The Objective
César Calderón

El descalabro

«Lo que está perpetrando estos días el PSOE en Andalucía es una carga de caballería ligera perfectamente desorganizada y sin la menor posibilidad de éxito»

Opinión
El descalabro

Ilustración generada mediante IA.

El 25 de octubre de 1854, en la llanura de Balaclava, lord Raglan envió una orden ambigua a lord Lucan, que se la pasó de forma confusa a lord Cardigan, quien con la disciplina y flema que se le suponía a un oficial del ejército británico la interpretó como la orden de ejecutar un bello suicidio perfectamente coreografiado.

La Brigada Ligera —673 jinetes, sables al sol, banderines al viento— cargó contra las baterías rusas que la esperaban con un cariño artillero difícil de imaginar. Veinte minutos después: 110 muertos, 129 heridos, 375 caballos despanzurrados sobre la nieve de Crimea. Tennyson convirtió la masacre en poema. Pierre Bosquet, general francés que contemplaba la escena desde una colina vecina, la resumió con una frase que ha sobrevivido al imperio británico: c’est magnifique, mais ce n’est pas la guerre. Es magnífico, pero no es la guerra.

Sirve la anécdota para describir cualquier acto de ostentosa contumacia en el error sin la menor posibilidad de éxito. Sirve, por ejemplo, para la campaña que el PSOE perpetró en Extremadura hace cinco meses. Y sirve, sobre todo, para lo que está perpetrando estos días el PSOE en Andalucía: una carga de caballería ligera perfectamente desorganizada y sin la menor posibilidad de éxito en la que un grupo de oficiales incompetentes han lanzado a pecho descubierto a lo que queda del PSOE de Andalucía contra unas baterías perfectamente posicionadas y que además llevan tres semanas riendo a carcajadas.

Creía uno, ingenuo, que la campaña extremeña había tocado un suelo de incompetencia difícilmente perforable. Un líder imputado, un partido sin comunicación diferencial, sin estrategia de ataque, sin un maldito plan de campaña reconocible, sin un cartel decente, sin un lema que movilizase a nadie, una participación raquítica y un cordón a Vox que se les desató en la calle con un golpe de viento. Balance: Guardiola con mayoría holgada y los socialistas extremeños rascándose la cabeza ante un suelo histórico. Pensaba uno que peor, imposible. Error.

Porque entonces apareció el actual PSOE de Andalucía, donde alguien ha decidido superar los errores extremeños en base a convertirlos en pecados veniales, orquestando la campaña perfecta para perder las elecciones de forma dramática.

«Montero aterriza en Sevilla como esos directivos que llegan a la filial para ordenar el caos y se largan cuando empieza el incendio»

La candidata, primero. María Jesús Montero es ministra de Hacienda: la persona que cobra los impuestos y negocia —mal— la financiación autonómica aspira a presidir, precisamente, la comunidad peor financiada de España. Si en algún manual de consultoría política aparece la receta perfecta para regalar el argumentario al rival, esta es la página marcada con post-it amarillo. Segundo, el paracaidismo: Montero aterriza en Sevilla desde el Consejo de Ministros con olor a Moncloa y maletas sin deshacer, como esos directivos que llegan a la filial para ordenar el caos y se largan cuando empieza el incendio. Tercero, el carácter: una candidata antipática hasta para los suyos, con una sonrisa que parece una mueca y un tono que recuerda más a la rueda de prensa de los viernes que al mitin del sábado.

Y el remate: el lema. La sanidad pública como eje único de la campaña. Ernesto Laclau, ese argentino al que todos invocan y pocos leen, lo explicó con claridad en La razón populista: el significante vacío es aquel término que, despojado de contenido fijo, articula demandas heterogéneas y permite construir hegemonía agregando equivalencias. El detalle, querido PSOE, es que el significante vacío solo funciona cuando lo llenas tú. Si lo dejas sobre la mesa, lo rellena el rival. Y Juanma Moreno lleva semanas rellenándolo a su gusto: hospitales nuevos, contratos, planes y fotos con bata blanca. Una cosa es que la sanidad sea una preocupación —y lo es— y otra bien distinta es que se convierta en activo electoral. La gente no vota por la sanidad pública igual que no vota por la paz mundial: vota por ser atendida cuando enferma y porque a sus hijos no se los lleven al frente pasado mañana.

El resto es decorado: mitin anodino diario, atención intermitente a medios, retransmisión por X y poco más. Cuando vas 20 puntos por detrás no se juega a clasicismo táctico: desordenas el tablero, fuerzas errores ajenos, te inventas la ola. El PSOE-A llega a la última semana sin pulso, sin plan, sin nada que no sea la cuesta abajo y la inercia. C’est magnifique, mais ce n’est pas la guerre.

Tennyson, al menos, le sacó un magnífico poema a la carga de la brigada ligera. A esta carga a pecho descubierto del PSOE de Andalucía nadie le escribirá ni un triste pareado.

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