Aloma Rodríguez

Un elogio

Una de mis películas favoritas de los últimos años es Declaración de guerra (2011), de Valérie Donzelli, coescrita con Jérémie Elkaïm, y basada en su historia: a su primer hijo le detectaron un tumor en el cerebro cuando aún era un bebé.

Opinión

Un elogio
Foto: Omar Lopez
Aloma Rodríguez

Aloma Rodríguez

Licenciada en Filología Hispánica. Ha publicado "París tres", "Jóvenes y guapos", "Solo si te mueves" y "Los idiotas prefieren la montaña", todos en Xordica. Es miembro de la redacción española de Letras Libres y colabora con diferentes medios.

Una de mis películas favoritas de los últimos años es Declaración de guerra (2011), de Valérie Donzelli, coescrita con Jérémie Elkaïm, y basada en su historia: a su primer hijo le detectaron un tumor en el cerebro cuando aún era un bebé. La película, la segunda de Donzelli como directora, contaba cómo la pareja ideal –Romeo y Julieta en la película– se ve obligada a reinventarse y reorientar su amor hacia otro sitio: la enfermedad del hijo. La primera película de Donzelli, La reine de pommes, era una especie de caricatura sobre lo devastador que puede ser el amor no correspondido.

Una de las virtudes de Declaración de guerra era que no hacía trampas sentimentaloides: al principio mostraba al niño pasando una revisión, es decir, contaba al espectador que la peli iba a acabar bien. Eso le permitía centrarse en la historia de destrucción y reconstrucción, que sin embargo estaba contada con guiños al musical a la comedia romántica y sus clichés y, también, al cine de acción. Además, la banda sonora mezclaba canciones originales interpretadas a dos voces por Benjamin Biolay y Valérie Donzelli, un tema de Laurie Anderson y piezas de Bach o Vivaldi con un tema de Jacques Higelin. Era fresca, alegre y emocionante. Y te enamorabas de los dos, de Valérie Donzelli y Jérémie Elkaïm.

La película estaba dedicada a la sanidad pública francesa y a todos los médicos, enfermeros y el resto del personal sanitario. Esa dedicatoria, que aparecía al final de la película, te devolvía a la realidad: no era una fábula, eso había sido real y ese niño se había salvado gracias a un sistema que funciona. Una de las cosas más difíciles es hacer elogios y homenajes, me parece mucho más fácil explicar por qué no te gusta algo que por qué sí, por eso mi admiración hacia Donzelli es tan grande. Me gustaría ser capaz de escribir un elogio y agradecimiento a ginecólogos, enfermeros, celadores, pediatras, etc., pensando en los que atendieron el parto de mi tercera hija en un hospital público de Madrid, pero extensivo al sistema sanitario público español. Como Donzelli, adelanto el final: las dos estamos bien. El sistema sanitario público es eficaz y cuenta con profesionales que se preocupan y hacen su trabajo de manera impecable: es el más eficiente de Europa y el tercero del mundo según el ranking de Bloomberg. Tenemos un enorme privilegio al contar con él. Es uno de los bienes más importantes con que contamos y es importante recordarlo y protegerlo, mucho más que las ideologías. Puede que ahora los elogios no estén de moda y que no se me den bien, pero a veces hay que hacerlos, aunque solo sea para recordar que no todo está mal, que merece la pena seguir tratando de hacer las cosas lo mejor que se pueda porque a veces se acierta.

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