Roberto Herrscher

¿Quién salvará a El Salvador?

Mientras tanto, los ricos son hoy más ricos y los pobres más pobres que hace cien años. Los gobernantes de izquierda no han cumplido sus promesas: El anterior presidente, también del FMLN, terminó su gobierno salpicado por escándalos de corrupción. Y la violencia urbana produce más muertes que la guerra civil del pasado.

Opinión

¿Quién salvará a El Salvador?
Roberto Herrscher

Roberto Herrscher

Periodista, licenciado en sociología y profesor universitario. Master en Periodismo por la Universidad de Columbia y posgrado del Instituto para el Desarrollo de Periodismo Internacional de Berlín (IIJB), reside en Barcelona, donde dirige el Master de Periodismo BCNY.

Mientras tanto, los ricos son hoy más ricos y los pobres más pobres que hace cien años. Los gobernantes de izquierda no han cumplido sus promesas: El anterior presidente, también del FMLN, terminó su gobierno salpicado por escándalos de corrupción. Y la violencia urbana produce más muertes que la guerra civil del pasado.

Durante todo el siglo XIX, unas pocas familias se hicieron dueñas de las tierras, el dinero, el comercio y las conciencias en la más pequeña de las repúblicas centroamericanas. 

En la primera mitad del siglo XX, los sindicatos y el Partido Comunista intentaron quebrar ese sistema feudal: fueron masacrados. En la segunda mitad, el Frente Farabundo Martí (FMLN) y el ejército, con fuerte apoyo de los Estados Unidos, se enfrascaron en una cruenta guerra civil con miles de muertos y desaparecidos. Más de un millón de salvadoreños emigró a Estados Unidos. 

En 1992, los acuerdo de paz de Chapultepec, declararon el fin de la guerra. Y a diferencia de muchos otros países de la región, los ex guerrilleros entraron exitosamente en la contienda política. Hoy preside el país el ex comandante del FMLN Salvador Sánchez Cerén.  

¿Es esta entonces una historia de redención? Nada de eso: El Salvador está peor que nunca. Los hijos de las víctimas y los victimarios de ayer se enzarzan en una nueva guerra civil (hoy llamada “encubierta”): maras, bandas de narcotraficantes, ladrones, jóvenes sin futuro que matan y mueren imberbes, ejecuciones de la policía, ajustes de cuentas de criminales, muerte y desolación. 

Esta historia macabra la cuenta mejor que nadie el gran periodista salvadoreño Carlos Dada en el capítulo sobre su país en el libro colectivo “Crecer a golpes”, editado por Diego Fonseca. Dada muestra cómo el final de una guerra derivó en otra guerra, vacía de causas y consignas. La valiente revista digital que él dirige, “El Faro”, relata este drama todos los días. Sus periodistas trabajan hoy amenazados por las mafias. 

Mientras tanto, los ricos son hoy más ricos y los pobres más pobres que hace cien años. Los gobernantes de izquierda no han cumplido sus promesas: El anterior presidente, también del FMLN, terminó su gobierno salpicado por escándalos de corrupción. Y la violencia urbana produce más muertes que la guerra civil del pasado. Pero hay una diferencia: hoy no matan ni el Imperio ni los terratenientes: los pobres se matan entre ellos. Fueron 125 en los últimos tres días, un macabro récord.  

Algo mejoró: periodistas como Dada se animan a contarlo. Pero para el chico de la pantaloneta roja, que seguramente soñaba con jugar al fútbol y alcanzar una tenue felicidad, no fue suficiente. Su triste país (Dada lo compara con el cruel dios Saturno) sigue matando a sus hijos. ¿Quién salvará a El Salvador, hermosa tierra de volcanes y poetas, de su círculo de horror y sufrimiento?

Más de este autor

Roger Moore y los actores de nuestra vida

Uno no elige a su agente 007. Es el que le toca a su generación. La generación de mi padre creció con el James Bond del elegante y desacomplejado Sean Connery. La de mi hijo, con el complejo, traumatizado, posmoderno Daniel Craig.

Opinión

Treinta mil

Te queman la casa. Te tiran el auto al mar. Te roban todo lo que tienes. Esconden los documentos. Te niegan la información del catastro, de tu situación laboral y fiscal. Y te hacen responsable de decir exactamente cuánto valía lo que te robaron, lo que te destruyeron, lo que te escondieron. Y si das un número aproximado, te acusan de no decir con exactitud cuánto fue. “Está diciendo más; es que quiere ganar plata con esto. Calcula en su beneficio”.

Opinión

Más en El Subjetivo

Daniel Capó

Ser padres

«La paternidad consiste en volver a aprender para terminar sabiendo algo más que al principio»

Opinión