La política española
«El partido del poder se encuentra acorralado por la corrupción. La herida es ya demasiado profunda para que pueda cubrirla el vendaje de una narrativa electoral»

Imagen creada con inteligencia artificial.
La política española se ha convertido en un lugar cada día más denso y ni siquiera la visita del Papa parece que vaya a cambiarla. Aitor Esteban, portavoz del PNV en el Congreso, ha declarado que deberían convocarse elecciones antes de terminar el año. Sánchez hará lo posible por resistirse. El escenario judicial que afecta al PSOE es sombrío, con picos de cortisol aún por llegar. Además, hemos asistido estas dos últimas semanas a un brutal acelerón que nos hace recordar, de forma casi inconsciente, lo que le sucedió a Rajoy hace poco menos de una década.
La persecución mediática, política y pública fue implacable, a pesar de hallarnos entonces en un escenario menos complejo que el actual. Estaba Cataluña, ciertamente, justo en el minuto uno después del procés; pero Cataluña sigue estando siempre de fondo, al igual que Bildu en el País Vasco. Una de las paradojas imprevistas de la España autonómica ha sido el cultivo de una sensibilidad decimonónica que fácilmente transforma el folclore en identidades nacionales. En realidad, el siglo XXI recuerda más al XIX que a la segunda mitad del XX. También en lo que concierne a la economía, con una nueva revolución industrial en marcha.
Europa quiere independizarse de la tecnología americana y un ejemplo inmediato lo encontramos en el éxito de la industria militar ucraniana que ha pasado, en apenas un lustro, de la era de los soviets a la vanguardia en la construcción de drones. Sin embargo, España ha apostado por convertirse en una subsidiaria tecnológica de China, al igual que lo fue de Francia y de Alemania en el tardofranquismo y tras el ingreso en la Unión. Es tal vez el precio a pagar por la estrecha relación que algunos dirigentes o exdirigentes del PSOE mantienen con las elites de Pekín, como probablemente demostrarán las investigaciones judiciales en marcha. Dinero y política, ya saben ustedes.
La política española se espesa y la sociedad se divide cada vez más. Aunque se empieza a divisar una convocatoria plebiscitaria que reuniría a la izquierda y a los soberanismos particulares en una especie de frente común contra la derecha. El procedimiento sería activar los miedos atávicos de una España enfrentada en primer lugar por el discurso de sus políticos y por las ideologías sectarias.
«Que sea todo mentira importa poco, porque las verdades matizadas nunca interesan a los propagandistas del poder»
Unas elecciones sustentadas sobre una mentira ya repetida mil veces: el supuesto pecado original de la democracia española y su presunta herencia franquista, que afectaría desde la legitimidad de la Casa Real hasta la plurinacionalidad de una nación, considerada por Zapatero como «un concepto discutido y discutible». Todo en el mismo saco, porque el PSOE –al menos el PSOE oficial– ha sido tomado por la sentimentalidad ideológica de la extrema izquierda, colonizada esta a su vez por los nacionalismos periféricos y sus discursos emocionales. Frente a ella, se halla una derecha que compendia –según su punto de vista– todos los males de nuestra sociedad: desde el racismo al españolismo fanático, desde el capitalismo neoliberal hasta el antiwokismo. Que sea todo mentira importa poco, porque las verdades matizadas nunca interesan a los propagandistas del poder.
Vienen tiempos difíciles, puesto que el partido del poder se encuentra acorralado por la corrupción. La herida es ya demasiado profunda para que pueda cubrirla el vendaje de una narrativa electoral. Y el poder se ha convertido en un negocio igual que cualquier otro. Demasiado provechoso como para dejarlo de lado.