Pilar Cernuda

Oriol Junqueras

«Da la impresión de Oriol Junqueras no tiene muchas vueltas, es lo que parece que es, un independentista radical capaz de asumir cualquier iniciativa, aunque sea ilegal, aunque sea inconstitucional, con tal de conseguir sus objetivos»

Opinión

Oriol Junqueras
Foto: NACHO DOCE| Reuters
Pilar Cernuda

Pilar Cernuda

Periodista, vivió la Transición desde el ruedo, no la barrera, y su escepticismo respecto a la clase política actual –con excepciones- es inconmensurable. Y se le nota.

¿Qué tiene Oriol Junqueras para que todo el mundo lo considere un hombre de honor, un político fiable? ¿Por qué los que le tratan hablan de él como el ejemplo del político de palabra,  un inteligente estratega, un hombre admirable? Un político con principios, con unos valores morales que no suelen ser habituales entre quienes se mueven en los círculos sociales más influyentes; un hombre religioso, defensor del modelo tradicional de familia, un político sin dobleces… El amigo al que se puede aplicar el dicho de que le comprarías su coche de segunda mano,  porque sabes que en ningún caso te engañaría, jamás te daría gato por liebre.

Que se haya asumido esa imagen de  Junqueras es uno de los grandes misterios de la política actual, misterio que no se explica porque da la impresión de Oriol Junqueras no tiene muchas vueltas, es lo que parece que es, un independentista radical capaz de asumir cualquier iniciativa, aunque sea ilegal, aunque sea inconstitucional, con tal de conseguir sus objetivos. No es cobarde, salta también a la vista. Su socio y compañero Carles Puigdemont salió huyendo en el maletero de un coche, con nocturnidad y alevosía, dejando tirados a quienes estaban embarcados en el mismo proyecto, que acabaron juzgados, condenados y hoy esperan indulto o amnistía en prisión. Tendrán su indulto, Pedro Sánchez también es capaz de cualquier cosa con tal de conseguir su objetivo, mantenerse en la presidencia de gobierno.

Junqueras engañó a Soraya Sáenz de Santamaría, a la que Rajoy encargó que lidiara el toro catalán. La  aparente bonhomía de Junqueras,  su carácter dialogante, su sencillez, hicieron pensar a la entonces vicepresidenta que era creíble lo que «vendía» Junqueras, que había nacido independentista y lo sería toda su vida, pero aceptaba que  no era el momento adecuado para poner en marcha un proceso que rompería la sociedad catalana y tendría pésimas consecuencias para Cataluña. Rajoy y Soraya lo creyeron, pero cuando desde el Parlament aprobó la declaración unilateral de independencia, que solo se mantuvo unos segundos porque sus impulsores se dejaron llevar por el miedo de sus consecuencias, y cuando convocaron el referéndum ilegal, solo entonces, en la Moncloa del PP asumieron que la aparente sensatez  de Junqueras era una falacia. Vino entonces el 155 pactado con Pedro Sánchez,  la gestión del gobierno de  Cataluña por gobierno español, más  independentistas que huyeron cobardemente al extranjero …  lo que todo el mundo sabe.

Pedro Sánchez se presenta ahora como el adalid de la negociación, como si otros no hubieran negociado antes. Lo hicieron, pero fueron engañados y reaccionaron entonces con todos los mecanismos de la Ley y la Constitución  para impedir la ruptura de España y garantizar el orden y la unidad territorial.  La manera de negociar de Sánchez es muy distinta: cambia la ley para rebajar la pena del delito de sedición y promete el indulto a los condenados.

Eso no es negociar, sino entreguismo puro y duro. Junqueras, con su imagen de político noble, de palabra, engaña a Sánchez y se sale con la suya.

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