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Patria machadiana

Foto: ARCHIVO DÍAZ CASARIEGO | EFE Fototeca

Hay un fragmento, escrito por el maestro Antonio Machado, al que acudo a menudo, y que le lavaría la cara a este país cainita si estuviera colgado en lo más alto de cada aula en cada colegio de cada provincia. Ese texto, que tiene por título “Nuestro patriotismo y la Marcha de Cádiz”, fue leído por don Antonio durante el primer centenario de la Constitución de 1812, y deja en el aire ideas, por dar algunas pinceladas, tales como “Sabemos que la patria no es una finca heredada de nuestros abuelos; buena no más para ser defendida a la hora de la invasión extranjera”, por ejemplo, o “la patria es algo que se hace constantemente y se conserva sólo por la cultura y el trabajo”. Pero, sin duda, mi favorita es ésa que reza “no es patria el suelo que se pisa, sino el suelo que se labra; no basta vivir sobre él, sino para él”. Les recomiendo encarecidamente que lean el fragmento completo si no lo han hecho ya.

Ahora bien, ¿qué quiere decir Machado con “la patria es algo que se hace constantemente”? Esta pregunta viene muy a cuento si uno se detiene a observar el panorama actual con el dramatismo que merece. Hay que alinearse con Machado para comprender que la patria no es algo estático, no es una simple frontera, una bandera que se coloca en el balcón un hoy para volver al armario mañana. Es decir, si un símbolo es estático, la patria nunca podrá simbolizarse. Desde la figura torpemente aliñada uno puede comprobar cómo la patria se mueve, porque la patria es una lengua, que llega hasta donde llegue el último hablante; la patria es educación, enriquecida ella por el contacto entre portadores; al patria es un mismo sentido de la justicia, de la ley; la patria es, en suma, la cultura que, con sus matices, rige el camino de cada quien.

Ortega, que suele presentarse como un contrapeso al noventayochismo pero que se une a él en gran parte de su corpus intelectual, tampoco lo definió mal. Para él, la patria es “lo que voy a hacer al día siguiente”. El sentido machadiano también está ahí, y da en el clavo cuando apunta que la patria es un pensamiento previo, es decir, una costumbre, un gesto reconocible. Precisamente por eso, porque hablamos de acciones reconocibles, un independentista cerril podrá levantar el muro más alto en Puente de Montañana o en el río Senia o en cualquier otro lugar donde decida poner el límite político (vuelve el estatismo), pero a uno y otro lado se reconocerán rostros, acciones, culturas. De hecho, el propio Ortega carga contra el patriotrismo, al que define como “el goce por la reminiscencia de un pasado esplendoroso”. Sólo es eso, pasado, también estáticoEl maravilloso pensador fue uno de los primeros en idear una Europa abierta, que asumiera los rasgos identitarios de cada tierra, que los aunara intentando enriquecerse con la mezcla. Movilidad. Apertura. Europa ha soportado alguna guerra mundial y algún proyecto de unión desde entonces, y aquellos párrafos aperturistas parecen quedar atrás. Por Europa crece el borreguismo que pretende cercar la cultura propia y rechazar la ajena. Se llame ‘Brexit’ o ‘Procés’, la cuestión deja un fondo mugriento: cierren la patria, es decir, cierren la lengua, la cultura, la ley, la memoria.

Cierren, cierren, cierren. Y no abran. Creen patriotismo y no patria.

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