Roberto Herrscher

¿Y para cuándo un robot gerente?

Después de 20 años, Adidas vuelve a fabricar zapatillas en Alemania. Debería ser una buena noticia para los trabajadores alemanes. Más empleo en una empresa puntera y sólida. Pero no: los puestos de trabajo que desaparecieron cuando Adidas desplazó su producción a los países del sur no volverá. Ahora la producción estará en manos de robots.

Opinión

¿Y para cuándo un robot gerente?
Roberto Herrscher

Roberto Herrscher

Periodista, licenciado en sociología y profesor universitario. Master en Periodismo por la Universidad de Columbia y posgrado del Instituto para el Desarrollo de Periodismo Internacional de Berlín (IIJB), reside en Barcelona, donde dirige el Master de Periodismo BCNY.

Después de 20 años, Adidas vuelve a fabricar zapatillas en Alemania. Debería ser una buena noticia para los trabajadores alemanes. Más empleo en una empresa puntera y sólida. Pero no: los puestos de trabajo que desaparecieron cuando Adidas desplazó su producción a los países del sur no volverá. Ahora la producción estará en manos de robots.

La noticia está en el centro de una tendencia mundial. La robotización está tomando cada vez más funciones y pronto veremos fábricas enteras en manos de máquinas y controladas por unos pocos vigilantes aburridos que pueden estar a miles de kilómetros de distancia. ¿Estamos lejos de crear fábricas donde no trabaje ni un solo ser humano? Es el sueño de los ingenieros.

Esta lucha no es reciente. En el siglo XVIII, cuando en las ciudades de Gran Bretaña se instaló la primera revolución industrial, aparecieron las máquinas de vapor y los telares automáticos. Los obreros fueron despedidos de a miles, ya se necesitaban menos para elaborar camisas o rieles de ferrocarril. Entonces surgieron los sindicatos y el pensamiento socialista.

Y en ese momento los trabajadores comenzaron a atacar a las máquinas: las culpaban de los despidos, el desempleo, el deterioro en las condiciones de trabajo, la caída de los sueldos. Para los empresarios salvajes de aquel entonces, que no aceptaban ningún control a su afán de lucro, este ataque a las máquinas demostraba que los trabajadores eran brutos, ignorantes, violentos: ¿qué culpa tenían las gigantescas máquinas de telar movidas con el vapor del agua de los ríos?

Obviamente, ninguna. Pero los creadores de las máquinas, los empresarios que las habían financiado y las usaban para acelerar la producción y eliminar a muchos de los demandantes y revoltosos trabajadores, sí que la tenían. Su sueño era producir sin obreros. Con la tecnología actual ese sueño ahora sí es posible.

Hoy el peligro ya está dejando de ser la deslocalización: esta decisión de Adidas muestra un cambio. Será cada vez menos necesario destruir empleo en los países donde los trabajadores lucharon por buenos sueldos y condiciones dignas de trabajo para llevarlos a países del otrora llamado “Tercer Mundo”, donde los sindicatos están prohibidos, los sueldos son de hambre y la seguridad en el trabajo virtualmente inexistente.

Ahora la producción puede quedarse en los países ricos. Porque el trabajo estará a cargo de robots, sin necesidad de comer y dormir y vestirse y educar a sus hijos, sin problemas de salud ni demandas sindicales. Los robots ya reemplazaron al hombre en muchas tareas repetitivas. Están avanzando sobre el trabajo técnico y especializado.

Sin embargo, en un mundo donde se deterioran día a día las condiciones de trabajo de los obreros, los altos gerentes siguen ganando más y más. Sus decisiones suelen ser repetitivas, obedecen a la misma lógica y van en la misma dirección. Entonces: ¿para cuándo un robot gerente? ¡Haría ahorrar mucha más plata a las empresas!

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