Aunque arda el país
«La comunicación del Gobierno ya no funciona, pero Sánchez se ha dado cuenta de que… ¡da igual! Porque lo que importa no es gobernar, es seguir en la Moncloa»

Imagen creada con inteligencia artificial.
A Pedro Sánchez no le interesa gobernar; le interesa seguir en el poder. En el mismo día en que la UCO entró en Ferraz y en la segunda semana desde que se destapó el caso Zapatero, el presidente hizo un cínico chascarrillo en una rueda de prensa en Roma (donde, como pasa últimamente, se centró en cuestiones globales y metafísicas, como la IA: un presidente mercurial como él no pierde el tiempo con politiqueos domésticos): «Hay algún compañero que me pide adelantar elecciones porque es consciente de que voy a tener una mayor mayoría parlamentaria para poder gobernar de una forma mucho más tranquila. Yo se lo agradezco, pero no puedo convocar elecciones por interés partidista».
Claro que puede, es lo que lleva haciendo desde que llegó a la presidencia (y lo que hace cualquier líder político). Precisamente dice eso porque sabe que sabemos que hace siempre lo contrario. De ahí el chiste. El presidente hace chistes sobre su incapacidad de dejar el poder y su electoralismo cínico.
Uno está ya tan anestesiado que este tipo de mensajes lo atraviesan como una brisilla y ni los procesa. Está la gran corrupción, el goteo que se produce desde al menos dos años, y luego está un rumor de fondo formado por retórica, lengua de madera, sarcasmos y escenificaciones teatrales, que es lo único que queda ya de este Gobierno que lleva en crisis y al borde del precipicio al menos desde la famosa carta a la ciudadanía en abril de 2024.
La comunicación del Gobierno ya no funciona, pero se ha dado cuenta de que… ¡da igual! Porque lo que importa no es gobernar, es seguir en la Moncloa. Eso te da ciertas prerrogativas. Por ejemplo, gobernar ejecutivamente (no hacen falta presupuestos) o gobernar para el exterior (es lo que está haciendo Sánchez, que quiere ser líder global pro-Palestina, el líder del ‘no a la guerra’, el líder de la regulación de la inteligencia artificial y las redes sociales, el líder antioligarca…). Eso no significa que la maquinaria propagandística interna haya cesado, pero parece hecha con desgana y dirigida solo a los muy convencidos: el discurso del lawfare y la conspiración judicial de la derecha solo convence a los ya convencidos.
Uno lee y escucha a Óscar Puente y se lo imagina en un par de años vendiendo complejos multivitamínicos en Canal Red. El resto, los progresistas cuya vida y salario no dependen de la permanencia del PSOE en el poder, agacha la cabeza y susurra el mantra por defecto de la izquierda en los últimos años: «Es que si no viene la derecha…». Pero es un mensaje cada vez más resignado.
«En España la rendición de cuentas política nunca fue algo común; en este Gobierno, aún menos»
Hay intentos de recuperar la iniciativa. Esta semana, el Gobierno dio una licencia televisiva a los accionistas de Prisa que intentaron montar una televisión progubernamental. Expulsados de Prisa, ahora se centrarán en un nuevo canal que está pensado desde el principio para continuar la tarea propagandística de TVE una vez el PSOE pierda las elecciones, aunque probablemente empiece a emitir antes, en otoño. Dudo mucho que vaya a tener un efecto importante a estas alturas (además, el Gobierno sacraliza la capacidad de la TV como si estuviéramos en 2006 y no en 2026), pero es una idea a largo plazo: quizá para una vuelta de Sánchez a lo Perón en el 73.
En España la rendición de cuentas política nunca fue algo común; en este Gobierno, aún menos. La única rendición de cuentas existente es la judicial. Las culpas son penales, nunca políticas. Nadie dimite, lo dimiten (sobre todo un juez). Hay que esperar a la sentencia, dicen algunos aliados del Gobierno, que no podrían sobrevivir por su cuenta (Rufián haría lo que fuera con tal de no tener que volver a Barcelona).
El 18 de junio, casi un mes después del inicio oficial del caso Zapatero, Pedro Sánchez dará explicaciones en el Congreso. No convocará elecciones. El PP parece que planea una moción de censura; no saldrá adelante. La democracia no es solo votar cada cuatro años, decían en el 15M; ahora esa misma izquierda dice que la verdadera democracia es solo votar cada cuatro años, aunque el país esté ardiendo.