The Objective
Tadeu

Aldama, parte de la verdad

«Aldama seguramente esté diciendo: algunas verdades, algunas semiverdades y  algunas contraverdades, es decir, bastantes mentiras»

Opinión
Aldama, parte de la verdad

Ilustración: Alejandra Svriz.

El primer momento  esperado y realmente estelar del caso mascarillas en su penúltima semana ha sido el protagonizado por el llamado empresario Víctor de Aldama, dejando en poco la jornada del asesor Koldo García; queda lo de este lunes, donde asistiremos a la traca (perdón) valenciana final del Caballero de la triste figura de mirada perdida, el exsegundo en todo José Luis Ábalos. Son, qué duda cabe, los tres protagonistas del autosacramental, que actúa de menor a mayor petición de pena.

Aldama es por ahora, sin duda, lo más interesante que se ha ventilado en el Supremo (aparte de la extraña confesión chistorrera de Koldo, «hay dos tipos de chistorras», que aún no se sabe a qué estrategia de defensa responde).

Aldama finge como el «arrepentido colaborador» ante la Justicia, condición que le valió salir de la cárcel donde siguen pudriéndose sus dos compinches; tampoco desde que está en libertad se ha privado de dar entrevistas sonadas, e incluso de participar, como un tertuliano más, en varios de esos talk-shows tan hispanos, debatiendo de tú a tú con los especialistas en cuestiones generales, los bien llamados todólogos, porque todo lo tocan todo de oído. Es decir, se le venía venir, y se le esperaba con ganas.

El mensaje que ha querido escenificar Aldama, para no hacer el cuento largo, ha sido: «Yo pude ser el nexo corruptor como se me conoce en autos, pero sobre todo puedo ser hoy el ayudante (penal) del verdugo que ajusticie (políticamente) a Sánchez». 

Esta capacitación le está valiendo por parte de muchos medios de corte antisanchista una atención primorosa y unos miramientos exquisitos. La tentación era grande, hay que reconocerlo. El tiramantas, por muy ladrón que sea, es siempre un héroe, al menos para la parte que cree poder beneficiarse de la manta tirada. No sólo porque es sumamente útil para la (buena) causa, sino porque emocionalmente exhibe un atributo sacrificial innegable  y de superioridad ética, pues su traición al resto de la banda no le va a eximir de ir también a la cárcel, aunque sea con penas más livianas. Esto impresiona siempre. Así lo ven en esa parte que es, claramente, de parte. Los de la otra parte, que también son de parte, lo ven como un traidor deleznable que, en su caída, y con sus mentiras, quiere o puede hacer caer a los que no merecían caer, o solo un poco… vaya, lo justo para no caiga el jefe.

Aldama encarna esa venganza negra shakespeariana del gran traidor que dice «Si caigo yo, caerá también mi amos y señor». El problema con las deposiciones (en su doble acepción) de Aldama no es que  hayan tenido palmaria e inmediata recompensa penitenciaria fiscal; es que no se sabe la dosis de verdad que contienen. Aldama seguramente esté diciendo: algunas verdades, algunas semiverdades y  algunas contraverdades, es decir bastantes mentiras. Y calla más de lo dice. Y cuenta menos de lo que sabe.

El problema de este problema, redundancia, es que los mecanismos actuantes de control y fiscalización en una sociedad libre, que son los de la Justicia con J y los del Periodismo con P (misma jerarquía), o no cristalizarán en el primero caso; o llegarán tarde en el segundo.

Esta diferencia ontológica del acusado respecto al testigo obligado a decir verdad es la trinchera innoble que lo parapeta y le permite mentir por activa o por omisión. Tal mecanismo, máximamente garantista, lo único que garantiza es que muchas veces el procesado salga de rositas o vea aminorada inmerecidamente su condena gracias a esas zonas de sombra opacadas a la verdad. Es una pena, pues una cosa -no sólo respetable sino fundamental en todo Estado de Derecho- es que uno sea inocente hasta que la Justicia «final» no demuestre lo contrario, y que la carga de la prueba incumba siempre al que acusa, y que al final todo haya de regirse por el latinoin dubio pro reo; y otra distinta es que la estrategia de defensa de un acusado consista básicamente en administrar obscenamente el grado de ocultación de la verdad que pueda, en su entendimiento, ser capaz de digerir un tribunal o la opinión pública. 

Pedir al acusado lo que se le pide al testigo es hoy, con el Código penal en mano, impensable en España. (Hay otros países democráticos donde le exige la verdad, lo dejamos para otro día). El acusado puede negarse  contestar a según quién. Si bien no contestar también es una forma de contestar. No se pueden penalizar tales prácticas, pero otra cosa es que el tribunal, la fiscalía (que defiende también el interés general), no puedan  modular sus intervenciones invitando, con o sin zanahoria o palo, a salir de su mutismo doloso al reo.  Verbigracia (aparte de los careos), un mero retomar por parte del juez o jueces aquellas preguntas  y peticiones de información del fiscal o de las partes  que sean incontestadas -pero incontestables en su relevancia-  y que parecieran necesarias para el buen desarrollo del procedimiento. Aunque para ello hay que reformularlas todo lo que menester fuera, fuese o fuere. El juez no solo habla en su sentencia. La vista «oral» es para todos.

No parece, según se han ido desarrollando las sesiones, y a la espera de lo de mañana con Ábalos, y de las declaraciones finales de los encausados que puedan o no referirse al papel de Aldama  en la trama, que éste acabe el juicio respondiendo a muchos interrogantes pendientes que ni los abogados, ni los fiscales ni los magistrados, pero tampoco los periodistas le han planteado. Respuestas que, en buena lógica, permitirían completar todos los agujeros de este gruyere y los de los diferentes casos en los que están procesado estos Dalton.

Esas preguntas son, a poco que se rasque uno la cabeza, bastante elementales: Cuánto dinero ilegal obtuvo usted por cada una de sus intervenciones en todos los dosieres en los que intervino, directa o indirectamente, en las diferentes tramas.  Dónde está ese dinero, tanto el que está en España como fuera de ella, tanto a su nombre como a nombre de otros. Qué sabe usted del dinero ilegal que pudieron obtener tanto Koldo García como José Luis Ábalos en todas las operaciones en las que usted participó o respecto de las cuales tuvo usted conocimiento. Qué sabe usted, directa o indirectamente, del posible dinero ilegal que entró o salió del Partido Socialista.

Y por último: Denos todos los nombres de las personas que participaron, directa o indirectamente, a sabiendas o no, en todas las operaciones antes mencionadas. Que ya les preguntaremos. Esas preguntas, de mero sentido común, y la cantidad y calidad de las respuestas, tendrían un valor de plata de ley, nunca mejor dicho. Y luego que caiga quien caiga. En cuanto al periodismo, ay. Ketty Garat ha hecho más desde aquí que la mitad de la profesión que prefirió no investigar, negar, enfangar y calumniar.

Coda 1) Trump, veneno para la taquilla. Con el paso de las semanas, Donald Trump confirma —a su manera— la intuición de Karl Marx que merecía ser de Groucho: la historia repite, sí, pero degradada. En su caso, la repetición ya no es ni siquiera de comedia ligera: es rutina caricaturesca. Trump se parodia a sí mismo con una insistencia que, en un novelista como Eduardo Mendoza, tiene su gracia. En política, en cambio, es puro desgaste estéril y abono para el desafecto ciudadano.

El último atentado le permitió exhibir una cualidad no infrecuente en su repertorio: cierta sangre fría. La cobardía física no figura entre sus defectos principales. Pero la gesticulación posterior —esa digestión pública del suceso— devolvió el tono habitual: exceso, grandilocuencia y un punto de slapstick involuntario.

Los sondeos lo sitúan en mínimos (alrededor del 34%). Y Trump sabe —como lo sabe cualquier presidente estadounidense— que el veredicto final lo dicta la economía. En Estados Unidos se vota, más que en otros países, con el bolsillo.

Su conflicto exterior, su Vietnam particular, oscila entre ser su tabla de salvación o su sentencia. La ley le obligaría ahora, a los 60 días, a recabar el permiso del Congreso para prolongar la intervención. Probablemente no lo hará. Ya hubo precedentes: Bill Clinton en Bosnia y Barack Obama en Libia aprendieron a estirar los márgenes legales. Trump, simplemente, los estirará un poco más. Le viene bien al Partido Republicano, que podría fracturarse.

La decisión real sigue pendiente: retirarse  del teatro de operaciones o escalar. En ambos casos, con efectos inciertos, tanto para el régimen de los barbudos sanguinarios al que se enfrenta como para su propia supervivencia política. Después vendrá lo inevitable: control de daños antes de las midterms, con el riesgo de quedar legislativamente aislado y patocojeando hasta el final.

En paralelo, sus bravuconadas —las últimas suspender a España e Italia de la OTAN, cerrar bases, castigar a la Alemania de Friedrich Merz o prolongar su guerra arancelaria— han perdido eficacia. Ya no intimidan; revelan debilidad. Cuando un líder convierte la ruptura de los códigos diplomáticos en método, lo que obtiene no es fuerza, sino descrédito. Y la política exterior, al final, se parece mucho a la confianza: cuesta años construirla y muy poco dinamitarla.

Pero lo de Trump también pasará. Concretamente pasará a la historia en un par de años. Y pasará a la Historia con H, para los anales, como la gran anomalía  grotesca del primer cuarto de siglo americano. El postrumpismo sólo puede ser esperanzador.

Coda  2 ) Pujol  ha muerto (civilmente). Lo terrible de que Jordi Pujol no sea condenado por motivos de salud, lo primero -y no menos importante-  es que no podrá él (ni podremos nosotros) disfrutar de su obituario político en vida. Lo segundo, es que la ausencia de sentencia a Pujol supone irremediablemente, si no la absolución total de los crímenes políticos y morales de su nacionalismo irredento, sí el sobreseimiento indecente de  todo lo que ha supuesto el pujolismo y el postpujolismo durante 40 años en Cataluña y por ende en una España siempre inmunodeprimida por esa región. Y luego ya, cuando la biología… Es cierto que no serán Funerals d’Estat, pero allí estarán todos, en persona o en tuit, todos como un solo milhombres. (Pero siempre nos quedará la necro de AE).

Coda 3 ) Huir de Francia. Poco ha llegado a España, a pesar de ser un autor bien traducido aquí, la polémica francesa suscitada por el anuncio del octogenario escritor franco-argelino Boualem Sansal de querer huir (sic) de Francia, a los pocos meses de su indulto y liberación de las cárceles argelinas donde estaba condenado por un falso delito de opinión a varios años de reclusión. El motivo, la campaña de desprestigio de cierta intelligentsia sectaria que, para castigar el desahogo profesional (cambiar al editor que no tocaba) e ideológico (publicar en revistas conservadoras que no tocaban) que gasta el escritor desde que volvió a Francia, considera que «Nos equivocamos con él» al apoyar su liberación y al  erigirlo en ese símbolo de la libertad que, indudablemente, sí es. Si se va  Sansal, miembro de la Academia y Caballero de la Legión de Honor, por este lamentable contubernio, quien sale perdiendo es Francia, la cual debería apresurarse, si a Macron le queda algo de sentido del honor, en pedir a su ministra de cultura que cree un premio Albert Camus, más pronto que rápido, y que las deliberaciones sean breves; que es lo que habría hecho otro ministro de cultura, André Malraux.  Manuel Valls sale en apoyo cerrado a Sansal en esta tribuna (de inminente publicación en español en THE OBJECTIVE).

Cuestionario con Mostaza

Una nueva ocasión semanal de conversar con el politólogo Manu Mostaza Barrios sobre temas electorales, sociológicos y demoscópicos varios. Y además sobre fútbol: el opio nacional.

Según este estudio de SM estarían los jóvenes más derechizados que nunca…

Desde que tenemos registros, desde luego. Los menores de 24 años han estado de manera tradicional, en democracia, ubicados entre el 4,20 y el 4,8, es decir, un centro izquierda más o menos acusado, con un pico de «izquierdismo» coincidiendo con la llegada de los socialistas al poder en 1982, y luego, más de veinte años después, con la guerra de Irak. Pero los tiempos están cambiando. El proceso de «conservadurización» comenzó en 2020 y no se ha detenido. Ahora mismo están en el entorno del 5,3, pero si analizamos solo a los hombres los datos son aún más reveladores: más de un tercio se ubica en posiciones claramente de derechas, mientras que son las mujeres jóvenes las que se siguen manteniendo en el centro izquierda.   

-¿Cómo se explicaría esta clara «brecha de género»?

Mi sensación es que el proceso es más rápido en los varones que en las mujeres, pero eso no significa que no termine llegando a las chicas jóvenes. No solo vivimos en un lugar: vivimos dentro de una generación, como nos enseñó Ortega, y este proceso creo que es más generacional que de género. Aun así, fíjese qué cosas: según envejecen, las mujeres se van haciendo más conservadoras, y ahora mismo, en el tramo de las mayores de 65 años son más de derechas que sus maridos… 

-¿Habría una edad en que se alcanza  de intersección pues la, por así decirlo, paridad…?

Crecer es hacerse conservador; en general las personas mayores son más institucionales y más o menos a partir de los 35 / 40 años podemos considerar que ya hay menos brecha y se produce un giro más homogéneo hacia la derecha.

Por otro lado, ¿supone eso una vuelta de la religión a la vida de los jóvenes?

Algo de eso hay, pero de hecho lo que aumenta es la identificación como católicos de los varones; las jóvenes siguen un proceso de secularización que parece no detenerse todavía. Esto puede darnos una pista: es posible que el hecho de declararse católicos sea más un tema identitario para los hombres jóvenes que religioso. Si ser de derechas es el nuevo Punk, muchos están adquiriendo el pack completo. 

 -Pero la extrema izquierda se nutre también de mucho voto joven… ¿No indica esto una creciente  polarización?

Sin duda, así es: los jóvenes siempre están más polarizados. Recuerde lo que contaba De la Espada en su Vida de Arcadio «El grado de estupidez disminuye con la edad, pero en la juventud se da la desmoralizadora confluencia de la estupidez y la arrogancia». Lo que ocurre, por lo que hace a su pregunta, es que la extrema izquierda es hoy irrelevante en términos electorales en España. Fíjese en (lo que queda de) Podemos: tiene más tertulianos en el ecosistema mediático que diputados en los diferentes legislativos. 

-Se acerca el 17 de mayo: ¿cómo van respondiendo las encuestas en Andalucía?

Muy estables todas. El PP está en el filo de la mayoría absoluta y el PSOE sigue con la posibilidad de obtener el peor resultado de su historia en una comunidad que ha sido su feudo hasta hace cuatro días. Es sorprendente -por inusual- que, en un país de mayorías precarias, el PP andaluz esté al borde una mayoría absoluta, lo que creo que se explica por tres factores: la buena imagen de Juanma Moreno, la mala imagen de la candidata socialista impuesta por Moncloa, y el estancamiento de VOX.

-¿Irá Sánchez a batirse el cobre en una Andalucía perdida para el socialimo, o tendrá un perfil bajo en estos momentos complicados para «su persona»?

No creo que tenga ningún problema en implicarse hasta el último día de campaña y luego desvincularse por completo el lunes posterior a las elecciones. A la estrategia de La Moncloa no le viene mal ir acumulando derrotas -de los demás- para llegar a las generales con un chantaje basado en «O yo o el caos». 

 -¿A qué se debería este estancamiento de Vox, ahora que está entrando en los gobiernos autonómicos? ¿Y su postura sobre las guerras?

Es pronto para saber si entrar en los gobiernos le sirve para remontar el vuelo. De momento, creo ni el ruido interno ni el contexto internacional les ayuda: en España, cuando un partido se convierte en una jaula de grillos, empieza a dejar de ser visto como poco útil. Y en lo  internacional, somos un país poco belicista; al menos de momento. 

-¿Y cómo va la batalla campal en la extrema izquierda?

Algo crecerá, lo normal es que ambas fuerzas lo hagan, Adelante Andalucía y Por Andalucía. Ahora bien, es curioso que la única encuesta que le da más votos al «Frente Popular de Judea», el primero, el andalucista, sea la del CIS. El resto pone por delante al «Frente Judaico Popular», el comunista, el segundo mencionado, por delante. 

-Tenemos ya nuevo gobierno en Extremadura y en Aragón. ¿Castilla y León llegará en breve?

Es razonable pensar que sí. A Vox no le ha beneficiado este impasse y el momento empieza a no serle propicio. Vamos a ver si son capaces de rentabilizar su presencia en el gobierno, porque los socios minoritarios suelen ser devorados por los mayoritarios en todos los gobiernos de coalición. En cualquier organización, también en un gobierno, se cumple ese aserto mítico atribuido a Peter Drucker: La cultura [en una organización] se desayuna a la estrategia cada mañana…

 –Pero el partido de Sánchez no crece  todo lo que podría a costa de sus socios junior…

Porque ya queda muy poco espacio a la izquierda… El presidente Sánchez está por encima de los cien diputados en las encuestas porque ha compensado los votos que ha perdido por el centro con los que ha ganado en los caladeros de la izquierda y el nacionalismo. 

-Hablemos de abandono escolar temprano en España… Aquí el último estudio de FUNCAS.  ¿Qué le parecen los datos?

Los datos indican que vamos en el buen camino, y en general las regiones españolas progresan adecuadamente, como se decía en los boletines escolares de antaño. Pero fíjese si la geografía es importante: las siete regiones con mejores datos son las del norte y del noroeste. La gran mayoría de ellas están articuladas en torno al eje Atlántico, por cierto. 

-¿A qué se debería este frente «occidental»?

Detrás de la geografía está la cultura: sociedades que valoran de una forma u otra el conocimiento. El peso que, como marcador social, tiene la educación en el imaginario social y colectivo no es uniforme en nuestro país.  Y eso es difícil de cambiar por ley…

-Otro estudio de FUNCAS de abril (aquí) habla de los problemas que la IA está creando o va a crear en el empleo en nuestro país…

Nadie sabe lo que viene, seamos sinceros. Pero el estudio, liderado por Francisco Rodríguez Fernández, incide en dos hipótesis poco intuitivas hasta ahora: los puestos que más riesgo tienen de ser sustituidos por la IA son ahora las de cuello blanco y los de alta cualificación, no los puestos manuales y rutinarios. Es un cambio clave. El otro elemento fundamental: en España aunque los peligros potenciales de destrucción de empleo van en la línea europea, nuestro riesgo real es mucho más bajo, lo que los autores atribuyen al elevado componente que en muchos puestos de trabajo de nuestro país tienen tareas con componentes interpersonales, físicos o creativos, que son más difíciles de automatizar. 

¿Por ejemplo qué oficios?

Restauración, hostelería, trabajo en el campo, construcción… Al final, la parte de relación social que tiene un trabajo no sólo es buena para la salud, es también un seguro de vida, al menos de momento. 

-Cerremos con el deporte nacional y conociendo sus colores. ¿Pasará el Atleti a la final?

Tiene mucho mérito: con el presupuesto más escaso de los cuatro semifinalistas, un cuarto inferior al de su rival, las casas de apuestas le conceden en torno a un tercio de posibilidades de pasar de ronda. Es la maravillosa lógica del fútbol: el dinero no da siempre da la felicidad…

-El dinero no pesa tanto en el fútbol cuando se trata del Mundial o en la Eurocopa, ¿no? No hace tantas copas, Croacia fue semifinalista, Bélgica estuvo entre las favoritas, Ghana fue una sorpresa. En Europa, ganaron hace unas pocas ediciones Portugal y… ¡Grecia!  E Italia, una potencia histórica encadena tres ausencias mundialistas, recientemente eliminada por Bosnia…

Insisto, y esa es la grandeza del deporte en general y del futbol en particular. No siempre ganan los ricos…

-Seguramente por eso sea el opio el pueblo…

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