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Comunidad Valenciana

Diana Morant no logra salir del anonimato: sólo un 33% de los españoles sabe quién es

Ni la crisis de la dana ni la caída de Mazón compensan el desgaste del Gobierno de Sánchez que arrastra su figura

Diana Morant no logra salir del anonimato: sólo un 33% de los españoles sabe quién es

Diana Morant, el pasado 29 de diciembre en Valencia | Jorge Gil (EP)

La ministra de Ciencia y líder de los socialistas valencianos (PSPV-PSOE), Diana Morant, no consigue despegar ante la opinión pública. Ni la crisis política valenciana desatada por la dana, ni la dimisión de Carlos Mazón, ni su doble condición de integrante del Consejo de Ministros y secretaria general del PSOE valenciano han servido para elevar su proyección entre la ciudadanía. Sólo un 33,4% de los españoles dice saber quién es. Un porcentaje tan reducido que cuestiona los planes de los socialistas para situarla como referente electoral y proyectarla como previsible cabeza de lista en las elecciones autonómicas previstas para dentro de menos de año y medio.

El dato procede del último barómetro del CIS, correspondiente a este mes de enero, y supone, no obstante, el registro más alto de Morant en el último año. Sin embargo, incluso en su mejor momento, dos de cada tres ciudadanos afirman no conocerla, una cifra que contrasta con el nivel de exposición política que ha acumulado durante 2025.

Impulso nulo de visibilidad

El último año ha colocado a la dirigente socialista en el centro de algunos de los episodios más delicados de la política autonómica. Tras la dana, Morant fue una de las voces más activas de los socialistas en la exigencia de responsabilidades políticas y en la crítica a la gestión del gobierno del PP. Su discurso vinculó de forma directa la crisis con la necesidad de un relevo político en la Generalitat. Ese desgaste institucional culminó con la dimisión de Carlos Mazón hace más de dos meses, un momento que reordenó el tablero autonómico hasta la llegada del actual presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca.

Durante dicho periodo, la secretaria general de los socialistas valencianos asumió un papel de oposición frontal, con presencia mediática constante y una estrategia orientada a situar al socialismo valenciano como alternativa a Mazón. A esa línea se sumaron sus peticiones de convocatoria anticipada de elecciones con el mensaje de «queremos votar» y su presencia casi continua en tierras valencianas como ministra para tratar de colar el argumentario socialista sobre la gestión de la dana.

El contexto, por tanto, reunía todos los ingredientes para un salto en notoriedad: crisis institucional, relevo en la presidencia de la Generalitat y liderazgo orgánico de la principal fuerza de la oposición. Sin embargo, todos estos factores no tuvieron un impacto equivalente en la opinión pública que sirvieran para impulsarla. Ni siquiera los sondeos electorales publicados en el último año dejan en buen lugar las aspiraciones socialistas de volver al poder en la Comunidad Valenciana.

Peso orgánico, proyección limitada

Su figura aparece estrechamente asociada a la dirección federal del PSOE y al liderazgo de Pedro Sánchez. Esa proximidad le ha proporcionado respaldo orgánico y presencia institucional, pero también ha consolidado una imagen muy vinculada a Ferraz, menos anclada en un perfil político propio diferenciado. En un momento de desgaste del Gobierno por los escándalos de corrupción, esa identificación no ha actuado necesariamente como palanca de crecimiento en notoriedad.

A ello se añaden las turbulencias internas en el socialismo valenciano. La sombra de quien fuera mano derecha de Sánchez, ministro y secretario de Organización socialista, José Luis Ábalos, sigue siendo alargada entre alcaldes y dirigentes de peso del PSPV. La estrategia de Ferraz de apoyarse en Morant para cerrar la etapa política vinculada al exministro en el territorio que lo vio crecer ha provocado tensiones en distintos niveles del partido.

Uno de los episodios más recientes se produjo con el alcalde de Almussafes, Toni González, señalado por presunto acoso sexual y laboral, y conocida su cercanía a Ábalos. El intento de apartarlo de responsabilidades orgánicas derivó en un pulso interno que alcanzó también al secretario general provincial de Valencia, Carlos Fernández Bielsa, con quien la relación política ha sido fría desde los movimientos de la dirección federal para decidir el liderazgo en la provincia con mayor número de militantes.

Las comparaciones dentro del partido también han estado presentes. La delegada del Gobierno, Pilar Bernabé, ha mantenido una actividad pública constante en asuntos de gestión estatal en la Comunidad Valenciana, especialmente en su relación con las plataformas de víctimas de la dana. Esa presencia ha alimentado lecturas sobre estilos y visibilidad. Mientras Bernabé ha proyectado un perfil centrado en la gestión institucional, Morant ha asumido un rol más orgánico y político, pero sin que ello se haya traducido en un mayor reconocimiento ciudadano.

La evolución que muestra el CIS sí refleja un avance progresivo. En enero de 2025, Morant era conocida por menos de una cuarta parte de los españoles. A lo largo del año superó el 30% y ahora en enero ha alcanzado su máximo. La subida es clara, cercana a nueve puntos en doce meses, pero parte de niveles bajos y no modifica su posición relativa dentro del Gobierno, donde otros ministros presentan grados de conocimiento muy superiores.

El resultado dibuja la paradoja de una dirigente con peso institucional, liderazgo orgánico y presencia constante en los principales frentes políticos valencianos, pero cuya imagen no termina de fijarse entre el conjunto del electorado. Tras un año marcado por la crisis, el relevo en la Generalitat y una fuerte actividad política, los datos del CIS reflejan que Diana Morant ha ganado visibilidad, pero sigue lejos de convertirse en un rostro ampliamente reconocido por los votantes.

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