El ‘informe Jáudenes’ ve la luz: los espías señalan a Armada como el 'Elefante blanco'
Varios guardias civiles asaltantes revelaron a agentes del Cesid que Armada era «el jefe de la conspiración»

El general Alfonso Armada al día siguiente del 23-F.
El llamado informe Jáudenes que el Centro Superior de Información para la Defensa (Cesid) elaboró tras el golpe del 23-F vio la luz este miércoles. Sus 40 páginas eran uno de los grandes secretos que seguían sin conocerse, ya que lo redactó el servicio de inteligencia tras entrevistar al comandante José Luis Cortina y a siete de sus hombres de la Agrupación de Operaciones y Medios Especiales (AOME) que tuvieron algún papel en el desarrollo del golpe o en las horas siguientes en tareas de vigilancia.
La principal novedad del informe Jáudenes es que dos agentes que estuvieron dentro del Congreso de los Diputados en las horas posteriores al golpe señalaron esa misma noche que varios de los oficiales de la Guardia Civil, que habían acompañado al teniente coronel Antonio Tejero al interior del hemiciclo, les confesaron que «el jefe de la conspiración es el general Armada». El segundo jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra era, por tanto, el enigmático Elefante blanco del que luego se habló en el consejo de guerra. La figura castrense que iba a dirigir un Gobierno de concentración tutelado por los militares.
Los testigos de la confesión de los guardias civiles que habían asaltado el Congreso fueron los capitanes Camacho y Armada, dos agentes del Cesid, quienes fueron al hotel Palace a las 02.30 por orden de Cortina cuando ya se habían calmado los ánimos tras el discurso del rey Juan Carlos por la televisión.
«A la vista de la permeabilidad de los cordones, entran en el Congreso donde hablan con varios Oficiales asaltantes, que les dicen que el jefe de la conspiración es el general Armada. Van a la Central a dar cuenta y luego al Grupo Técnico de Apoyo y Coordinación, donde relatan lo mismo», dejó por escrito el teniente coronel Juan Jáudenes en abril de 1981.

Cortina era el oficial del Cesid que desempeñaba la jefatura de la Agrupación de Operaciones y Medios Especiales (AOME), el jefe de los servicios operativos del servicio secreto. Según reveló el periodista José Oneto en su libro 23-F La historia no contada, se le consideró entre los militares el «hombre de campo», en la jerga de los servicios de inteligencia, que se encargó de coordinar el golpe. Sin embargo, quedó absuelto en el posterior juicio.
El Cesid creó a finales de 1980, dos meses antes de la asonada, una unidad especial para ayudar al teniente coronel Antonio Tejero en los preparativos del golpe, un grupo conocido con las siglas SEA (Sección Especial de Agentes), que dependía directamente de Cortina y del segundo jefe, el capitán Francisco García Almenta. La sede clandestina de los agentes de la SEA estaba situada en un inmueble del Paseo de la Castellana, muy cerca de la Plaza Castilla.
La labor de los hombres de la SEA, en unos momentos de descontrol total en los servicios secretos, cuyo director —el general Narciso Carreras— solo llevaba unos meses al frente de la Casa, fue fundamental para el asalto del Congreso. En este sentido, hubo coches del Cesid con matrículas falsas que guiaron la caravana de Tejero y se utilizaron teléfonos del servicio secreto. Los sargentos Rafael Monge, Miguel Sales y José Moya tuvieron controlados en todo momento los movimientos de tropas alrededor de la Cámara Baja.
En el juicio solo fue condenado a una pena muy leve el capitán Vicente Gómez Iglesias, uno de los hombres de Cortina. Este último salió absuelto. El propio Jáudenes advirtió a sus superiores del Cesid en abril de aquel convulso 1981 de la «prolongada tensión» por la que habían pasado los entrevistados, todos miembros de la AOME que estaban en el punto de mira por su presunta connivencia con los golpistas. «La delicada naturaleza del tema de la AOME investigada ha obligado a realizar la información con la mínima discreción posible, limitando el número de declaraciones al mínimo indispensable y no recurriendo a la búsqueda de pruebas documentadas tales que hubiera convocado [sic] un indudable revuelo la posible trascendencia al exterior», señaló sobre sus pesquisas.
Varios agentes de la AOME sabían de la inminencia del golpe militar. Tres días antes del asalto al Congreso de los Diputados, la mano derecha de Cortina habló por teléfono con el comandante Marquina y le avisó de que estuviera atento «a los próximos acontecimientos». Además, Gómez Iglesias estaba realizando un curso de tráfico en el Parque de Automóviles desde el que salió Tejero con sus guardias civiles. Aunque no asistió a la clase de aquel 23-F con la excusa de «haber tenido un cólico nefrítico», sí que estuvo físicamente en dicho lugar «vestido de paisano» hasta poco después de que los autobuses enfilasen hacia la Cámara Baja.
Todos los espías del Cesid entrevistados por Jáudenes manifestaron «no haber tenido ninguna noticia previa sobre el golpe, ni por lo que se refiere a actividades internas de la AOME, ni a actividades ajenas a la misma». No obstante, el cabo Rafael Monge le hizo una serie de «confidencias» al sargento Parra en la tarde del 23-F cuando se dirigían a la sede clandestina de AOME tras haber estado en la zona del Congreso. «Le cuenta que él y el sargento Miguel lo sabían desde la semana anterior por el capitán García-Almenta», se subraya en el informe.
Apenas cinco semanas después de la asonada y basándose únicamente en sus entrevistas, el investigador del Cesid admite que «de todo lo expuesto no puede deducirse con certeza ninguna participación de personal de la AOME» tanto en la preparación como en la ejecución del fallido golpe del 23-F. El único dato que avala las sospechas de la implicación de los servicios secretos son las manifestaciones del cabo Monge, «que indudablemente existieron» y que dejan «un cierto margen de duda razonable a la posibilidad de que sea cierta la versión que él facilita, aunque ésta implique una ligereza impropia de un profesional de su categoría, ligereza agravada con el hecho de haberse repetido incluso ante el directivo capitán Rubio».
«Seria situación de división interna»
Sobre Cortina y su número dos en la AOME, las actuaciones de ambos «aparecen como objetivamente correctas», aunque Jáudenes se cuidó en salud. «Si bien algún detalle concreto puede ser opinable, no deben perderse de vista las circunstancias en que se produjeron», justifica el autor del informe. Eso sí, la situación interna dentro de esta unidad tan sensible y crítica de los servicios secretos era la peor de las posibles.
«Debe destacarse la seria situación de división interna y tensión detectada entre los diversos mandos de la AOME. A los diferentes motivos de tensión y división existentes desde tiempo atrás […] se une ahora la división de tipo ideológico, o más bien de grado de aceptación del Sistema, reflejo de la existente en Fuerzas Armadas y Fuerzas de Seguridad del Estado, más la tensión derivada de todo lo ocurrido en los días 23 y 24 de febrero, que se ha traducido incluso en amenazas indirectas o veladas a algunos de los miembros de la AOME», resaltó Jáudenes.
Este último hizo hincapié en la «aparente pérdida de confianza» de algunos mandos de la AOME en el comandante Cortina, cuya prueba más evidente es «la tramitación irregular de su denuncia» unas semanas después del golpe. «Se estima que todo ello crea una delicada situación en la AOME, agravada por la especial naturaleza de ésta», concluyó el mando del Cesid.

