The Objective
Ricardo Dudda

No se podía saber (pero se sabía)

«¿Lo sabía Sánchez? Claro que lo sabía. El rescate a Plus Ultra fue una colaboración público-privada: entre el Zapatero comisionista y el Sánchez recién llegado al poder»

Opinión
No se podía saber (pero se sabía)

Imagen creada con inteligencia artificial.

Solo se sorprenden quienes miraron hacia otro lado. Cualquier individuo no cegado por su ideología sabía que las actividades postpresidenciales de Zapatero eran cuanto menos dudosas. Nadie sabía hasta esta semana los detalles que se han desvelado esta semana, pero hacerse el sorprendido en 2026 es solo consecuencia de no haber querido saber. No hacía falta un informe de la UDEF para sospechar que su conexión con Venezuela y el régimen de Maduro no era precisamente limpia. Si hasta ahora solo teníamos claro que blanqueaba ideológicamente al régimen, ahora parece que también lo blanqueaba económicamente. Estaba claro que era cómplice moral de la dictadura; parece que también lo era material (porque un régimen como el de Maduro, tan acosado por las sanciones, necesita gente que lo ayude a limpiar su dinero).

Por eso indignan las sorpresas, las caídas del guindo, las decepciones en la izquierda y no solo en la izquierda. Nadie se esperaba que le gustara tanto el dinero, dicen algunos. Si algo define a la izquierda española, no es solo la superioridad moral (si roba no es de izquierdas; algunos que quieren ahora bajarse del barco rescatan la crítica izquierdista al Zapatero de los recortes en 2010), sino también el autoengaño. En El Mundo, Lucía Méndez compara a Zapatero con Teresa de Calcuta: «La imputación de Zapatero por delitos de corrupción política viene a ser como si la madre Teresa de Calcuta fuera acusada de liderar una trata de seres humanos desde su voto de pobreza». Que no lea a Christopher Hitchens, que quizá se le cae otro mito…

Si en algo me ha decepcionado el Zapatero postpresidencial, es solo en una cosa: yo pensaba que su activismo prochavista era por amor al arte. Pensaba de verdad que su compromiso era genuino. Ingenuo de mí: siempre hay dinero detrás. Estaba claro que Zapatero no quería resignarse a ser un simple tonto útil: esos no cobran. Los expresidentes no lloran, facturan: ¡qué otra cosa podía hacer! Es lo que sugieren quienes desean desviar rápidamente la atención.

En la SER, Nacho Corredor se preguntaba qué podemos hacer para que la vida de los presidentes tenga sentido después de su presidencia. Sin saber inglés (no podía tener un cargo internacional), sin saber tampoco escribir muy bien (no puede escribir unas buenas memorias), solo le quedaba la corrupción, parece ser. El verdadero problema de Zapatero ha sido la male loneliness epidemic (la epidemia de soledad masculina). Pero, en fin, otros expresidentes se han topado antes con el vacío y eso no los ha conducido directamente al crimen internacional en colaboración con dictaduras… 

«Sánchez ha utilizado a Zapatero como un activo electoral clave, un ejemplo más del presidente rodeándose de los mejores»

Si esta imputación se hubiera producido hace unos años, antes del neozapaterismo que ha resucitado el sanchismo, quizá las sorpresas compungidas habrían estado menos extendidas. Pero en los últimos años Sánchez ha utilizado a Zapatero como un activo electoral clave, un ejemplo más del presidente rodeándose siempre de los mejores. En ese proceso, domesticó ya del todo el 15-M: metió a los indignados en las instituciones hasta que se quemaron y rehabilitó a Zapatero. 

¿Lo sabía Sánchez? Claro que lo sabía. El rescate a Plus Ultra, núcleo de la trama pero probablemente solo la punta del iceberg, fue una colaboración público-privada: entre el Zapatero comisionista y el Sánchez recién llegado al poder. No se ha producido una degradación; la corrupción estaba desde el principio.

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