Jesús Montiel

Una vacuna para todos los virus

"Es hora de preguntar a los expertos, los poetas. Una raza de hombres y mujeres curtidos en esto de permanecer aislados. Ellos llevan siglos metidos en habitaciones estrechas para defenderse de otros virus"

Opinión Actualizado:

Una vacuna para todos los virus

Los psicólogos advierten: la reclusión pondrá de manifiesto lo que había y se disimulaba. Habrá tensiones, se romperán los matrimonios que vivían fracturados, la depresión asomará su oscuridad. A medida que pasen los días de duro confinamiento seremos más irritables. Convertidos en gusanos de seda, los teléfonos serán como esos agujeros que se practican en las cajas de zapatos. Y no son exagerados, los psicólogos. Esta reclusión será dura. Aún más dura para los habitantes de Fuera: esas personas acostumbradas a una vida en las terrazas y en los parques, frecuentes de los circuitos sociales.

Es hora de preguntar a los expertos, los poetas. Una raza de hombres y mujeres curtidos en esto de permanecer aislados. Ellos llevan siglos metidos en habitaciones estrechas para defenderse de otros virus. Los que han hecho de Dentro su reino. Que conocen en qué ventana huele mejor la lluvia, cuál es la habitación de la casa donde se escucha el viento, en qué pared la luz es más impresionista. Los poetas, digo. Ellos han dejado túneles, pasadizos para llegar hasta la vida. Sus libros. Puertas luminosas excavadas en la tristeza. Mineros infatigables, extrajeron valiosas piedras, los poemas. Ellos, los poetas, ha recogido el mundo en un arca de papel, para que sobrevivamos en cada apocalipsis.

Estos días de pandemia no es que puedan ser una oportunidad. Es que lo son. Aparte de descubrir al otro, de corregir esa manía de escapar a otros lugares para no encarar nuestros problemas, podemos abrir un libro de poemas. No para evadirnos sino porque al volver del poema a la realidad, la nuestra, todo estará más oxigenado. Veremos con más claridad. El corazón estará menos nervioso. Si el poema es de verdad, claro. Si se trata de un poema que tuvo que ser escrito. Una reserva a salvo del coronavirus, donde la vida pasta.

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