comunismo en España. Dos anécdotas: el primer emisario soviético en España llegó en 1919 y acabó muriendo en el gulag en 1951. el primer secretario del PCE, Ramón Merino Gracia, terminó más tarde integrado en estructuras del régimen franquista.
-¿Estaría contento Merino de saber que el PCE está en la coalición de gobierno vía Sumar y que hay un ministro comunista en el gobierno, Sira Rego?
Difícil saberlo. El comunismo occidental evolucionó mucho tras el eurocomunismo. En España jugó un papel importante en la consolidación democrática. Lo que hoy queda fuera de ese consenso es una tradición más rígida y dogmática.