The Objective
Jorge Vilches

Sacrificar a Montero

«El único objetivo de Montero en Andalucía es servir a Sánchez como sacrificio para apuntalar el relato de que se avecina el apocalipsis ultra»

Opinión
Sacrificar a Montero

Ilustración de Alejandra Svriz.

La campaña de MJ Montero solo se entiende si se asume que fue diseñada para servir a la estrategia nacional de Sánchez. Fue a la batalla electoral andaluza a la fuerza, sin ganas, sabiendo que era un castigo por desvelar sus ambiciones en los «cinco días de reflexión» del presidente. Además, en Moncloa se daba por hecho que la corrupción de su ministerio iba a estallar. Véase, por ejemplo, la extraña relación de pareja que mantuvo la exvicepresidenta con el expresidente de la SEPI. O acordémonos del caso de José Antonio Marcos San Juan, su número tres en el Ministerio de Hacienda, que escondía fajos de billetes en su casa. O pensemos que Carlos Moreno, su jefe de gabinete, ha confesado que hizo gestiones para Aldama. Con este panorama, y para no salpicar al jefe, se decidió apartarla mediante un «ascenso». De ahí que proclamara, con su habitual facundia, que Andalucía recibía a «la mujer más poderosa de la democracia».

Montero obedeció y se tragó en solitario el sapo de Adamuz -el vídeo abriéndose paso a codazos para colocarse junto al rey ya forma parte de la antología del alipori nacional- y el del funeral de los guardias civiles, donde solo escuchó abucheos. Sus apariciones se cuentan por esperpentos, cuando en cualquier campaña mínimamente cuidada se seleccionan con sumo cuidado las apariciones públicas. Si un acontecimiento no suma votos ni mejora la imagen, se evita, como hace Sánchez. Sin embargo, Montero ha ido exclusivamente allí donde era imposible salir mejor de lo que entraba.

Su guion de campaña parece escrito en Génova. ¿A quién se le ocurre decir que el asesinato de dos agentes es un «accidente laboral»? ¿Cómo es posible que prometa una «ley de lenguas andaluzas» sin base académica? ¿Quién le aconsejó centrar su propuesta en la sanidad pública cuando el fallo en el cribado se produjo durante su mandato como consejera, y cuando sufrió una ola de manifestaciones sin precedentes por su mala gestión sanitaria? Menos comprensible aún es que invoque los intereses de los andaluces quien ha luchado a brazo partido por los privilegios de Cataluña en detrimento de su propia región.

Todo ello refuerza la sensación de que el único objetivo de Montero en Andalucía es servir a Sánchez como sacrificio para apuntalar el relato de que se avecina el apocalipsis ultra. Una derrota contundente del PSOE andaluz puede aumentar el miedo a la derecha en el resto de España y movilizar definitivamente al electorado de izquierdas. Sería la clásica jugada de Sánchez: convertir un tropiezo seguro del PSOE -la derrota en Andalucía-, en un activo para su estrategia personal de continuar en Moncloa.

«Tras el 17-M y la previsible victoria del PP, el amo del PSOE tendría un caso para ahondar el miedo a que gobierne la derecha»

Sánchez solo se guía por intereses propios, de ahí que haya puesto a Montero -que no ha dejado su escaño en el Congreso- a soportar el batacazo en lugar de designar como candidata a Susana Díaz, que algún día podría convertirse en su recambio. El presidente solo necesita a Montero para presentar su cadáver político -tampoco nos perdemos nada- y proclamar una alerta antifascista como si fuera Pablo Iglesias. Es lógico: si su PSOE ha adoptado el lenguaje y las propuestas de Podemos, es natural que también use sus mecanismos de movilización. Solo así podría absorber lo que queda de las extremas izquierdas, y dejar en los huesos a Sumar y al nuevo Frente Popular que pretenden Gabriel Rufián e Irene Montero.

La campaña andaluza del PSOE, por tanto, está pensada para que Sánchez tenga una buena posición en las elecciones generales y ante el electorado de izquierdas. Tras las elecciones del 17-M y la previsible victoria del PP, el amo del PSOE tendría un caso para ahondar el miedo a que gobierne la derecha, y eso haría que los votantes extremistas del resto de España se subieran a su carro para alejar el «peligro ultra». La jugada es tan arriesgada como inútil: entre Feijóo y Abascal suman más diputados de los necesarios para la mayoría absoluta en el Congreso según las encuestas. Quizá Sánchez solo esté pensando en una derrota digna que lo deje bien posicionado para encontrar después un buen puesto internacional.

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