The Objective
Andalucía

Una asociación de Huelva recauda fondos para repatriar a un temporero de Mali

La falta de recursos y la complejidad burocrática obligan a la comunidad migrante a organizar una colecta solidaria

Una asociación de Huelva recauda fondos para repatriar a un temporero de Mali

Imagen de archivo de invernaderos en Andalucía. | Marian León (Europa Press)

Un nuevo fallecimiento en el campo onubense ha puesto de relieve la vulnerabilidad de los trabajadores temporeros ante situaciones de deceso. La Asociación Maliense de Mazagón (Amama) ha puesto en marcha una colecta solidaria para poder repatriar a Mali los restos mortales de Sidibe Siriba, fallecido recientemente tras una enfermedad grave, con el objetivo de que pueda ser enterrado junto a su familia.

La iniciativa surge ante la imposibilidad de los familiares de afrontar los costes que implica un traslado internacional de estas características. Según ha podido conocer este medio, la repatriación de un fallecido fuera de la Unión Europea es un proceso complejo, sometido a una estricta normativa sanitaria y consular, que conlleva un desembolso económico elevado. En ausencia de un seguro de decesos —una situación habitual entre trabajadores temporeros—, la única alternativa pasa por la ayuda colectiva.

Desde la asociación explican que el objetivo es reunir los fondos imprescindibles para completar todos los trámites y garantizar una despedida acorde a las tradiciones de su país de origen. La recaudación se canaliza a través de una cuenta bancaria y mediante la difusión del llamamiento, con el compromiso de gestionar los fondos con transparencia.

Un proceso largo y costoso

La repatriación de restos mortales no es un traslado ordinario. La legislación española exige una serie de requisitos sanitarios y administrativos que encarecen notablemente el procedimiento. Entre ellos se encuentran la preparación del cuerpo mediante técnicas de conservación específicas, el uso de féretros homologados para transporte aéreo internacional y la obtención de certificados oficiales y salvoconductos emitidos por el consulado del país de destino.

A ello se suma la logística aérea, que depende de rutas limitadas y de tarifas especiales aplicadas al transporte funerario. Fuentes del sector sitúan el coste total de una repatriación a países del África subsahariana en una horquilla que puede oscilar entre varios miles de euros, una cifra inasumible para muchas familias vinculadas al trabajo agrícola estacional.

Este tipo de situaciones suele prolongarse durante semanas, hasta que se consigue reunir el dinero necesario. En ese tiempo, el fallecido permanece en territorio español, a la espera de que los trámites puedan completarse.

Los promotores de la iniciativa

La Asociación Maliense de Mazagón es una entidad formada por personas migrantes africanas asentadas en el entorno de Mazagón, Palos de la Frontera y Moguer. Su trabajo se centra en la defensa de derechos y en la inclusión social de un colectivo que, especialmente durante la campaña de los frutos rojos, se encuentra expuesto a situaciones de vulnerabilidad.

Entre sus líneas de actuación se encuentran el asesoramiento jurídico, las clases de español, el acompañamiento en trámites administrativos y la creación de espacios comunitarios que refuercen la convivencia y visibilicen la cultura africana en los núcleos urbanos, alejándola de la marginalidad de fincas o asentamientos informales. Este caso, señalan desde el entorno asociativo, no es una excepción, sino una de las consecuencias más duras de la precariedad estructural que afecta a muchos temporeros.

Un contexto más amplio

La comunidad maliense forma parte esencial de la mano de obra que sostiene la agricultura intensiva en Huelva, especialmente en la recolección de frutos rojos. Junto a trabajadores procedentes de Marruecos o Senegal, su presencia es clave cada campaña, aunque las condiciones de vida y la situación administrativa siguen siendo, en muchos casos, inestables.

En los últimos años, administraciones, organizaciones agrarias y entidades sociales han impulsado programas de contratación regular y alojamiento digno, así como planes para erradicar los asentamientos chabolistas que persisten en distintos municipios de la provincia. Aun así, la realidad sigue marcada por la temporalidad, la rotación constante de población y la falta de redes de protección básicas, como los seguros funerarios.

La muerte de Sidibe Siriba vuelve a poner el foco en esa cara menos visible del campo onubense. Según ha podido saber THE OBJECTIVE, no es la primera vez que asociaciones de este tipo deben recurrir a colectas para afrontar una repatriación, una práctica que se ha convertido en la última red de seguridad para muchos trabajadores migrantes.

Publicidad