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El Gobierno ordena «perfil bajo» con la estatua de Colón que Trump colocó en la Casa Blanca

Exteriores dispuso que la embajada española en Washington guardase silencio ante la iniciativa del mandatario

El Gobierno ordena «perfil bajo» con la estatua de Colón que Trump colocó en la Casa Blanca

Estatua de Cristobal Colón instalada por Trump en la Casa Blanca. | Kylie Cooper (Reuters)

El Gobierno español se ha desentendido por completo de la colocación de la nueva estatua de Cristóbal Colón en la Casa Blanca. La embajada española en Washington ordenó a sus funcionarios mantener un «perfil bajo» y no hacer comentarios ante la inauguración de la obra junto al edificio Eisenhower. Tampoco ha habido ningún agradecimiento a Donald Trump o la Administración norteamericana en sus redes sociales por indicación del Ministerio de Asuntos Exteriores, según revelan fuentes diplomáticas a THE OBJECTIVE.

La estatua en mármol dedicada al navegante de origen genovés, ahora colocada en los terrenos de la Casa Blanca, es una reconstrucción de una inaugurada en la ciudad de Baltimore en 1984 y que un grupo de manifestantes derribó en 2020 durante las protestas de Black Lives Matter por la muerte de George Floyd. La imagen de Colón expresaba, a ojos de los mencionados manifestantes, una continuidad de la opresión que algunas comunidades han padecido en el país. Tras la acción iconoclasta, los restos de la estatua acabaron en un canal de Baltimore, pero un grupo de italoamericanos de la citada ciudad guardó las piezas de la obra hace seis años y la Administración Trump se comprometió luego a reconstruirla.

El presidente de EEUU reivindica el legado de Colón desde su regreso al poder, en un intento por fidelizar el voto de los italoamericanos, de quienes Trump espera que «recuerden» su esfuerzo para rescatar la memoria del conquistador. La Administración republicana ofreció también a España que se implicase en el proyecto, pero el Gobierno de Sánchez evitó hacerlo, subrayan las citadas fuentes.

«En esta Casa Blanca, Cristóbal Colón es un héroe», señaló Davis Ingle, uno de los portavoces de la residencia oficial del presidente, emulando la célebre frase de Tony Soprano, cuando anunció la rehabilitación de la obra. Por ello, dejó claro que el navegante que descubrió América en nombre de los Reyes Católicos «seguirá siendo tratado como tal por el presidente Trump».

Desde su vuelta a la Casa Blanca, el presidente estadounidense ha incorporado a su narrativa una defensa férrea de Cristóbal Colón, en contrapartida a la posición que adoptó sobre él el Partido Demócrata, que pasó a denostar la figura del navegante al considerarlo como precursor de la opresión que padecieron algunos grupos poblacionales de EEUU, así como un «genocida» de los pueblos precolombinos.

Trump recuperó además el Día de Colón, conocido como Columbus Day y que se celebra el 12 de octubre, que desde la presidencia de Joe Biden se venía celebrando paralelamente con otra conmemoración —el Día de los Pueblos Indígenas, festividad que el republicano eliminó del calendario oficial tras su regreso al Despacho Oval—. «Los demócratas han hecho todo lo posible para destruir a Cristóbal Colón, su reputación, y a todos los italianos que tanto lo quieren», aseguró el líder de EEUU el día de su reinstauración.

Los 250 años de independencia

Estados Unidos prepara este año, además, una conmemoración histórica de alcance global por los 250 años de su independencia, pero el Ejecutivo español ha optado desde el principio por desmarcarse todo lo posible de la efeméride. Una posición que contrasta con el reconocimiento creciente en Washington del papel decisivo que tuvo España en aquella gesta. En pleno año simbólico para la relación atlántica, Madrid da muestras de estar más preocupado por su cruzada ideológica contra la hispanidad y el trumpismo que por reivindicar la huella española en el nacimiento de la república norteamericana. 

La propia embajada de Estados Unidos en Madrid lo dejó negro sobre blanco a principios de este 2026: «Hace 250 años, el camino hacia la independencia de Estados Unidos no se recorrió en solitario. España fue un socio clave y un aliado decisivo», difundió en sus redes sociales. No fue una concesión retórica. Se citaron nombres, hechos y escenarios: el conde de Aranda, Diego de Gardoqui —primer representante español ante el Congreso Continental—, Juan de Miralles y, sobre todo, Bernardo de Gálvez, cuya ofensiva en el golfo debilitó decisivamente al Imperio británico.

El programa estadounidense, bajo el sello «Freedom 250», incluye actos centrales en Filadelfia y Nueva York en julio de 2026, celebraciones en el monte Vernon organizadas por el Departamento de Estado, conmemoraciones en San Agustín (Florida) y la evocación de Yorktown. La narrativa fundacional incorpora explícitamente la dimensión internacional del conflicto.

Frente a esa ambición, la agenda española en Estados Unidos se limita a pequeñas colaboraciones culturales, actos sectoriales y presencia simbólica: el buque escuela Juan Sebastián de Elcano en Sail250, apoyo a museos, piezas teatrales, jornadas gastronómicas y la participación de cuatro cazas españoles en el desfile del 4 de julio. Presencia, sí; liderazgo político, no, se quejan las citadas fuentes. El trasfondo es político. Desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, el Ejecutivo español se ha alineado con la izquierda global en una campaña de confrontación ideológica constante. Las declaraciones, los gestos y la retórica oficial han colocado a España en la vanguardia del bloque crítico con el presidente estadounidense.

Pero una cosa es la discrepancia política y otra la gestión estratégica de una efeméride histórica. Estados Unidos no es Trump, recordaron varios diplomáticos consultados por este diario en febrero. La independencia de 1776 no pertenece a un partido ni a una Administración concreta. Sin embargo, la narrativa oficial española parece condicionada por la batalla cultural interna, advirtió uno de ellos.

La comparación con otras conmemoraciones recientes resulta inevitable. En 2022, los 500 años de la primera vuelta al mundo culminada por Juan Sebastián de Elcano, una de las mayores hazañas de la historia universal, pasaron sin una apuesta institucional acorde a su magnitud. Y no fue un caso aislado. Otras fechas clave del legado histórico español, como el centenario del desembarco de Alhucemas, tampoco contaron con el respaldo del Ejecutivo.

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