Gabriel González-Andrio

Profesionales de la vigorexia

Se confirma que la estupidez humana no tiene límites. Es evidente que tenemos que cuidar esta carcasa llamada cuerpo humano, hay que procurar estar razonablemente en forma, sanos, etc, pero sin pasarse de rosca.

Opinión

Profesionales de la vigorexia

Se confirma que la estupidez humana no tiene límites. Es evidente que tenemos que cuidar esta carcasa llamada cuerpo humano, hay que procurar estar razonablemente en forma, sanos, etc, pero sin pasarse de rosca.

Desde hace unos meses he empezado a frecuentar un gimnasio. Un sitio que pensaba tendría vetado hasta el juicio final salvo extrema necesidad médica. Ésta llegó y me hice socio real (no honorífico, como otros). Debo reconocer que es todo un campo inimaginable para hacer estudios sociológicos.

El primer shock lo sufres cuando entras en un vestuario y te ves rodeado por auténticas montañas de músculos, fruto de hormonas y otras sustancias. La báscula y el espejo son las únicas paradas obligadas por estos profesionales del bíceps.

Uno que ya tiene sus años, no da crédito a tanta estupidez en tan pocos metros cuadrados. Puedo asegurarles que la vigorexia masculina es una enfermedad crónica y contagiosa. Bueno, la edad termina curándolo todo. Sobretodo cuando el famoso “espejito, espejito” nos pone en nuestro sitio.

El otro día escuché cómo un chaval de unos 20 años le decía a otro de más edad que veía escasa su musculatura. La realidad es que el chaval estaba como Stallone en la primera película de la saga “Rambo”. La respuesta del otro tipo fue que se calmara, que así estaba bien.

Una vez superado el trauma del vestuario acudí a la sala de máquinas (de torturas). Y empecé a escuchar una especie de aullidos como si estuvieran golpeando a alguien. Pero nada más lejos. Al otro lado estaba un tipo con la tableta de CR7 dando grititos por el esfuerzo de subir unas pesas gigantes. Todos llenos de aparatos para medir hasta el aliento.

Se confirma que la estupidez humana no tiene límites. Es evidente que tenemos que cuidar esta carcasa llamada cuerpo humano, hay que procurar estar razonablemente en forma, sanos, etc, pero sin pasarse de rosca.

Porque todos los excesos se pagan. También esa especie de obsesión de ellos y ellas por tener un “cuerpo 10”. A veces pienso que si esta gente le dedicara un 5% del tiempo de gimnasio a, por ejemplo, estudiar tendríamos auténticos Premios Nobel.

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