The Objective
Ricardo Dudda

Tu niño interior 

«’¿Dónde están los adultos?’, la nueva novela de Nina Lykke, es una historia adictiva, pero a veces sentía que me enganchaba por los motivos equivocados»

Al mismo tiempo
Tu niño interior 

Ilustración generada mediante IA.

Es difícil dejar de leer ¿Dónde están los adultos? (Gatopardo, 2026), la nueva novela de la escritora noruega Nina Lykke. Es una historia fascinante y adictiva. Pero a veces sentía que me enganchaba por los motivos equivocados. Cuenta el dramático desencuentro entre una madre y un hijo. Es una novela sobre el ghosting, el gaslighting y las relaciones tóxicas, por usar conceptos de hoy, pero aplicados a las relaciones paternofiliales: un día, el hijo decide que debe cortar con su madre y nunca le da explicaciones de por qué. De hecho, considera una confirmación de la necesidad de la ruptura que ella no sepa adivinar el motivo.

Si en El aniversario Andrea Bajani narra una ruptura con la familia desde la perspectiva del hijo, ¿Dónde están los adultos? lo hace desde la perspectiva de la madre. En la novela de Bajani hay un motivo muy obvio: la violencia familiar, las manipulaciones, el resentimiento. En ¿Dónde están los adultos? la explicación parece más sociológica, y ahí es donde más cojea la novela, que a menudo es elegante y sutil y en otras ocasiones demasiado moralista.

Y eso que, en principio, es una historia muy concreta. El hijo se casa con una mujer maniática, sociópata y controladora. Ella lo absorbe y, parece, lo obliga a abandonar a su familia. Durante años, la mujer protagonista insiste, pide explicaciones, y la reacción del hijo es siempre hostil: no estás respetando mi espacio, parece que no te enteras, no quieres cambiar. La mujer va volviéndose cada vez más histérica y la crisis con el hijo provoca también su segundo divorcio. Hasta que un día el hijo decide explicarse, pero a través de una terapeuta. Escoge a una que parece que se pondrá siempre de su parte. La madre es terapeuta de parejas y se pone a investigar qué psicóloga ha escogido su hijo. En su página web descubre una entrevista con ella: «El niño siempre tiene razón. Da igual que el ‘niño’ tenga noventa años: siempre tiene la razón. En una conversación entre padres e hijos, incluso si estos últimos son adultos, siempre se debe dar más peso al punto de vista del niño». La sesión se convierte en una escenificación de esa teoría: ella tiene que aceptar todo aquello que le dice él y, si no lo hace, corre el riesgo de no poder volver a verlo.

La mujer entonces empieza a ver un patrón generalizado. El problema no es solo su hijo. ¡Es la sociedad! En el periódico, una historia sobre un niño que le da todos los días una patada en la espinilla a su profesora, que no puede hacer nada para defenderse y tiene prohibido castigarlo. «En la calle también había cambiado algo sin que nadie me hubiera avisado», escribe Lykke. Y pone el ejemplo de un viaje en tranvía. Un padre y su hija adolescente. Ella ha apoyado las zapatillas sucias sobre el asiento. Él no le dice nada. «¿Por qué no reaccionaba de ninguna manera? En lugar de eso, la miraba embobado y parecía feliz de que ella se molestara en hablar con él y quisiera sentarse con él en el tranvía». Al final, la protagonista reacciona y le pide a la joven que retire los pies, ante la incredulidad del padre, que se queda callado. «Era como si una especie de bacteria, una enfermedad contagiosa, se hubiera colado por todas partes». ¿En qué consiste esa bacteria? No se dice explícitamente. ¿Una infantilización? ¿Una tiranía de la juventud? El libro no se atreve a decir realmente lo que piensa y se queda en la insinuación, en la sugerencia.

Es obvio que no estamos ante un libro de sociología. Se me ocurren algunos muy buenos sobre estos temas, desde La cultura de la queja, de Robert Hughes, a La transformación de la mente moderna, de Jonathan Haidt. El libro de Lykke funciona estupendamente cuando no intenta enmarcar el comportamiento de sus personajes en una sociología baratilla: «La gente está fatal», «El mundo se ha vuelto loco», «ya nadie respeta nada». Es una novela inteligente y emocionante que explora cómo se han subvertido las jerarquías familiares clásicas y que, sin embargo, acaba demostrando que el amor de una madre a un hijo es incondicional, por muy subnormal que sea el hijo.

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