The Objective
España

José Luis Ábalos consiguió ocultar a la UCO un pendrive durante el registro de su casa

Su amiga Anaís asegura que detrás de la televisión de la habitación había un pendrive azul y negro que no fue incautado

El 10 de junio de 2025, la tranquilidad de la vivienda de José Luis Ábalos en Valencia se rompió con la llegada de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. Según ha podido confirmar THE OBJECTIVE, Ábalos no solo intentó obstruir la labor policial, sino que logró con éxito poner a buen recaudo información que considera vital para su supervivencia política y judicial. El exministro de Transportes no temía solo por los indicios de corrupción económica que la Guardia Civil rastreaba en sus dispositivos; su verdadera angustia residía en el contenido de una memoria externa que guardaba celosamente. Se trata de información «muy, muy sensible» sobre el PSOE y los años en los que Ábalos gobernó el partido con mano de hierro como secretario de Organización. Una parte de esos datos, que comprometerían la estabilidad de los cimientos de la formación socialista, fue ocultada con éxito a los investigadores y, por extensión, al propio partido, según asegura Anaís D. G., amiga presente en el momento del registro.

«Esconde esto»

La escena clave ocurrió en el pasillo de la vivienda. Anaís D. G., la mujer que se encontraba en el domicilio en ese momento, relata el estado de shock en el que se vio envuelta: «Cuando llegó la UCO yo estaba durmiendo, me despertó Ábalos y me encontré con la policía». En medio del caos, con una abogada amiga de su antiguo letrado presente y los agentes desplegados por las habitaciones, Ábalos interceptó a Anaís cuando esta intentaba ir a desayunar.

«Me vino con un disco duro y estaba toda la policía por ahí y me lo dio y me lo escondí», confiesa Anaís. La desesperación del exministro era tal que, en un movimiento arriesgado y tosco, le pidió que ocultara el dispositivo en sus partes íntimas para asegurar que no saliera de allí. «Yo llevaba las mallas y se me notaba. Vieron a Ábalos dármelo», explica la testigo, detallando cómo la policía finalmente detectó ese movimiento y le retiró un disco duro antes de que saliera a pasear al perro acompañada por un agente. Sin embargo, esa maniobra, que terminó con la incautación del dispositivo, permitió que otro dispositivo de memoria (un pendrive) no fuera detectado por los agentes durante el registro inicial.

Según asegura la entrevistada, había un disco duro azul y negro detrás de la televisión de la habitación del exministro. En alguna ocasión lo conectó a la televisión y vio que contenía carpetas denominadas «Mis archivos». Mientras la UCO centraba su atención en las mallas de Anaís y en los dispositivos visibles, Ábalos conseguía que información clave permaneciera fuera del alcance de la justicia.

El botín digital de la UCO: 34 dispositivos

A pesar del éxito parcial de Ábalos al ocultar material, la UCO no se fue de vacío. Los agentes lograron incautar un total de 34 evidencias digitales. Entre el material intervenido se encuentran discos duros, memorias, tarjetas SIM y varias libretas de anotaciones personales. Además, la policía judicial procedió al clonado de tres teléfonos móviles allí mismo, buscando rastros de las comunicaciones del exministro con el resto de la trama.

Uno de los elementos que más interés despertó en los investigadores fue un USB que portaba la inscripción de Fiadelso, la fundación sin ánimo de lucro vinculada al exministro. Aunque Ábalos ha intentado restar importancia a estos hallazgos ante el juez del Tribunal Supremo, Leopoldo Puente, asegurando que solo contienen «información personal y parlamentaria», la realidad que describen quienes presenciaron su nerviosismo es muy distinta.

Las llamadas a Caracas

La desesperación por proteger estos archivos digitales coincide con una frenética actividad de comunicaciones que Ábalos mantuvo hasta 48 horas antes de su ingreso en la prisión de Soto del Real. Anaís revela que, en las semanas previas a perder la libertad, el exministro se refugiaba en un «triángulo de hierro» formado por su hijo Víctor Ábalos, su asesor Koldo García y su asistente René. «Hablaba constantemente con Koldo por teléfono», relata Anaís, describiendo a un Ábalos acorralado que utilizaba un ordenador portátil de su hijo para evitar los dispositivos clonados por la UCO. Fue desde ese equipo desde donde se produjo la polémica videollamada con Delcy Rodríguez, en la que se trató una supuesta transferencia económica que el exministro debía realizar a la dirigente venezolana.

Esta conexión con Venezuela, sumada al manejo de grandes cantidades de dinero en efectivo que Ábalos guardaba en una carterita rosa dentro de su mochila de piel, dibuja el perfil de un dirigente que operaba al margen de los canales oficiales. Según Anaís, el exministro «siempre llevaba mucho efectivo», billetes de 200 y 500 euros con los que incluso pagó las reformas de su bajo en Valencia. El distanciamiento entre Anaís y Ábalos tras el registro duró apenas dos meses. El miedo a las repercusiones legales por haber intentado ocultar pruebas bajo su ropa pesó inicialmente sobre la mujer, pero la insistencia del exministro terminó por retomar el vínculo hasta dos días antes de su entrada en prisión.

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