The Objective
Paulino Guerra

Leire sí estaba escribiendo un libro

«En sus agendas hay nombres, fechas, objetivos y situaciones, pero, sobre todo, el retrato minucioso de los vertederos políticos y de las letrinas de este tiempo»

Opinión
Leire sí estaba escribiendo un libro

Ilustración generada mediante IA.

¡Un poco de respeto para Leire Díez! Su libro de investigación ya ha superado con creces todas las expectativas. Ahí están ya las galeradas de sus prolíficas e inabarcables anotaciones, copando las portadas de los periódicos y abriendo todos los informativos. Esas libretas que le incautó la Guardia Civil no solo han sido el bombazo editorial del mes, sino que prometen convertirse en el bestseller más leído en esta temporada de renacimientos papales y acelerado hundimiento socialista. Y también en el testigo de cargo más peligroso que hasta ahora habían tenido que afrontar Pedro Sánchez y todo su Gobierno.

Tanto mofarse de que la «fontanera» del PSOE no tenía obra escrita y, a la primera de cambios, ha puesto patas arriba todo el mercado editorial. Su «obra prima», tan original y distinta, tanto en el formato como en el contenido, similar a esos diarios personales a los que se confiesa lo más reservado e íntimo, está teniendo más éxito que todos los autores de la Feria del Libro de Madrid.

Además, se trata de un reconocimiento muy merecido. Porque Leire documenta como nadie el lado más sombrío de la España sanchista, con todos esos detalles morbosos que tanto le gustan a la fachosfera. Ella sabe cómo enganchar al lector, porque hay de todo: acción, emoción y, sobre todo, misterio. Están el «one», la «reunión con P.S.», las maniobras ante la SEPI, los mensajes con la presidenta del PSOE, las citas secretas con la directora general de la Guardia Civil o los sorprendentes encuentros con la Fiscalía General del Estado.

Pero, además, con su estilo esquemático, aunque también preciso, consigue dar una visión de conjunto de todos esos inframundos habitados por personajes infames, políticos corruptos, abogados siniestros, buscavidas y pícaros del siglo XXI que componen la cara más oculta y podrida del poder sanchista.

Como si fuera el consigliere de una organización mafiosa, Leire iba anotando encuentros, fijando objetivos y evaluando el éxito de sus «andanzas» contra los Balas, las Beatriz Biedma y todos los enemigos potenciales que se iban interponiendo en el camino de la familia del «puto amo». Una valiosa fuente de información a la que tendrán que acudir los historiadores del futuro cuando quieran contar con detalle la miseria moral y el ominoso final del sanchismo. Porque en sus agendas hay nombres, fechas, objetivos y situaciones, pero, sobre todo, el retrato minucioso de los vertederos políticos y de las letrinas de este tiempo. Incluso para los más veteranos de las cloacas resulta sorprendente la frialdad, el descaro, el sentimiento de impunidad, el uso patrimonial de las instituciones y el intento de poner todos los aparatos del Estado al servicio del partido y del Gobierno.

«En realidad, se trata de aquella misma banda, aunque ahora más ampliada y detallada, de la que ya hablaba Albert Rivera en 2019»

¿Pero quiénes son y de dónde salen las Leires? Pues de esas madrasas del partido donde los aprendices de apparatchik maman desde su más tierna militancia que la obediencia, la lealtad y el patriotismo de partido se premian más que el talento a la hora de ascender en la organización. Por eso, como se percibe en los cuadernos, la canonjía, el favor, el chantaje, el desprecio a las normas y la obsesión por el poder están siempre por encima de cualquier consideración ética o legal.

En esa escuela ya se habían graduado antes con sobresaliente cum laude los Koldo, los Ábalos o los Santos Cerdán, pero también los dos más brillantes de todos: José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez. En realidad, se trata de aquella misma banda, aunque ahora más ampliada y detallada, de la que ya hablaba Albert Rivera en 2019. Porque cuando se está dispuesto a financiar con el dinero de la prostitución una campaña de primarias, a pactar con los herederos de una banda terrorista o a retorcer la Constitución para seguir en el Gobierno, todo lo demás ya se queda pequeño, aunque sea tan grave como intentar el control de la Guardia Civil, los fiscales o los jueces.

Lo mismo ocurre con Rodríguez Zapatero. ¿De dónde ha salido ese mito del faro moral de ZP? Aquel «bobo solemne», el de los «brotes verdes» y «la nada más absoluta», como lo describía Mariano Rajoy, no solo dejó al país temblando, con más de cinco millones de parados, la recaudación fiscal hundida y un déficit desbocado. No lo querían ni los suyos, que lo hacían responsable de la dramática derrota en las generales de 2011. Lo peor es que durante años se dedicó a blanquear al chavismo y ahora ya vamos conociendo a qué precio. Lo de Plus Ultra y las joyas es feo, muy feo, pero nada comparado con que un dirigente europeo presuntamente socialdemócrata haya sostenido durante tantos años la imagen de un régimen que ha provocado el exilio de nueve millones de venezolanos.

Ahora estamos en los meses finales, que son siempre los peores, los del pánico. Esos insultos desesperados de los dos Óscares no son más que manifestaciones de ese miedo, escaramuzas de distracción para esconderse en el búnker e intentar movilizar hasta el último aliento de la militancia contra esos jueces presuntamente prevaricadores que, por si acaso, no se atreven a citar por su nombre.

Pero, como suele ocurrir en este tipo de finales, se han quedado solos. Primero en la defensa de Zapatero y después en todas las artimañas para caricaturizar y convertir a Leire Díez en otra agente de la TIA. Hasta Gabriel Rufián, que siempre está ahí para echar una mano en lo que haga falta, confiesa que P.S. es Pedro Sánchez. Y eso es lo que está en juego: la cabeza del «One». No vaya a ser que, según avancen las investigaciones, un juez se atreva a ponerle nombres y apellidos a la X y a actuar en consecuencia.

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