The Objective
Luis Antonio de Villena

Nuestra lengua y el inglés a troche y moche

«Aprender inglés es una cosa, denostar el español, otra»

Opinión
Nuestra lengua y el inglés a troche y moche

Letras. | Magnific

Renacimiento de Sevilla acaba de publicar un libro muy rico y recomendable, Antología del columnismo lingüístico en España, edición de Carmen Marimón Llorca. Diversos estudios dan entrada al periodismo que trata —tema siempre actual— el comentario y corrección de nuestra lengua y usos del idioma. Rica antología desde Manuel Rabanal, Valentín García Yebra, Luis Calvo o Manuel Seco, hasta Amando de Miguel, Rodríguez Adrados o Alex Grijelmo, con un nombre —entre tantos— que marcó un hito (y un enorme éxito) en el columnismo lingüístico: Fernando Lázaro Carreter y esos artículos, no solo sabios sino muy bien y diestramente escritos, que formaron el libro —con el título de su columna— El dardo en la palabra (1997), que se echa de menos… Es muy necesario este prologuito para hablar de la lluvia y agresión del inglés que hoy sufre el español, en parte por un fenómeno mundial de extensión del inglés como lengua internacional y base de los tecnicismos que expande la informática y de otro —este sí muy lamentable— por el esnobismo ignorante de muchísimos hispanohablantes que juzgan «fino» el inglés y carecen por entero de cultura y vivencia hondas de su propio idioma. Hace más de veinte años, el que fuera primer ministro de Francia, hace muy poco fallecido, Lionel Jospin, en una alocución ante la Unesco, dijo que «estaba resignado a aprender inglés, lo que no era buena noticia para el inglés». Veamos: Jospin se dolía —sin decirlo— de la muy fuerte decadencia del francés como lengua de cultura y lengua elegante, decadencia que no ha parado. Y de otro, advertía (pero no siempre es verdadero) que cuando mucha gente habla o chapurrea un idioma —el inglés— que solo aprende en superficie, esa lengua se simplifica y estropea, lo que es cierto, pero solo entre los hablantes mediocres. Y, ¿no hay muchos así en el inglés ahora mismo? El francés fue una lengua de élites en lugares no francófonos, pero el inglés tiene ya muy poco de elitismo, porque todos meten la cuchara en él. El inglés deviene populismo. 

El necesario y casi inevitable inglés se basa en el mundo informático que expande EEUU, no Inglaterra, en el imperialismo yanqui y en la fuerza (lo comenté otra vez) que tiene hoy entre muchos hablantes la economía del lenguaje, al hablar. Cuanto más breve y rápida una palabra o expresión, mejor. En nuestro propio idioma: «Fin de semana» no, «finde». «Por favor» no, «porfa» o incluso «porfi». Y frente al usual polisilabismo de las lenguas neolatinas, está el preponderante monosilabismo del inglés. También eso le ayuda. Pero una cosa es aprender una lengua (debiéramos saber tres, como mínimo) y otra dejarse llevar por una moda vana, al decir en inglés lo que se puede decir en español, si en español se habla. Pocas expresiones más sandias que decir: «Me encanta tu outfit», en lugar de «me encanta tu atuendo, tu vestimenta, cómo vistes»… Pero vayamos por partes: los anglicismos o galicismos o extranjerismos que llegan a nuestra lengua no son malos. Al contrario, siempre y cuando la lengua tenga el poder de deglutirlos y hacerlos suyos, en lo que el español lleva mucha ventaja al francés, verbigracia. «Fútbol» es una palabra clave al respecto. ¿Quién reconoce en ella al «football» inglés? Y claro que se intentó traducir y no parecía difícil, por ahí anda todavía y en uso «balompié», que no es mero parasinónimo de fútbol, pero este se llevó el gato al agua. Más cercano es «friki». «Carlitos está hecho un friki total»… Del inglés «freak» podríamos muy bien y correctamente decir «raro», «estrafalario», «excéntrico», «extravagante», pero reconozcamos que friki añade algo nuevo a esos términos. Pero «password» no debe sustituir a contraseña. Bastante tenemos con el hoy socorridísimo «evento», que por influjo semántico del inglés («event») pasa a dejar de lado una rica panoplia de palabras nuestras: actuación, acto, conferencia, presentación, inauguración, seminario, debate, simposio, coloquio… Y no termino. Todo eso es «evento», que originalmente en español es algo eventual, incierto, inseguro, que ocurre de repente. La generalización de «evento» (purismo aparte) empobrece nuestro idioma. En internet se dice: «Han baneado mi cuenta». Del inglés «to ban» que es prohibir. Misma raíz de «contrabando» y «contrabandista». Pero, digamos la verdad, evento, banear o friki bien son ya palabras españolas. Donde aparece la sandez total y la gratuita inserción del inglés por fatua moda vulgar, es en estos otros casos, por ejemplo: Te invitan a un estreno y terminan «save the date», o sea, «recuerda/guarda la fecha», «agenda la fecha». Inglés inútil, bobo. Una periodista (leído hace tres días) rotula en algo sentimental: Del éxito alhate‘. «Del éxito al odio». ¿Por qué diablos «hate»? Vemos que se trata de mindundis que ignoran el español y el inglés y solo les importa una monería de falso petimetre. En vez de lugar recomendable, lugar en el que estar, lugar bueno, «place to be». Inglés que no hace falta, como decir «indoor» por «interior», o «royals» (prensa del corazón) por «realeza». La tontería galopa a sus anchas en alas de la incultura y el desconocimiento de lo propio. Aprender inglés es una cosa, denostar el español, otra. ¿El tosco y vulgar Trump tiene algo imitable? La marquesa lo haría entrar por la puerta trasera.

Y ahora surge poderoso el gran nicaragüense Rubén Darío, vate por lo que tuvo de profeta. En uno de sus grandes libros, Cantos de vida y esperanza y en 1905, escribía ya: «¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?/ ¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?». Rubén se volvía contra el imperialismo yanqui; hoy el problema es el esnobismo barato de los «pichinglistas». Las lenguas viven juntas, distintas. Los idiotas tampoco lo saben. Español o inglés, estudiados a fondo. Solo eso.   

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