The Objective
Luis Antonio de Villena

Temas de ahora: de Zapatero a Mario Praz

«Mi muy antigua simpatía por Zapatero empezó a verse muy venida a menos cuando, por expresidente o enviado, empezó a viajar a la Venezuela chavista»

Opinión
Temas de ahora: de Zapatero a Mario Praz

Ilustración generada con IA.

Tengo un amigo (cuarenta y tantos años) que me dijo el otro día: «¿Cuántos años lleva gobernando Sánchez?». «Unos ocho», contesté. ¿Ocho solo? Yo diría que pasa de los cien. No es rara la sensación, me di cuenta de que también yo la experimentaba un tanto. Gobierne bien o mal —a mí no me gusta—, con él cada día hay problemas, cesiones, egoísmo sobre egoísmo. Sánchez (y su entorno feo) no da tregua a los gobernados; cada día trae un incordio, y así su mandato parece interminable y cansado, muy cansado. Y ahora tiene que defender a Rodríguez Zapatero, que parece, se presume, que ha salido por peteneras.

Conocí a Zapatero durante su ya lejano primer mandato —el tranquilo— en sendas cenas monclovitas con el mundo de la cultura. Como había sido elección de Elena Benarroch, asesora estética de la mujer del presidente, eso de «cultura» era harto difuso, salvo, perdón por incluirme, Almodóvar y yo. Loles León será un encanto, pero no le veo lo que se dice cultura. En aquellos tiempos, antes de que las crisis lo vapulearan, Zapatero (alias Bambi) parecía poco brillante pero muy cordial, y desde luego a mí ni se me hubiese pasado por la cabeza que aquel hombre pausado fuera encausado un día por presunto tráfico de influencias, entre otras cosas muy graves.

Mi muy antigua simpatía por Zapatero empezó a verse muy venida a menos cuando, por ser expresidente o sépase enviado por quién —se supone que Sánchez—, empezó a viajar a la Venezuela chavista, de donde tantos han sacado dinero, como cercano amigo de Maduro, de Delcy y demás tiranos, porque la dictadura de Venezuela, que sigue, Trump solo hace gestos y nada ha arreglado, es una dictadura empobrecedora y cruel. Más o menos a la par que esos viajes de ida y vuelta múltiples, empezó a conocerse que el patrimonio de la familia Zapatero (incluidas las hijas que amaban a Obama) crecía y crecía con grandes casoplones y dinero. Al congelar las cuentas de Zapatero, por orden judicial, se nos dice que solo en una cuenta española —las debe haber extranjeras, además— llegaron transferencias en un año por más de millón y medio de euros, y es la punta del iceberg. No sé si eso es legal o no (de momento todo es presunto), pero incluso así, llama la atención que el multimillonario Zapatero, como los podemitas del comunismo-caviar, pueda haber dicho esto y no hace mucho: «Ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho». ¡Caramba! Parece algo caradura.

Y volviendo a Venezuela, un opositor que estuvo encarcelado y que conoce el régimen de Delcy y Diosdado Cabello, más duros que el detenido Maduro, el señor Lorent Saleh, haya declarado que José Luis Rodríguez Zapatero era «una de las seis personas más importantes del chavismo». Pongamos que exagera, pero algo habría. Se me hace difícil y me da pena ver al antiguo Bambi convertido —presuntamente— en un oso pardo rapaz. El auto judicial que encausa a Zapatero es muy grave y no parece que pueda ser, sin más ni más, sin indicios vehementes, la pura fabricación de un enemigo político. ¡Tremendo! ¡Con lo bien que se vive mirando al mar y leyendo buenos libros! 

Yendo en AVE a Sevilla, hace unos días, me vuelvo a angustiar con Sánchez (rodeado del señor García Ortiz, de Begoña Gómez, del noble hermano David), pero no fue por eso, sino porque el antaño perfecto y maravilloso AVE —inaugurado por otro socialista—, tanto al ir como al volver, tuvo tres cuartos de hora de retraso. Parados en el campo, la megafonía del tren nos avisa de que el parón es debido al «tráfico ferroviario». Por supuesto, hay más trenes y más viajeros que en los años noventa, obvio, ¿pero todo ello no se tuvo que haber previsto y estudiado para solucionarlo antes? ¿Y se puede seguir hablando de alta velocidad?

Tengo la impresión, se nota mucho, de que la velocidad alta solo se ejerce la mitad del trayecto, porque a menudo el tren va mucho más lento, y lentísimo cuando pasa (poco antes de Córdoba) el tramo gafe de Adamuz. Pero el nefasto Óscar Puente, ministro del ramo, dice que en España se vive la edad dorada del ferrocarril. Será un sueño. Zapatero encausado grave, el AVE mucho más que regular y el infinito Sánchez ahí resistiendo en Moncloa, de donde le costará —porque es muy hábil resistiendo, con las ayudas de Bildu et alii— muchísimo salir. Quizás haya que sacarlo, llegado el momento, en andas o de aquella forma que decíamos de niños, «a la sillita la reina». ¡Qué cansado es ya Sánchez y el sanchismo!

Para despejar psique y vida, encuentro un libro y un caballero antipático, más que ajeno a todo esto, el gran profesor y ensayista italiano Mario Praz, al que conocí en Roma, poco antes de su muerte que acaeció en 1982. El libro, publicado por Elba de Barcelona, se llama Lectora nocturna y se lo recomiendo. Es una colección de ensayos varios y no largos, muy amenos y hermosamente escritos, hecha por el propio Praz, uno de los grandes europeos, en 1953. Mario Praz fue un sabio total, coleccionista, experto en arte y en literatura y autor de obras hermosas como La casa de la vida, donde repasa el palacio que había lentamente llenado de sus colecciones, años y años. Un texto final se titula Retrato de un epicúreo. Sin duda es él mismo. No hay voluptuosidades que no sean el amor a la belleza, a la tranquilidad sin ruidos y al otoño temprano. «Jardines silenciosos y suntuosos apartamentos desiertos». ¡Por fin sin tren, sin Zapatero, sin Sánchez!

Publicidad