Miguel Ángel Quintana Paz

Otoño: instrucciones de uso

«Llega una edad en que te ves incapaz de decidir cuál es tu estación favorita: una voz queda te recuerda, en alguna parte, que de todas te restan demasiado pocas»

Opinión

Otoño: instrucciones de uso
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Miguel Ángel Quintana Paz

Miguel Ángel Quintana Paz

Profesor de Ética y Filosofía en la Universidad Europea Miguel de Cervantes. Mi sueño es conocer (a) Alaska. Charro y wittgensteiniano.

Llega una edad en que te ves incapaz de decidir cuál es tu estación favorita: una voz queda te recuerda, en alguna parte, que de todas te restan demasiado pocas.

(En realidad siempre fue así, pero solo ahora lo sabes).

Con todo, si te hallaras sin más remedio que escoger alguna (un niño te lo ha preguntado), elegirías el otoño. Dicen que nuestro paladar agradece los contrastes de sabores (salado y dulce). Acaso tal sea el motivo. Por un lado, comienza el curso, tu verdadero principio de año, lejano ya aquel ministro (de nombre Julio Rodríguez) que pretendió igualar el calendario académico y el natural. Por otro lado, es el otoño estación de finales: se acaban las hojas, se acaba el tiempo bueno, lejos andan ya las vacaciones.

Si te quisieras poner trascendental, dirías que también es así la vida humana y corta: apenas remontes la cuesta de inicio, ya vislumbrarás que acaba. Pero no quieres. Tu propósito es más sencillo. Dado que hoy día proliferan los tutoriales para todo, has buscado en YouTube instrucciones para el otoño: no existen (aún). De modo que vas a pergeñar aquí un esbozo. Sigue estas instrucciones y tendrás un otoño como Dios manda.

  1. No añores la primavera. Cree a Albert Camus cuando afirmó que el otoño la superaba, pues de cada hoja hacía una flor. O rememora a Samuel Butler: “El otoño es la estación más dulce, pues lo que perdemos en flores lo recuperamos con creces en frutos”. Y aunque se te terminen por caer todas esas flores parduscas, aunque se te corrompan algunos frutos, celebra, no obstante, que lo principal permanece: tronco y raíces.
  2. Recobra de tu desván el brasero, las faldillas, la camilla en torno a la cual arracimarte con los tuyos. ¿No los encuentras? Busca algo que los sustituya. Guíate por Bretón de los Herreros: “Fama cual otros no espero / Revolviendo el mundo entero / Pero / Me bebo alegre una azumbre / Mientras revuelvo la lumbre / Del brasero”.
  3. Probablemente te punce la nostalgia en estas fechas por alguna persona; y la Fiesta de Todos los Santos o de los Fieles Difuntos vendrán a ahondar esa mella. Lee entonces a Cernuda: “Los lugares idénticos parecen, / las cosas como antes, / Mas él no está, ni la luz, ni las hojas, / Y en esta calma al final del año / Llevas la soledad por toda compañía”. Avanza lento hasta el final del poema: “No le busques afuera. Él ya no puede / Ser distinto de ti, ni tú tampoco / Ser distinto de él: unidos vais, / Formando un solo ser de dos impulsos, / Como al pájaro solo hacen dos alas”.
  4. Alégrate por vivir en un mundo donde todavía hay octubres (Lucy Maud Montgomery).
  5. Es fácil querer en primavera; pero en uno de sus sonetos más famosos, el número 73, Shakespeare notó que los amores recios se asemejan más bien al otoño. Tras pintar en tonos ocres tal estación comparándola con su propia vejez (un tiempo en que las ramas vacías de pájaros recuerdan a los coros abandonados de un monasterio; un tiempo en que la oscuridad avanza; un tiempo en que quedan solo las brasas de la juventud), el bardo inglés imprime uno de sus giros vertiginosos al final del poema. Sí, llegará un momento en que todo parecerá frágil y vulnerable; pero será justo por ello que lo amaremos con más fuerza. “Todo eso lo notas; mas tu amor entonces se fortalece / para amar mejor lo que dejarás aquí por siempre”. (No hay que esperar a la ancianidad para darse cuenta de estas cosas: Shakespeare redactó estos versos a los treinta y pocos años).
  6. Vivimos tiempos en que algunos, no conformes con que caigan las hojas de los árboles, pretenden dejar también sin hojas los libros antiguos, acusando a estos y sus autores de toda suerte de delitos. No dejes que el frío llegue tan adentro. Defiende las palabras viejas. El otoño será largo y probablemente venga luego un aún más duro invierno. Pero no dejes que su frío llegue tan adentro.

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