The Objective
Ricardo Dudda

Un drama americano (en el peor de los sentidos)

«La película ‘El drama’ es demasiado consciente de sí misma. Todo es correcto y está demasiado medido. Los giros no sorprenden y tampoco emocionan»

Al mismo tiempo
Un drama americano (en el peor de los sentidos)

Robert PAttinson y Zendaya en ‘El drama’. | Diamond Films España

Hay películas que son muy películas y guiones que son muy guiones. A ver si consigo explicarme. El drama, que se estrena esta semana en cines y que protagonizan Robert Pattinson y Zendaya, es una de esas películas. Cuenta la historia de una pareja a punto de casarse. En una cena con amigos pocos días antes de la boda, después de varias copas, uno de ellos les reta a un juego: tienen que confesar lo peor que han hecho en su vida. Cuando llega el momento de Emma (Zendaya), confiesa algo horrible. Al principio sus interlocutores piensan que está de broma, pero cuando se dan cuenta de que habla en serio, no saben dónde meterse. Una de las amigas de Emma, que iba a ser su dama de honor, se indigna tanto que corta relación con ella.

A partir de ese descubrimiento inicial, que se produce en los primeros 20 minutos, la película se centra en la crisis de pareja subsiguiente y, especialmente, en la paranoia del novio y futuro marido, Charles (Pattinson). Su cautela y dudas al principio resultan comprensibles, pero cuanto más avanza la película más ridícula resulta su reacción, sobre todo porque el gran pecado de Emma se produjo cuando era una adolescente.

La película es desde el principio demasiado consciente de sí misma. Por eso decía que su guion es muy guion. Todo es correcto y está demasiado medido, casi recién salido del taller: cada movimiento y decisión es perfectamente transparente y autoconsciente. Los giros no sorprenden (lo que no es algo malo en sí mismo), y tampoco emocionan. En ningún momento de sus casi dos horas de metraje uno deja de pensar que está viendo una película, con sus costuras y estructuras y servidumbres. No se filtra nada de vida. Es una película muy película.

Lo que podría ser un viaje excesivo o, al contrario, una reflexión sutil, se convierte en una especie de drama/comedia de enredos demasiado encorsetada, blanca y previsible; demasiado estadounidense. Aunque no tiene nada que ver con ella, a veces viéndola pensaba en Saltburn, ese producto post-adolescente A24 con pátina provocadora que resulta igual de provocador que una copita de vino blanco (venga, ¡hoy es un día especial!) durante la cena. O en Promising Young Woman, de la misma directora, Emerald Fennell, directora de la nueva versión de Cumbres borrascosas. El drama no tiene mucho que ver con ellas, y es más interesante e inteligente, pero forma parte del mismo universo moral.

¿Y si es todo una crítica sutil al puritanismo e histeria estadounidenses, y yo no me he dado cuenta? Al fin y al cabo su director, Kristoffer Borgli, es noruego, y ya exploró la corrección política en su anterior filme, Dream Scenario, con un estupendo Nicolas Cage. Me refiero: quizá Borgli quiere denunciar de nuevo en El drama la intransigencia de la sociedad estadounidense, que sigue siendo muy protestante: el pecado nunca se expía, la penitencia es eterna. El final más o menos apunta a cierta redención, pero es insuficiente. No es una película muy sutil ni tampoco muy valiente. En el fondo, se dirige a una sociedad que sigue siendo incapaz de perdonarse a sí misma sus pecados del pasado.

Publicidad