Las fundaciones vinculadas a los partidos reciben 800.000 euros al año de Exteriores
El ente que da el dinero es la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional

Ministerio de Exteriores.
Los partidos políticos son maquinarias complejas que generan una estructura que articula a cientos de personas y a entes propios o ajenos que se nutren de dinero público.
Sí, parece que las fundaciones de los partidos políticos también reciben dinero público del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación para —cito literalmente— «la realización de actividades en el marco del Plan Director de la CE a fundaciones y asociaciones dependientes de partidos políticos». El ente que entrega el dinero es la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional y no hay más información disponible para el ciudadano.
Las cantidades que reciben para esto son llamativamente altas y periódicas. Año tras año se produce un desembolso de 800.000 euros que parece repartirse entre las fundaciones con un criterio de representatividad de los partidos a los que pertenecen. Son 3.100.000 euros desde 2022 que parecen dedicarse a cooperación internacional o a su extensión y relaciones culturales, sociales o económicas con entes de otros países. Todo esto dicho si queremos pensar bien, pues es una cuestión de fe.
Este año pasado, 2025, el reparto de estos 800.000 euros ha sido el siguiente:
- Proyecto Reformismo 21 (antigua Fundación Concordia y Libertad), vinculada al PP, recibió 499.548 euros.

- Fundación Pablo Iglesias, perteneciente al PSOE, recibió 226.009 euros.
- Fundació Sentit Comú, vinculada a los comunes catalanes integrados en Sumar, recibió 9.500 euros.
- Fundación Laboratorio de Ideas Avanza, vinculada también al PSOE, recibió 22.161 euros.
- Fundación Instituto, República y Democracia, vinculada a Podemos, recibió 3.979 euros.
- Sabino Arana Fundazioa, vinculada al PNV, recibió en 2025 6.543 euros.
- Fundació Rafael Campanals, perteneciente también al PSOE (PSC), recibió 31.379 euros.

Llama poderosamente la atención que la fundación vinculada a Vox (Disenso) no reciba nada en este concepto. Pero no se equivoquen: no son estas las únicas partidas de dinero público con las que sufragamos la actividad de estos aparatos. Existen subvenciones de muy diversos entes públicos —Ministerio de Cultura, consejerías de comunidades autónomas— que otorgan ayudas a estos mismos entes. Y todo ello sin contar con la insidiosa cantidad de dinero público que desde muchos ministerios se otorga directamente a los partidos políticos, bajo abundantes y heterogéneas justificaciones. En definitiva, una red muy bien financiada con dinero público.
Cualquier partido político ansía el poder: es la propia esencia de su existencia y se vincula directamente al tan buscado triunfo empresarial, clave para la propia vida económica del partido y de las estirpes que lo lideran. Al mismo tiempo, la llegada al poder de un partido político genera una capacidad de colocación ilimitada de afines en el aparato público, sufragado con dinero de todos. Estas pretensiones se sitúan enormemente alejadas de la propia esencia de lo que, en mi modesta opinión, debería ser un partido político (desde una perspectiva moral que prácticamente a nadie interesa).
Prueba de esta definición empresarial de los partidos políticos es la propia maquinaria secundaria que se ancla a su estructura y que es objeto de esta pieza. Es más que necesario repensar el modelo de gasto público en todos los sectores e instituciones del Estado, o dentro de no tanto, no podremos pagar la factura.
