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¿Y la alta costura de París?

En las pasarelas de París, ya no hay caras sino espaldas. Decir París es decir amor, luz y moda. Coco Chanel elevó a categoría superlativa la costura.

Los franceses son listos, muy listos y saben venderse como nadie. Sus vinos no son los mejores pero sí los que más suenan, sus quesos tres cuartos de lo mismos, las estaciones de esquí no aparecen los circuitos megavip tipo Gstaad, pero en cambio son reclamo de los deportistas de élite y así lo venden.

A falta de glamour, pistas para la élite. En tenis mismo, con su Roland Garros que lo exportaban como la maravilla del mundo, hasta que llegó Nadal y los dejó mirando a Normandía porque el muchacho eclipsó el torneo.

Se mosquearon con el rey de la raqueta y comenzaron los ataques sarcásticos en los guiñoles a los triunfos deportivos españoles. El chauvinismo es su señal de identidad que a veces no les funciona como ocurrió con Rafa y como ahora ha sucedido con los desfiles de moda. Decir París es decir amor, luz y moda. Coco Chanel elevó a categoría superlativa la costura. Y continuaron su senda Coureges, Balmain, Cardin, Ricci, Lapidus, Lacoste, Yves Saint Laurent, Lempicka, Rabanne, que aunque español de nacimiento se reencarnó monsieur Paco entre otros muchos. 

Acaba de finalizar la semana de la moda de París y a diferencia de las etapas gloriosas, la repercusión ya no es la misma y Nueva York y Milan hacen más ruido con las top ten rusas de hechuras increíbles, apellidos impronunciables y novios millonarios. En las pasarelas de París, ya no hay caras sino espaldas.

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