La fiesta y los aguafiestas
«Es ridículo pedirle al antitaurino que actualice sus argumentos: si la injusticia no ha cambiado, la crítica a la injusticia tampoco debe cambiar»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Es San Isidro, vuelven los toros a Madrid y vuelven las estupendas columnas de Manuel Arias Maldonado sobre tauromaquia. Esta semana insistía en señalar la crueldad de la tradición y decía que «igual que hoy se considera inconcebible que el toro desventre al caballo del picador o se usen banderillas explosivas, como sucedía hace un siglo y hace un siglo se defendía, llegará la hora en que también la barbarie cotidiana de nuestras plazas -que algunos llaman arte y para otros es revelación antropológica- avergüence sin excepción a los contemporáneos». Yo deseo que ocurra lo mismo.
Los taurinos, en cambio, acusaron a Arias Maldonado de poco original. ¡Siempre con la misma matraca! Que sí, que ya sabemos que se mata al toro. Dinos algo que no sepamos. Así se expresaba el columnista de El Mundo Juan Diego Madueño, que dedicaba su artículo a los antitaurinos, que «suelen aparecer muy excitados, transportan la exclusiva que podría cambiar el destino de la Humanidad en un momento, llevan la frescura de la primera comunión con su gran hallazgo anual bajo el brazo: los toros entran vivos al ruedo y salen muertos». Madueño valora un argumento según su… ¡Originalidad! Si vas a denunciar una injusticia, al menos sé entretenido. Y no te repitas mucho. Aunque Madueño citó a Arias Maldonado en Twitter como si su texto fuera una contestación o una refutación, el artículo no es más que una mueca sarcástica y faltona. Dice que todavía no ha encontrado «ningún fogonazo que supere a los argumentos usados por los chavales que en el recreo planteaban escenarios absurdos como dar metralletas al toro». Quien no quiere encontrar algo, está claro que no lo buscará.
Como ha escrito en varias ocasiones Arias Maldonado, la tauromaquia es una «metafísica impermeable» a los argumentos. Es ridículo pedirle al antitaurino que actualice sus argumentos: si la injusticia no ha cambiado, la crítica a la injusticia tampoco debe cambiar. Se puede cuestionar su efectividad, pero a uno no se le ocurriría reprocharle a un periodista político que está siendo pesadísimo con la corrupción del gobierno, que ya resulta cansino (bueno, sí que hay gente que dice cosas así, pero está claro que no es un argumento).
¿Por qué habrían de cambiar o actualizarse las críticas a la tauromaquia? La fiesta no ha cambiado: es un espectáculo que gira en torno a la tortura y muerte de un animal. A partir de esto, que no es un juicio moral sino una descripción, que cada cual se justifique como quiera. Si Madueño dice que no ha encontrado todavía un argumento antitaurino que no sea pueril, yo todavía no he encontrado un argumento taurino que no sea una abstracción y un desvío retórico.
Creo que solo hay un taurino que mira de frente a la cuestión y no se desvía con subterfugios: Albert Serra. En Tardes de soledad mira de frente a la crueldad humana, al torero desquiciado con ojos de loco que se pavonea frente al toro como un Patrick Bateman con traje de luces. Mira de frente a la tortura y muerte del toro, que todavía respira antes de salir de la plaza y deja un reguero de sangre. Ahí no hay abstracción alguna. Esto es lo que hay. Esto es lo que me gusta, te sugiere Serra. Al menos hay honestidad, y no el desvío retórico pomposo y sofista de otros taurinos.