Dr Jose Cabrera Forneiro

Sin comprensión posible

Es en ese cerebro primitivo, irracional y de supervivencia, que todos tenemos controlado, donde están estas conductas de poder y odio, solo ahí hay que mirar.

Opinión

Sin comprensión posible

Es en ese cerebro primitivo, irracional y de supervivencia, que todos tenemos controlado, donde están estas conductas de poder y odio, solo ahí hay que mirar.

Aún conmocionados los vecinos del municipio de Moraña (Pontevedra) no dan crédito a lo que debió pasar por la cabeza de David, el padre que “presuntamente” mató a sus dos hijas de una manera brutal como “venganza y/o castigo” hacia su mujer tras revelar ésta presuntamente que el era homosexual y la iba a dejar por otro hombre.

Y cuando esto ocurre, todo el mundo gira la vista buscando algún psiquiatra que trate de explicar o comprender lo que ocurre en el interior de un padre, para actuar de ésta forma, porque no es posible aguantar la angustia colectiva de pensar que “cualquier persona normal pudiera hacer tal cosa”.

Y el psiquiatra al que le toca la pregunta, se pone serio, mira hacia arriba, busca en su recuerdo casos semejantes, y ante la ausencia de tales se afana por encontrar un diagnóstico que a todos nos tranquilice.

Pero y si no hay diagnóstico, y si no hay Trastorno o drogas que justifiquen tamaña cruelconducta, entonces hay que volver a las razones de siempre, las que tradicionalmente han matado, la pura venganza, el odio irracional, los celos anómalos, y tantos otros calificativos que no están en los libros de medicina pero si en los de historia.

Y no queremos mirar hacia el mal como elemento negativo por su calificación moral y fuera de la competencia científica, pero quizás también haya que ir pensando en ese mal (antagónico del bien) que subyace en el fondo de nuestros cerebros reptilianos y que solo la evolución y las culturas han enterrado afortunadamente.

Es en ese cerebro primitivo, irracional y de supervivencia, que todos tenemos controlado, donde están estas conductas de poder y odio, solo ahí hay que mirar.

 

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