Abascal también tiene la llave de Andalucía
«El resultado de las elecciones le da a Sánchez el único argumento que necesita de cara a las próximas generales: el PP no puede gobernar sin la ultraderecha»

Ilustración generada mediante IA.
Juanma Moreno ganó el pasado domingo las elecciones andaluzas con el 41,6% del voto y una ventaja de 19 puntos sobre el PSOE, que firmó el peor resultado de su historia en la región. Victoria clara, rotunda y sin paliativos en las urnas. Y sin embargo, quien mejor durmió esa noche fue Pedro Sánchez.
La razón es sencilla: Moreno logró 53 escaños, dos menos de la mayoría absoluta. Para gobernar, necesita a Abascal. Igual que en Extremadura, igual que en Aragón, igual que en Castilla y León. Cuatro elecciones autonómicas en este ciclo, cuatro gobiernos del PP que dependen de Vox. Y eso le da a Sánchez el único argumento que necesita de cara a las próximas generales: el PP no puede gobernar sin la ultraderecha, ni en las comunidades autónomas ni, por extensión, en España.
Los escaños que le faltaron a Moreno para la mayoría se los llevó Adelante Andalucía, la formación andalucista de turbo-izquierda obtuvo un 9,62% que ninguna encuesta anticipó y le arrebató asientos al PP en Sevilla, Cádiz, Córdoba, Málaga y Huelva por obra de la Ley D’Hondt. La paradoja es que ese voto de izquierda no sirve para gobernar: PSOE, Por Andalucía y Adelante suman 41 escaños, a 14 de la mayoría. El único beneficiado real del resultado de Adelante Andalucía fue Abascal, que con 15 diputados vuelve a ser el árbitro de un gobierno al que nadie había invitado en la campaña.
El resultado confirma lo que el ciclo autonómico lleva cuatro elecciones demostrando sin excepción: Extremadura, Aragón, Castilla y León, Andalucía. El tripartidismo asimétrico que señalan las encuestas a nivel nacional ya es también el mapa autonómico de la derecha española. Un sistema donde solo aparece una suma de gobierno posible, la de PP y VOX, y la izquierda de momento carece de aritmética suficiente para gobernar con independencia de lo que ocurra en las urnas. Una asimetría que ningún resultado de este ciclo la ha alterado en ninguna dirección.
«Moreno demostraba que un centro-derecha sin extremismos era viable y exportable al resto de España. Esa coartada se evaporó»
Moreno era el argumento central del PP moderado. Feijóo lo bautizó «califa» en 2022 con razón: la Andalucía de Moreno demostraba que un centro-derecha sin extremismos era viable y exportable al resto de España. Esa coartada se evaporó el domingo con los dos escaños que le faltan. Moreno seguirá probablemente gobernando, pero su modelo de la pasada legislatura andaluza ya no puede ser el espejo en el que Feijóo se mira para llegar a La Moncloa.
La consecuencia más grave del resultado escapa del ámbito andaluz: Sánchez lleva dos años construyendo un relato sobre la dependencia estructural del PP respecto a Vox, y el domingo Andalucía le volvió a dar la razón. El PP gobierna con Vox en Extremadura, en Aragón, en Castilla y León y ahora en Andalucía. Cuatro regiones, el mismo esquema, la misma llave en el mismo bolsillo. Ese es el mejor argumento electoral que tiene el presidente del Gobierno, y el domingo se lo renovaron una vez más.
Feijóo necesitaba que Moreno demostrara que el PP puede gobernar solo. Moreno le ha dado la mayor victoria popular de su historia y la misma dependencia de siempre, de tal forma que Andalucía resuelve de forma definitiva el sudoku táctico del PP: Feijóo solo puede llegar a La Moncloa de la mano de Abascal y ese es el mejor argumento para que el PSOE trate de movilizar a la izquierda. Es lo que hay.