Irene Cacabelos

Una alfombra para Albert Rivera

En esta semana de procesiones del Corpus y de alfombras de flores que nadie se atreve a pisar, el líder de Ciudadanos protagoniza su particular peregrinaje de pacto en pacto, de reunión en reunión hasta el acuerdo final.

Opinión

Una alfombra para Albert Rivera

En esta semana de procesiones del Corpus y de alfombras de flores que nadie se atreve a pisar, el líder de Ciudadanos protagoniza su particular peregrinaje de pacto en pacto, de reunión en reunión hasta el acuerdo final.

Dicen que todo lo que sube acaba por bajar. Ya lo sufrió en sus carnes Pablo Iglesias y ahora le toca el turno a otro líder político emergente: Albert Rivera. 

En esta semana de procesiones del Corpus y de alfombras de flores que nadie se atreve a pisar, el líder de Ciudadanos protagoniza su particular peregrinaje de pacto en pacto, de reunión en reunión hasta el acuerdo final. 

A los pies de Rivera han puesto la alfombra del poder muchos dirigentes políticos. Pisarla o no es el dilema al que se enfrenta y la decisión no es baladí. El apoyo o el rechazo a según que pactos puede costarle enteros en su carrera hacia las Generales . De hecho, y sin haber firmado todavía nada, la primera factura en forma de sondeo electoral ya ha llegado a su buzón.

Rivera se las prometía bastante felices en ese juego de la geometría variable que puso tan de moda Zapatero. Apoyar al PSOE en Andalucía y al PP en la Comunidad de Madrid parecía ser la fórmula que garantizase su equidistancia de cara a la opinión pública. Eso unido a su discurso sin matices contra la corrupción aseguraba convertirse en llave para unos y otros y ser la alternativa “sensata” al fenómeno Podemos.

Pero he aquí que es esa misma corrupción la que está poniendo en aprietos a Rivera y los suyos. En Andalucía por la nueva oleada de detenciones relacionadas con el pozo sin fondo del llamado caso Edu. En Madrid, porque a pesar de la buena sintonía con Cifuentes, nadie parece fiarse de la pulcritud de las listas en las que pueden esconderse nuevos imputados por corrupción.

Así las cosas, Ciudadanos tiene una papeleta importante. Su apoyo a Susana Díaz evitaría una nueva convocatoria de elecciones. Una opción que algunos empiezan a no desechar ante la incapacidad de la presidenta en funciones de ser investida.

En Madrid el dilema se sitúa en el tan manido discurso del cambio. ¿Apoyará Ciudadanos a un PP que para muchos simboliza el “más de lo mismo”, o participará del cambio que buena parte del electorado ha manifestado en las urnas?

Es el riesgo de intentar soplar y sorber. Que no puede ser. Rivera deberá echar cuentas pero su suflé ya ha empezado a desinflarse. Para las Generales queda un mundo, pero la importancia de esa cita electoral no debe hacerle olvidar lo urgente, que hoy por hoy es la constitución de ayuntamientos y gobiernos regionales.

Pisar la alfombra ahora, puede significar no pisarla en Noviembre. La demoscopia lo dirá.

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