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Unorthodox, la libertad narrativa

"La historia de Unorthodox es una piedra más en ese arte narrativo, que redunda en la necesidad de mirar afuera, de explorar los límites".

Los rasgos adolescentes de Esty, protagonista de Unorthodox, se enarcan, principalmente los ojos, que se han abierto más de lo habitual analizando la escena: un grupo de jóvenes, a los que acaba de conocer en ese Berlín abierto y multicultural del siglo XXI, corre por la orilla del lago Schlachtensee. Ella, con su falda bien tirada hasta el tobillo, con su camisa abrochada hasta el último botón, con el deseo reprimido y sus dogmas tiritando, ve cómo esos muchachos que sólo parecen compartir con ella la edad se despojan de sus ropas camino del agua, muestran cinturas y torsos, ríen, disfrutan, viven. En un momento dado los pierde de vista. Es entonces cuando ella se acerca a la orilla, lanza las medias lo más lejos que puede, alza el bajo de la falda e introduce las piernas en el agua. Para cuando decide quitarse la peluca y dejar su cráneo desnudo al aire, la falda y la blusa se han sumergido con ella. El plano nos muestra la sonrisa de Etsy: dirige su mirada a ninguna parte, tan perdida como ella; pero su cuerpo flota, libre.

 A Esty, la cabeza se la raparon al casarse con su prometido, un judío ultraortodoxo de Brooklyn, en la libérrima Nueva York, quien no dudará en perseguir a su ya esposa por Europa. Es el viejo relato de siempre, desde Cervantes hasta Camus, desde Voltaire hasta Woolf. Un personaje cualquiera, perdido en un contexto moderno, en cuyo interior se despierta la duda, condición sine qua non para que toda especie avance, y al que la narración lleva hacia los senderos inescrutables de la libertad. Esta libertad puede tener muchas formas, puede ser extrínseca, social, íntima o espiritual, pero todas ellas tienen en común un mismo rasgo: terminan de completar al ente de ficción desde una perspectiva existencialista. Le da sentido a la narración del personaje, en suma.

Pienso en la novela que dio paso a esta serie, escrita por Deborah Feldman, protagonista del relato. Así nació este género, y por ende el sucesivo discurrir hacia la narrativa del teatro, el cine o las series. Creo en la novela como único modelo para cincelar el concepto de libertad que yo maneje (escribo en subjuntivo, porque siempre lo veo como una hipótesis por completar). Desde el quijotismo y la Ilustración, conceptos antagónicos pero complementarios, crecen las ansias anárquicas de la mujer de Clarín y el positivismo del primer personaje de Galdós, el exterior de la calle Aribau donde correteó Laforet y los visillos que con maestría deslizó Martín Gaite. La novela y sus epígonos nacen en el XIX, con el viento de cola cervantino, como ansia para explorar al individuo, sus límites, y por ende sus libertades. No es baladí que, en este sentido, el género narrativo haya sido el que más ha contribuido al pluralismo, a la diversidad, a la democratización de la literatura. La historia de Unorthodox es una piedra más en ese arte narrativo, que redunda en la necesidad de mirar afuera, de explorar los límites de aquello que vino dado. Las escenas en que se percibe cómo Esty logra husmear esa libertad ansiada, una de las cuales se describe humildemente al inicio de este texto, son brillantes. Una obra muy digna, en opinión del que firma.

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