The Objective
Ricardo Dudda

Nuestro problema biográfico

«Cualquier biografía profunda y honesta de un líder político, empresarial o una figura popular tiene consecuencias devastadoras: ya no te invitarán a ningún sarao»

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Nuestro problema biográfico

Imagen creada con inteligencia artificial.

La semana pasada, Ramón González Férriz hacía una interesante reflexión cultural (¡incluso culturalista!) a raíz del caso Zapatero: en España tenemos un problema biográfico importante. Es decir, faltan biografías. Y quizá son necesarias para una importante rendición de cuentas de nuestros líderes y exlíderes.

Las hay, claro: pienso en las estupendas del Premio Comillas, o la colección Españoles Eminentes, de la Fundación Juan March y la editorial Taurus. Pero no es suficiente. Y, sobre todo, no hay buenas biografías de nuestros expresidentes. Juan Francisco Fuentes acaba de publicar una de Suárez (y de Fuentes hay que leerlo todo), están las biografías de Franco escritas por Fusi o Preston o Casanova… Pero ¡es gente muerta! ¿Dónde está la gran biografía de Felipe González, de Aznar, de Zapatero? Y me refiero al trabajo de una década, una biografía con afán de agotar el personaje y 1.200 páginas de las que 200 son de notas al pie. En España nos falta un Robert Caro, autor de la célebre biografía de Lyndon Johnson en cinco volúmenes (el primero es de 1982, el quinto está a punto de publicar; Caro tiene 90 años).

«Este país es muy pequeño. Por eso las únicas biografías que hay son autorizadas, hagiográficas o directamente perezosas»

Como señala Férriz, hay un problema cultural, que no me resulta muy convincente: «Se ha afirmado que es por nuestra peculiar interpretación del catolicismo. Aquí, dice el tópico, la vida privada de las personas se considera solo un asunto entre estas y Dios, y no materia de escrutinio público, mientras que en los países protestantes la actuación en la vida privada es considerada un predictor del comportamiento en la vida pública». A veces, ese protestantismo conduce a una peligrosa moralización pública de la vida privada; otras, conduce a una mayor fiscalización de nuestros líderes. La otra explicación es el dinero: es carísimo dedicarle años a una biografía a tiempo completo, por eso solo lo hacen los académicos que, por otra parte, tienen que publicar en revistas científicas para poder sobrevivir (una biografía «popular» no cuenta para la ANECA).

Hay una tercera hipótesis que planteo yo. A los periodistas, escritores, académicos españoles les encanta el poder. Es una fascinación aspiracional. ¿A dónde vas a llegar si te dedicas a criticar el poder? Cualquier biografía profunda y honesta de un líder político, empresarial o una figura popular tiene unas consecuencias devastadoras: ya no te invitarán a ningún sarao. Este país es muy pequeño. Por eso las únicas biografías que hay son autorizadas, hagiográficas o directamente perezosas (¿cuántas pseudobiografías hay con títulos como «aproximación» o «tentativa»?).

Esta semana Alberto Olmos criticaba una biografía de Roberto Bolaño escrita por José Serralvo. Acusaba al autor de comprar «todos y cada uno de sus mitos, mentiras y exageraciones». Bolaño no puede quejarse, porque murió en 2003. Pero el autor… El autor ha amenazado con denunciar a Olmos por injurias.

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