Gabriel González-Andrio

Sin embargo, ¿será Cuba más libre?

Está claro que a Cuba le interesa abrirse si no quiere morir por un aislamiento que ya dura demasiado. Sin embargo, Raúl Castro parece dispuesto a morir con las botas (militares) puestas. Es decir, que nadie atisba a corto o medio plazo un cambio político en la isla.

Opinión

Sin embargo, ¿será Cuba más libre?

Está claro que a Cuba le interesa abrirse si no quiere morir por un aislamiento que ya dura demasiado. Sin embargo, Raúl Castro parece dispuesto a morir con las botas (militares) puestas. Es decir, que nadie atisba a corto o medio plazo un cambio político en la isla.

La nueva política de aperturismo y acercamiento a Cuba anunciada por Obama ha sorprendido a no pocos analistas internacionales. Después de décadas de aislamiento, Estados Unidos tiende la mano a una dictadura que tantos dolores de cabeza le ha dado.

Dicen que el Papa Francisco ha sido uno de los intercesores para el cambio, pero tampoco se sabe con exactitud cuáles han sido las claves de este nuevo posicionamiento. Sea como fuere, los miles de cubanos exiliados no ven con buenos ojos este proceso de apertura.

Dicen que no basta con el gesto de liberar a unos pocos históricos “presos políticos” encarcelados. Al parecer son muchos los que hoy están confinados en celdas con tratos vejatorios. Por otra parte, consideran que Obama ha traicionado a todos los que han dado su vida o se la han jugado para intentar derribar el régimen comunista.

Los problemas –sociales, económicos y políticos- de Cuba son profundos y nadie sabe con exactitud las consecuencias que puede tener el paso dado por la diplomacia de la Casa Blanca.

Está claro que a Cuba le interesa abrirse si no quiere morir por un aislamiento que ya dura demasiado. Sin embargo, Raúl Castro parece dispuesto a morir con las botas (militares) puestas. Es decir, que nadie atisba a corto o medio plazo un cambio político en la isla.

En toda esta partida habrá que estar muy atentos a cada jugada. ¿Estaría dispuesto Estados Unidos a favorecer el desarrollo de una Cuba con fieles aliados como Nicolás Maduro? ¿Dejará Castro que algún día se instauren los pilares de un régimen democrático? ¿Cómo se compensará el daño (físico y moral) causado a tantísimos “presos políticos”? ¿Qué papel jugará Fidel desde su “destierro”?

Hay muchas preguntas sin respuesta. Demasiadas. Dicen que las prisas no son buenas, y parece obvio que el muro cubano aún está lejos de caer. Pero se ha dado un pasito.

Nunca es tarde.

 

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