Cleptocracia S. A.
«En España hemos asistido al nacimiento de un nuevo régimen político: ‘el gobierno de los ladrones’, con la autocracia en una función instrumental»

Imagen creada con inteligencia artificial.
Entre sus muchas virtudes, la IA es un estupendo detector de «captaciones intelectuales impropias». Lo comprobé a las 9 de la mañana del pasado sábado 23, tras leer aquí un bien construido artículo que presentaba como novedad la definición del «sanchismo» como cleptocracia. Por supuesto, no es que un columnista disponga de derechos exclusivos para sus aportaciones o errores, pero sí es necesario que cuando se camina por la misma senda periodística, una determinada contribución al análisis, de capital importancia a mi juicio, no sea tratada como res nullius. Así lo que hubiera podido ser un interesante debate sobre el sanchismo, obliga a una reivindicación de respeto intelectual, necesaria para que los lectores de THE OBJECTIVE sepan qué se dice, y quién y cuándo lo dice.
Por eso vale la pena contrastar el contenido en IA de «antonio elorza cleptocracia the objective», que reproduzco a continuación, con el correspondiente sobre el mismo tema y publicación, que remite de modo exclusivo como cabía esperar, al contenido del artículo del día 23.
La palabra a IA:
«El término cleptocracia es un concepto central y recurrente en los artículos de opinión que el historiador y catedrático Antonio Elorza publica en el diario digital The Objective para analizar y criticar con dureza la gestión del Gobierno de Pedro Sánchez».
«Elorza utiliza esta palabra (que define el «gobierno de los ladrones» o el uso del poder público para el enriquecimiento propio) para describir lo que considera una progresiva degradación del sistema democrático español».
«Las principales claves de su argumentación en torno a este concepto en el diario son:
Degeneración democrática: En columnas recientes como PSánchez: un gánster para un milagro [6-V-2026], califica al panorama político de “democracia degenerada en cleptocracia” debido a la condescendencia y la «ceguera voluntaria» del Ejecutivo ante los escándalos de corrupción interna».
«La impunidad como norma: En su artículo Si eres leal, roba [7-I-2025], traza paralelismos con la situación de Venezuela para advertir de cómo una cleptocracia consigue imponer sus normas sin resistencia una vez que se doblegan o superan las barreras de control del poder judicial».
«Autocracia y beneficio personal: En textos como El dictador sitiado [10-VI-1925], apoyándose en tesis de pensadores como Anne Applebaum, argumenta que la eliminación de cauces legales y el control institucional abren paso directo a una alianza entre la autocracia y la cleptocracia, donde los colaboradores del poder priorizan la expectativa de lograr beneficios personales».
«A través de estas tribunas, Elorza sostiene que la corrupción actual en España no es coyuntural, sino el reflejo de un régimen político que ha sustituido los contrapesos del Estado por una estructura de blindaje a sus siglas».
«La personalización del poder, sobre el Estado, su partido y la sociedad, revela que estamos ante una ‘autocracia’ en construcción»
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Gracias, IA. Su resumen permite entender la centralidad del concepto propuesto para analizar y calificar con rigor el régimen impuesto por Pedro Sánchez, que no por el sanchismo. Nuestra cleptocracia es el punto de llegada de un recorrido político, cuyo carácter degenerativo afecta al sistema político español y pudo apreciarse desde el momento en que Sánchez impone su concepción personal del poder. El actual presidente se hizo acreedor sucesivamente a las calificaciones de caudillismo y de sultanismo, de contornos imprecisos hasta que en el curso de la crisis de la covid quedó claro el propósito de imponer su decisionismo a la división de poderes. A partir de ese punto, es ya el dictador, que dirige todas sus actuaciones a eliminar el sistema de contrapesos, característico de una democracia representativa. La personalización del poder, tanto sobre el Estado como sobre su partido y la sociedad, revela que estamos ante una autocracia en construcción, un despotismo, si volvemos la mirada a Montesquieu.
Faltaba aún una novedad, perceptible por la voluntad de Sánchez, no ya solo de controlar el sistema institucional, sino de establecer por encima del mismo un sistema de poder propio, sometido en todo a sus intereses personales: primero, perpetuarse en el mando; luego, a vulnerar en cuanto fuese necesario el orden constitucional y a proteger a su entorno inmediato de las actuaciones que estrechaban el cerco judicial sobre su corrupción. A fin de cuentas, un poder de naturaleza delictiva, suprainstitucional, al modo en que los gánsteres de hace un siglo ejercían su dominación sobre las grandes ciudades de Estados Unidos.
Las sucesivas revelaciones, desde los mensajes de la UCO y los informes de la UDEF al auto del juez Calama sobre el expresidente Zapatero, han arrojado un haz de luz sobre la naturaleza de ese proceso. No es que la autocracia degenerase en cleptocracia, al modo descrito por Applebaum, sino que en España hemos asistido al nacimiento de un nuevo régimen político: la cleptocracia, «el gobierno de los ladrones», con la autocracia en una función instrumental. El esquema de Applebaum resulta invertido. No correspondió a una democracia degradada hacer posible la actuación de Cerdán, Ábalos & Co, sino que fue la voluntad delictiva de ellos, quienes asaltaron el poder, primero en el PSOE, luego en el Gobierno de España, la que provocó la degeneración en curso.
«Sánchez se ha ganado bien, con su corte de ‘malhechores y macarras’ -Alfonso Guerra dixit- ocupar el vértice de la pirámide»
El gansterismo es piramidal, tiene a su frente un Padrino. El papel del PSOE, instrumento y víctima desde 2017, no fue ni es el de protagonista. El partido trató de resistir en 2016, siendo finalmente vencido. A cada cual, lo suyo, y Pedro Sánchez se ha ganado bien, con su corte de «malhechores y macarras» -Alfonso Guerra dixit- ocupar el vértice de la pirámide.
Por eso la explicación tiene ante todo que ser de carácter histórico. La anatomía de la cleptocracia viene después y el sistema gansteril, salvo en la omnipotencia del Padrino, carece de ordenamiento legal propio. Surgió y fue cobrando forma a lo largo de un proceso que ya describí en Pedro Sánchez, o la pasión por sí mismo, a falta entonces de los datos que fueron conocidos luego, con el caso Koldo y ahora al correrse en parte la cortina que encubría a Zapatero.
Así, siguiendo los métodos de la anastilosis en arqueología, esto es, la reconstrucción de una columna a partir de sus fragmentos, resulta posible proponer una explicación de algo en principio difícilmente explicable: cómo una socialdemocracia que llevó a cabo desde 1982 la difícil modernización del país, bajo Felipe González, al salir de una Transición en crisis tras el 23-F, experimenta sucesivas degradaciones hasta prestar sus siglas y su legitimación a una cleptocracia. Y con un político dispuesto a gobernar como un gánster a su frente. La cosa no es tan complicada como parece.
En el principio, estuvo la debilidad. Al morir Franco, el PSOE ofrecía unas siglas centenarias y unas espléndidas expectativas de futuro político, en una Europa con la socialdemocracia en auge, pero también una realidad muy pobre. La represión franquista y las divisiones internas habían dejado al PSOE histórico como un residuo inservible, y solo contaban unos núcleos activos, muy minoritarios, en el interior del país. De modo que, al ser inminente la democracia, de 1976 a 1977, el Partido Socialista se convirtió en una parada de autobús a la que acudieron en masa para viajar, desde profesionales valiosos y trabajadores no comunistas, a jóvenes sin experiencia y arribistas. Solbes y roldanes. Triunfante ya en las elecciones generales de 1977, el conglomerado, un partido de aluvión, estuvo a punto de estallar con la crisis del marxismo, donde Felipe González se vio forzado a dimitir para actualizar la doctrina.
«La descentralización y el crecimiento económico abrieron la posibilidad para una lucrativa corrupción local y autonómica»
Pero había que prevenir un nuevo estallido, y de eso se encargó Alfonso Guerra, con un oportuno cambio organizativo y sobre todo, con la implantación de una severa disciplina interna: «El que se mueva, no sale en la foto». Así el PSOE pudo vencer en las elecciones de 1982 y superar el difícil obstáculo del referéndum OTAN en 1986. El precio a pagar fue una mutilación del pluralismo interno y del espíritu de iniciativa. Entró en juego la ley de Lech Walesa: con los peces de un acuario, puede hacerse una sopa de pescado; no a la inversa.
Lo que sí podían aprovecharse, una vez cumplido el deber de obediencia, eran las ocasiones de medro personal, convenientemente disimuladas. La descentralización y el crecimiento económico abrieron la posibilidad para una extendida y lucrativa corrupción local y autonómica, que afectó tanto a socialistas como populares. En estas mismas páginas, Joaquín Leguina explicó cómo, entre los primeros, era tapada la vocación mafiosa de cada grupo mediante falsas etiquetas de apariencia progresista. Así El Pocero de Seseña creó una para la Regeneración Democrática y entre otras, en Madrid, un empresario y conseguidor, José Luis Balbás, nada menos que unos Renovadores por la Base.
Al lado de José Blanco, Balbás protagonizó la campaña de vuelta al país en automóvil y la sucesión de maniobras que llevaron al desconocido Zapatero a desbancar a Bono al frente del PSOE. Luego quiso cobrar la factura a Simancas y los dos «renovadores por la base» le negaron los votos, regalando la presidencia de Madrid al PP para más de 20 años. Fue el tamayazo, todo un ejemplo de renovación. Balbás se esfumó, pero José Blanco se mantuvo en la cima del partido, llegó a ministro y repitió el impulso renovador, propiciando que Pedro Sánchez se pusiera al frente del PSOE. Esta vez fue evitado el cobro fallido y el trío del Peugeot tomó el poder. No sin fuertes resistencias en el PSOE, finalmente vencidas. Hoy sabemos el precio pagado. Adiós partido, primero, y por fin, adiós democracia como resultado inevitable. El imperio de los ladrones, la cleptocracia, rechaza el término medio. La autocracia es su consecuencia, no su origen.
Hay, empero, una segunda parte contratante. Una cosa es llegar al poder, ejercerlo tal y como lo describe Alfonso Guerra, y otra darle el contenido que vemos, por la información de Aldama, el proceso Koldo y el auto judicial sobre Zapatero. Más allá de las jessicas, está el enlace fraudulento con grandes intereses económicos.
«Puesto en marcha con 3.000 euros, Acento Público, el ‘lobby’ de José Blanco, roza ya los diez millones de euros como cifra de negocio»
Por puro azar, llegué a atisbar personalmente su existencia en un momento originario, ya que a principios de los 80, con motivo de haber recibido tras un juicio la indemnización de un millón de pesetas de RTVE, me pregunté qué hacer con esa suma. Una colaboradora de mi equipo me sugirió que acudiera a un economista del despacho de Mariano Rubio, adquiriendo allí bonos del Estado, y así evitaría el pago de impuestos sobre el 12% aproximado de interés. ¿Cómo? Rescatándolos días antes, con pequeña pérdida. Al hacerlo, me dieron allí un vale con el cual acudí al cobro al Banco de España, por la calle de atrás, Marqués de Cubas. Todo extraño, y más cuando en la ventanilla me rechazaron la presentación del DNI. Me quedé atónito y no repetí para el año siguiente la fructífera inversión. Aquello era calderilla, pero signo inequívoco de corrupción, y en el Banco de España.
Veterano socialista y brillante financiero, Mariano Rubio era entonces subgobernador del Banco de España, y sus irregularidades, combinando corrupción y tráfico de influencias, le llevaron a la cárcel por el escándalo Ibercorp en 1996, siendo ya gobernador del Banco. Volviendo la vista al pasado, dado su prestigio, fue como si el espíritu modernizador de un Nicolás María de Urgoiti acabase a las puertas de Juan March. Él desapareció, aunque sus colaboradores siguieron activos, formalmente en la legalidad y con altos rendimientos. Son los llamados beautiful people, formados en la década anterior, que en 2004 conectan con Zapatero, económica y políticamente.
De ahí emerge un haz de estrategias inversoras, con elocuentes nombres de sociedades de inversión, del Intermoney de Miguel Sebastián a Tagomago Investments [por el islote para ultrarricos cercano a Ibiza]. Y todo en las altas esferas del PSOE. Los happy few en salsa roja. También les fue debida la introducción los hedge funds, fondos de alta especulación. El resultado: estupendas fortunas, según las declaraciones en el Congreso, datos de 2011, que dejan a un socialista adinerado como José Bono en la condición de pariente pobre.
Sin duda, siguiendo cauces legales, como el lobby de José Blanco, Acento Public Affairs de 2019, que tenía, según su publicidad, «hilo directo» e «interlocución» con los ministros José Luis Ábalos y Teresa Ribera. Acento se ha dedicado a defender los intereses hortofrutícolas de Marruecos en la UE y a Huawei. Patriotismo puro, más conexión china. Puesto en marcha con 3.000 euros, Acento roza ya los diez millones de euros como cifra de negocio. Su cofundador, Antonio Hernando, es hoy secretario de Estado económico con Sánchez. La apariencia no es de puertas giratorias, sino de vasos comunicantes.
«Resulta difícil imaginar cómo en este ambiente puede anidar el ‘progresismo’, por mucho que se airee el Foro de Puebla»
Resulta difícil imaginar cómo en este ambiente puede anidar el «progresismo», por mucho que se airee el Foro de Puebla, y ser evitada la instrumentación del Estado por intereses privados, de mucho mayor calibre que el lamentable caso Koldo. No debe extrañar que la UCO y la UDEF por iniciativa judicial, prestaran atención a un posible componente delictivo de ese entramado de relaciones económicas, extensible a Venezuela, dentro del cual, el expresidente Zapatero pudo desempeñar un papel central. Hace un siglo, el mundo de los gánsteres era ya capaz de conjugar el racket al pequeño comercio con la obtención de enormes beneficios por negocios realizados a la sombra de los poderes públicos.
En suma, la cleptocracia ha experimentado una revolución técnica, en cuanto sistema de poder político, mientras persiste su contenido incompatible con la democracia y con los intereses sobre todo colectivos, que la caracterizaban como subproducto de la autocracia. Las dimensiones que puede alcanzar la actuación judicial frente a semejante marea de corrupción aquí y ahora son impredecibles. Por algo, siniestramente, Pablo Iglesias propone la construcción de un dique que frene sus consecuencias, convocando un plebiscito sobre la forma de gobierno. Absurdo, pero ilustrativo de la gravedad de la amenaza que se cierne sobre todos ellos. Y nosotros.