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Vox no debe impedir el cambio en Andalucía

Los ciudadanos andaluces, en las urnas, han votado claramente por el cambio de régimen tras 36 años de gobiernos socialistas que han dejado a la Comunidad en el furgón de cola en cuanto a crecimiento económico y empleo, con una sociedad subsidiada que clama por dar un paso adelante. El PP y Ciudadanos han llegado a un acuerdo programático que necesita de los votos de Vox para salir adelante, pero la formación que lidera Santiago Abascal, la gran sorpresa en las elecciones andaluzas, está frenando el cambio de Gobierno a cuenta de una modificación de la legislación sobre la violencia de género, en una decisión que constituye un error grave de Vox que debiera resolver con celeridad.

La violencia de género requiere de análisis y búsqueda de soluciones al margen de la batalla partidaria del día a día de la política. Y aunque en algunos puntos le pueda asistir la razón a Vox, se equivocan Abascal y los suyos en supeditar el cambio que reclaman los andaluces a esta cuestión. Es cierto que hay que revisar la legislación, porque la actual no ha servido para acabar con los crímenes machistas y plantea algunos problemas que reclaman solución. No puede concebirse una sociedad civilizada en la que todos los hombres sean vistos como responsables de los delitos cometidos por otros, del mismo modo que no todas las mujeres pueden ser responsabilizadas de la minoría de ellas que presentan denuncias falsas que pueden arruinar la vida de inocentes.

Es evidente, y el PP ya se ha mostrado dispuesto a transitar por ese camino, que la ley debe ampliar las ayudas a víctimas de violencia doméstica a los hombres. La ley vigente es mejorable desde posiciones sensatas que no eludan el grave problema de fondo y que lo aborden sin la imposición ideológica y de posturas de máximos que pueden tener consecuencias discriminatorias e injustas. Pero, sobre todo, Vox no debería con esta excusa impedir que se haga realidad el cambio de régimen que quieren la mayoría de los andaluces después de 36 años de corrupción, clientelismo y pobreza consecuencia de las políticas desarrolladas por el PSOE. Si lo hace, lo pagará también en las próximas contiendas electorales.

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