The Objective
El rincón de Espe

María Inés López-Ibor: «La tristeza ocupa más lugar en el cerebro que la alegría»

La psiquiatra conversa con Esperanza Aguirre sobre tristeza, ansiedad y la patologización del malestar cotidiano

María Inés López-Ibor (Madrid, 1968) es una de las voces más respetadas en salud mental en España: psiquiatra, catedrática en la Universidad Complutense de Madrid y autora de varias obras sobre emociones y bienestar. En su último libro, En busca de la alegría, propone mirar las emociones desde una perspectiva que va más allá del síntoma clínico y se adentra en lo que sentimos y cómo vivimos. En esta conversación con El rincón de Espe despliega su forma de entender la mente humana con claridad y sin clichés, explorando por qué conceptos como tristeza y ansiedad son parte de nuestra experiencia cotidiana y cómo eso influye en nuestra salud mental. Una charla que ofrece claves para distinguir entre sentirse bien y estar bien, y para entender cuándo el malestar es parte de la vida y cuándo se convierte en un problema.

P.- Buenos días, María Inés. No sabes la ilusión que me ha hecho que aceptaras venir a El rincón de Espe. Eres la primera doctora en medicina que viene, porque yo creo que tu especialidad es algo que va a tener muchísimo interés para todos. Esta señora que ven ustedes aquí estudió en la Universidad Complutense, se hizo doctora por la Universidad Complutense, también es catedrática, es académica y es toda una autoridad en el mundo de la psiquiatría, de la psicología y, en el fondo, de las buenas prácticas para que todos mejoremos un poco nuestra calidad de vida. Buenos días, María Inés. Gracias por venir.

R.- Muchas gracias. La agradecida soy yo. La verdad es que para mí es un placer, y además me encanta que quieras, en este rincón, hablar sobre mi especialidad y la salud mental, que es un tema importantísimo. Así que gracias por haberme escogido.

P.- Al contrario, yo creo que cada vez sabemos todos más de la salud mental, entre otras cosas porque vivimos más años y porque se han descubierto muchas cosas, pero a mí me ha interesado mucho que tú te has interesado especialmente y has escrito un libro sobre ello que se llama En busca de la alegría. Es tan importante la alegría que yo quería que explicaras a nuestros espectadores que si no están alegres ahora mismo, ¿qué pueden hacer para estarlo? ¿Y cómo defines tú la alegría?

R.- Bueno, la alegría es un sentimiento. Cuando algo bueno nos sucede, nos sentimos alegres. Pero también tiene que ver con la manera de cómo somos nosotros o cómo respondemos. Hay rasgos de nuestra personalidad que tienden a ser más alegres. Y yo lo que creo es que se puede convertir en una vivencia. Mi abuelo decía que las vivencias eran esas cosas que nos pasan y forman parte de nuestra biografía. Entonces, tenemos que trabajar para que los hechos alegres ocupen mucho en nuestro cerebro, en nuestro corazón, los recordemos, los vivamos y aprendamos a ver lo alegre, no solo lo triste. A lo mejor un día muy duro está uno muy triste porque ha pasado algo duro, porque ha fallecido un familiar, por ejemplo, pero también puedes ver cosas alegres: te han llamado amigos que te quieren, te acompaña tu familia, hablan bien de tu padre que ha muerto hace poco… todo eso lo puedes trabajar y sentir, no quedarte solo con tu dolor, que al final de la vida si no tendremos una vida mucho más triste.

P.- Es cierto. A mí me ha sorprendido de tu libro que que dices que en los momentos de tristeza nuestro cerebro trabaja mucho mejor. O sea, para para escribir o hacer una tesis o algo así es conveniente estar triste más que alegre, que está uno en otro rollo. Claro, está uno tan contento y alegre.

R.- Se ha estudiado y es cierto que la melancolía te hace reflexionar, pensar, analizar más. Eso a lo mejor te hace fijarte más en los detalles y cuando estás más alegre, no tanto. También se han hecho análisis de neuroimagen que demuestran que la tristeza ocupa más lugar en el cerebro que la alegría. Utilizamos más áreas del cerebro cuando estamos tristes, quizá para tratar de salir de ello. Es un sentimiento adaptativo. Si no te entristeces cuando pasa algo malo, es que eso no te importa. Y luego lo tienes que analizar. Entonces eso ocupa lugar. Pero yo también creo que podemos tratar de que la alegría ocupe más lugar para el final de la vida, tener una vida más plena, no solo una vida más triste.

P.- ¿Y eso cómo se hace? ¿Cómo hacemos para que las alegrías que hemos tenido, recordarlas? ¿Habrá que escribirlas en una tarjeta?

R.- Hay que escribirlas, hay que hablarlas, hay que sentirlas. Por ejemplo, un día bueno, a lo mejor pues pasa desapercibido. Pero si es un día especial porque haces un viaje con unos amigos, luego es el tiempo que lo preparas, el viaje…

P.- Las fotos, que tenemos ahora, que antiguamente no había fotos.

R.- Y todo eso al final lo piensas, lo sientes, utilizas la memoria, utilizas el recuerdo, utilizas el lenguaje, porque todo eso hace que ocupe, ocupe en nuestro cerebro y en nuestro corazón.

P.- Pues esa es la parte, yo creo que más positiva, para que todos nos pongamos alegres, pero es verdad que ahora hay muchísima gente que no está tan saludable desde el punto de vista mental, y por eso te quería preguntar: Dentro de las enfermedades, ¿cuál es la más común, por ejemplo, entre las mujeres y en cambio los hombres que otras enfermedades mentales tienen?

R.- La más frecuente y la más común, y además la que su incidencia y su prevalencia ha ido aumentando en los últimos 20 o 30 años, es la depresión y los cuadros de ansiedad y además…

P.- ¿Qué es un cuadro de ansiedad? Depresión todos sabemos lo que es, pero un cuadro de ansiedad, ¿qué es?

R.- La ansiedad tiene dos aspectos importantes: se nota más físicamente —afecta al sueño, tienes molestias, o dolores, o molestias gastrointestinales— y es ese estado de alerta permanente. Estás como hipertenso, hipervigilante porque algo va a suceder.

P.- Te va a suceder algo malo.

R.- La ansiedad es la respuesta al estrés. Es normal que tengamos ansiedad. Si no tuviéramos ansiedad no podríamos funcionar. Pero a veces es tan excesiva o tan desproporcionada que se convierte en patológica, y estás hipertenso y eso no te permite funcionar.

«Hay depresiones más leves, más moderadas y más graves, como en cualquier enfermedad»

P.- Claro. ¿Y la depresión? Pues todos sabemos lo que es la depresión. Y hay medicación que la palía, por lo menos, no sé si la quita totalmente, pero, ¿es más frecuente en los hombres o en las mujeres, la depresión?

R.- La depresión es más frecuente en las mujeres. No se sabe bien la causa, pero hay factores hormonales que inciden en la depresión. También estamos viendo que en los varones a lo mejor son depresiones un poco más enmascaradas, las somatizan o hay más consumo de alcohol y detrás de eso a lo mejor hay un cuadro depresivo. Pero a mí también, lo que me gustaría decir es que cuando alguien habla de enfermedad mental tiende a pensar en que son todas graves y que necesitan tratamientos muy intensos. Hay depresiones más leves, más moderadas y más graves, como en cualquier enfermedad. Yo creo que dentro de unos años los psiquiatras las clasificaremos como…

P.- Con un número, como el cáncer.

R.- Como el cáncer, en estadio uno…

P.- Que yo he tenido del uno, pero hay hasta el cuatro.

R.- Sí, y creo que eso nos ayudará a entenderlo mejor, porque en el estadio uno a lo mejor solo necesitas terapia, buenos hábitos, mientras que en el estadio cuatro vas a necesitar otras cosas, pero si las detectamos pronto…

Foto: Víctor Ubiña

P.- No vas a pasar de número.

R.- Y ese es un trabajo que vamos a tener que ir haciendo.

P.- Además de la depresión, que es algo que todo el mundo conoce, también hay otras enfermedades mentales bastante comunes. ¿Cuál destacarías tú como más común después de la depresión?

R.- Pues yo creo que hay varias. Una en población joven y no tan joven: los trastornos del comportamiento alimentario.

P.- La anorexia.

R.- La anorexia, la bulimia, el trastorno por atracón…

P.- A mí me pasó una cosa. Yo cuando era presidenta de la Comunidad fui a un hospital, me parece que era el Reina Cristina, que tenía una unidad nueva de alimentación, contra la anorexia y la bulimia. Y entonces llegué y eran todas bastante guapas. Te diría que guapísimas, maquilladas, estupendas. Y a una le dije: «Pero bueno, ¿pero tú qué haces aquí? Pues tú estás estupendamente». Y me contestó: «Que una persona como usted me diga que estoy estupendamente quiere decir que me sobran unos cuantos kilos». O sea, ¡le parecía un insulto!

R.- Claro es que…

P.- Porque ellas se ven gordas.

R.- Tienen un problema, y hay investigaciones que demuestran que tienen una alteración en cómo se perciben. A los demás, nos parecen normales, pero ellos tienen esa distorsión de la imagen corporal y es en lo que hay que trabajar. No es un tema de simplemente estar delgada.

P.- Que yo tampoco soy una gorda impresionante, pero «que una persona como usted me lo diga»… Le pareció un insulto total.

R.- Ay, pobre… Y además de los trastornos de comportamiento alimentarios…

P.- Eso es en los jóvenes.

R.- En los jóvenes. Ahora lo que vemos también son muchos trastornos por dependencia, ya no solo al alcohol u otras drogas, sino a las nuevas tecnologías.

«Las enfermedades se expresan de manera diferente. Cuando uno es más joven, hay más cuadros de ansiedad»

P.- Bueno, bueno. Yo es que cuando veo cuanto tiempo estoy yo, que me considero que no estoy mal de salud mental, cuánto tiempo estoy de media a la semana, que suelen ser seis horitas. Pero claro, también es nuestro trabajo.

R.- Claro, ahí hay que distinguirlo. Es verdad que cuando te llega la notificación al móvil de lo que lo has usado, yo también digo «uy, a ver si esta semana me me he pasado y trato de controlarme». Pero uno no se puede engañar. Cuánto lo usamos para trabajar y cuánto lo usamos como ocio. Y a veces esto genera una dependencia porque es un consumo muy rápido de muchas cosas, y yo creo que eso genera muchos problemas de atención y de ansiedad y de dependencia.

P.- Seguro, seguro. Y entre la gente mayor, ¿qué problemas hay? Bueno, evidentemente, pues me imagino que los dolores, la salud, el que te has quedado más dependiente en el sentido físico, ¿no? Falta de movilidad o…

R.- Yo creo que es que las enfermedades se expresan de manera diferente. Cuando uno es más joven, hay más cuadros de ansiedad. Cuando uno está en la edad media en la que puedo estar yo, son más frecuentes…

P.- ¿Cuál es la tuya, Inés?

R.- ¿Mi edad? 57.

P.- Es que me lo han preguntado aquí y yo he dicho: «Pues yo creo que tiene 20 menos que yo».

R.- Sí. Y luego en las personas mayores, lo que tienen, esos dolores físicos, esas somatizaciones, pues a lo mejor detrás hay cuadros también de ansiedad, de depresión, de soledad, de angustia…

P.- Y por qué te dio por hacerte psiquiatra?

R.- Cuestión familiar, yo creo: soy hija, sobrina y nieta de psiquiatras y en mi casa se hablaba mucho de psiquiatría. Siempre fui buena estudiante y me gustaba la medicina, pero también me gustaban mucho las matemáticas y recuerdo que mi madre no quería que hiciese medicina.

Foto: Víctor Ubiña

P.- Porque tu madre no es del clan López-Ibor.

R.- Y porque decía que iba a ser muy duro y que iba a tener que trabajar un montón. Entonces yo me fui un verano de veranear en Mallorca y dije: «¿qué hago?». Me había matriculado en una universidad para hacer económicas y medicina. Y dije: «no quiero llegar a los 40 y decir ‘me he equivocado’». Y entonces entré en medicina.

P.- ¿Hiciste las dos?

R.- No, no, decidí hacer medicina y desde el minuto uno me encantó. Luego me gustaba mucho todo lo que era neuroimagen y el cerebro. Pero al final la especialidad que más me gustaba, y estoy encantada de haberla hecho: psiquiatría. No podría haber hecho otra.

P.- La neuroimagen y el cerebro, a mí, que soy una ignorante total, me chocó mucho que las nueces, una vez que las pelas, las partes, resulta que son iguales que el cerebro.

R.- Es verdad. Son muy parecidas, con esos surcos y esas fisuras.

P.- Sí, con los surcos, y están partidas por medio. Exactamente como nuestro cerebro. ¿Y qué tenemos que hacer para cuidar al cerebro?

R.- Todo lo que cuida el cuerpo cuida al cerebro. A mis pacientes les digo que tenemos que hacer seis cosas para estar bien y dos para sentirnos bien cada día.

P.- Seis para estar bien.

R.- Estoy segura, Esperanza, que son las mismas que les enseñaste a tus hijos de pequeños.

P.- A ver.

R.- Porque en castellano tenemos «ser» y «estar». Seis: Dormir bien.

P.- Dormir. Sí, yo duermo muy bien.

R.- Comer bien.

P.- Comer, bueno…

R.- Una dieta equilibrada, que tenga de todo porque absorbemos todo. O sea, nuestros neurotransmisores, muchos de ellos tienen que ver con la dieta. Cuidar la higiene, hacer ejercicio.

P.- ¿Ejercicio…?

R.- Con caminar 40 minutos diarios sería suficiente. Si además uno hace más ejercicio, mejor, pero para el cerebro caminar es fundamental.

P.- 40 minutos.

R.- Aprender algo nuevo cada día, tratar de memorizar algo, recordar cosas.

P.- Uy, aprender algo nuevo. ¿Qué difícil, no?

R.- Sí, pero no es un idioma nuevo, es aprenderte alguna cosa, tratar de recordar algo.

P.- O sea, leer…

R.- Y tratar de recordar lo que has leído. Hay gente que le gustan los sudokus o cualquier cosa. Y la sexta, que para mí es superimportante: tener momentos de silencio. Hay gente que es capaz de meditar y poner el cerebro en blanco. Yo eso lo considero… En mi caso es muy difícil, pero sí sé quedarme mirando un cuadro, mirando un detalle.

Foto: Víctor Ubiña

P.- Silencio. ¿Cuánto tiempo?

R.- Pues varias veces al día, pero minutos. Y ahí quitas mucho el ruido. Porque además, hoy en día con el móvil estamos haciendo mil cosas a la vez. Estamos cocinando al tiempo que contestamos un WhatsApp y leemos el periódico. Y eso genera mucho ruido en el cerebro. Para sentirse bien yo creo que hay que hacer dos cosas cada día.

P.- Esto es para estar. ¿Y lo otro…?

R.- Para sentirse.

P.- Para sentirse. A ver.

R.- Una sería hacer una pequeña cosa por los demás, pero no para que la otra persona te lo agradezca. Pero si tú lo haces con la intención, pues a lo mejor eso te hace sentir bien. Que puede ser llamar a un amigo que lo está pasando mal, o a mis jóvenes les digo «sacad el lavaplatos para que no lo tenga que hacer tu madre», pero tú no lo haces para que tu madre te lo agradezca. Y la siguiente cosa es pensar que la vida tiene un sentido en este momento. Para algunos ser estudiante, para otros trabajar… Y pensar que qué sentido tiene. Y a lo mejor el sentido no es para uno mismo, es para los demás. A lo mejor pienso en mi vida y digo: «yo ya he vivido bastante».

P.- ¡Hombre…!

R.- ¡Y me gustaría seguir viviendo más!, pero a lo mejor mi vida tiene sentido porque lo tiene para mis amigos, para mis pacientes, para mis hijos, para mi madre, para mis hermanos… Entonces, si uno lo ve así y lo trabaja, o lo piensa, o le dedica un minuto, pues yo creo que tendría menos pacientes en la consulta.

P.- Tendrías menos pacientes, sí.

R.- El ejercicio, el caminar. Yo a mis pacientes desde hace muchos años les pongo en su tratamiento, aparte de la medicación que tienen que tomar, si es que les toca, que tienen que caminar una hora diaria. Y cuando vuelven: «¿Ha hecho el tratamiento?», «Sí, me he tomado esto, esto… Pero no he caminado». Y digo: «Pues no ha hecho todo el tratamiento».

«Hay que hablar de salud mental en positivo, porque todo el mundo cuando decimos salud mental piensa en enfermedad mental»

P.- Claro.

R.- Es como no hacer fisio si te operan.

P.- Claro, claro.

R.- Entonces la idea es que hay que hablar de salud mental en positivo, porque cuando sacamos el tema pensamos «enfermedad mental». Y es que es lo contrario. Si cuidamos nuestra salud mental, habrá menos enfermedad mental.

P.- O sea, tenemos que cuidar que nuestro cerebro no se vea afectado por las cosas tristes de la vida. Pero es muy difícil, siempre hay momentos de tristeza, creo yo.

R.- El sufrimiento forma parte del ser humano. Tenemos que sufrir y eso no es necesariamente malo. Lo que es malo es el sufrimiento innecesario. Los duelos hay que hacerlos y llevan un tiempo. En algunas personas más, en otras menos, en distintos momentos de la vida, pero no son necesariamente malos.

P.- No, es evidente que es así. Y luego recordar las alegrías.

R.- Trabajar mucho y disfrutar de pequeños detalles de la vida cotidiana. Porque al final eso es importante.

P.- Luego los que sí de verdad están enfermos mentales graves, que yo sepa, pues la esquizofrenia y este tipo de cosas, cuando tú te encuentras con un caso como esos, ¿qué les puedes recomendar a los familiares o al enfermo?

R.- Son enfermedades muy complicadas, en algunos casos graves, en otros no. Pero fíjate: la familia y el propio paciente, cuando son conscientes de que tienen una enfermedad y se lo explicas bien, casi les produce un poco de alivio, porque entienden que eso que les está pasando tiene un tratamiento. Que a lo mejor es complicado, con algunos efectos secundarios, o no, pero entienden que eso es la enfermedad, que no son ellos.

P.- Que no tienen la culpa.

R.- Y que no tienen la culpa. No son enfermedades que uno se las provoque, para nada. Son enfermedades que aparecen por miles de causas. Hay factores genéticos, ambientales y, al final: mala suerte, como cualquier otra enfermedad. Pero si uno entiende que es una enfermedad y le pones un tratamiento, pues incluso el paciente se alivia.

P.- Y a los niños que están terminando el bachillerato, que tienen que tomar una decisión sobre su vida futura —he dicho niños, pero en el fondo son jóvenes adolescentes—, ¿qué les recomendarías? Tú has dicho que dudaste entre algo tan diferente como Económicas o Medicina.

R.- ¿Yo qué les recomendaría? Que hagan lo que les pida el corazón, lo que ellos crean, y que tiren un poquito para arriba. Que si pueden…

P.- ¿A lo más difícil, quieres decir?

R.- Sí, que no sea simplemente por el esfuerzo, porque sea una carrera más larga, una formación profesional más larga, sino porque te guste y que lo hagan con cariño. También les diría que no por tener muy buenas notas tienen que escoger carrera alta, sino que te tiene que gustar, porque si no ahí hay mucho fracaso también.

P.- Bueno, es verdad que los que tienen más de un 9 eligen medicina, pero yo siempre he pensado que lo hacen y tienen mucho mérito, porque son seis años el grado, más luego el MIR, más luego… ¡Uf!

R.- Es larga, pero es una carrera preciosa. Desde tercer curso ya estás en los hospitales, ya estás viendo pacientes, tiene esa parte práctica. Es una carrera muy bonita, muy bonita. Muy larga, pero bonita.

Foto: Víctor Ubiña

P.- Pues una última pregunta. Y esta es muy triste. Hace poco que ha habido el accidente este, donde yo he visto que una pobre niña de seis años se ha quedado sola. Han muerto sus padres, sus hermanos, su abuela… Esa niña, bueno, quizá es pequeña, y eso si en vez de seis hubiera tenido 16 o 26, hubiera sido peor, ¿no?

R.- Esa niña va a tener un dolor importantísimo, pero también va a depender mucho del apoyo que tenga ahora y de los vínculos que haga ahora. Ella siempre va a recordar a sus padres y sus hermanos y es una desgracia horrible. Pero si es una niña que ahora es cuidada por otros familiares, apoyada en el colegio y eso, pues a lo mejor puede salir incluso fortalecida.

P.- Sí, sí, claro que sí. Pues María, muchísimas gracias por haber venido. No sé si quieres decir un último consejo a nuestros espectadores.

R.- Pues lo único que diría es agradecerte este rato y que trabajemos un poco en cuidar nuestra salud mental, igual que lo hacemos con la física, con la mente también.

P.- A mí me has dado seis obligaciones físicas y dos para los sentimientos.

R.- Estoy segura que era lo mismo que les enseñaste a tus hijos.

P.- Pues no sé si a mis hijos les dije que tenían que estar en silencio…

R.- Dormir, comer, descansar… «Idos a vuestro cuarto y estad tranquilos un rato». Eso sí se lo dirías. También les decías que tenían que compartir con un amigo, y les enseñabas a lo mejor el sentido de la vida. A lo mejor les enseñabas, no sé, a rezar o cosas así desde bien pequeños.

P.- Eso sí. Bien, pues muchísimas gracias. Gracias a ustedes por haber estado atentos a esto tan importante.

R.- Muchas gracias.

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