Irene Cacabelos

Sobrevivir al wifi

Hago un paréntesis en mi retiro vacacional para volver a The Objective. El médico me ha recomendado que la vuelta sea escalonada para evitar traumas innecesarios.

Opinión

Sobrevivir al wifi

Hago un paréntesis en mi retiro vacacional para volver a The Objective. El médico me ha recomendado que la vuelta sea escalonada para evitar traumas innecesarios.

Hago un paréntesis en mi retiro vacacional para volver a The Objective. El médico me ha recomendado que la vuelta sea escalonada para evitar traumas innecesarios. Por eso, y sólo por eso estoy escribiendo una columna cuando son las 23:30 de este martes (casi miércoles) de Agosto.

He intentado seguir la receta de los expertos para una desconexión total este verano, así que decidí poner 10.000 kilómetros y nueve horas de diferencia horaria de por medio. Creo que ha funcionado, o al menos eso pensaba. En un alarde de valentía desconecté la itinerancia de datos. Fue duro, pero decidí renunciar al 3G durante mi viaje. A lo que no pude renunciar fue al omnipresente wifi. Juro que lo intenté, pero la tentación fue más fuerte que mi propósito de aislamiento.

Así que si es cierto lo que cuenta esta noticia, mis datos deben estar ahora mismo en poder de la mitad de los hackers de la tierra. Y es que no ha habido wifi de cafetería, aeropuerto, hotel o restaurante en toda California que se haya escapado a mi Smartphone. Lo reconozco. He usado el whatsapp, y el Facebook, incluso Twitter (solo un poquito) pero solo con intenciones lúdicas.

Durante veinte días no he oído, leído, tuiteado nada referente a Pujol, Rajoy, el PSOE o los sindicatos. Pero que yo no haya querido ver no significa que el mundo haya dejado de girar. Es algo así como los niños que se tapan los ojos y creen que nadie les puede ver, que nada ocurre a su alrededor pero me equivocaba. Nada más poner pie en España me di de bruces con Pujol en el kiosko y al llegar a mi tierra supe que Rajoy rondaba a escasos dos kilómetros de mi casa.

“Que no cunda el pánico”, pensé. Nada ni nadie podrá estropear los diez días de descanso que todavía me quedan. De momento he recuperado el 3G y al menos estoy a salvo de “wifis” invasoras. En cuanto a los temas de mis columnas, Pujol y compañía deberán esperar. Septiembre promete.

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